Gaia coloca en un pequeño bol una generosa cantidad de frutillas, tras tomar una cuchara coloca sobre las mismas crema tan blanca como la nieve acumulada fuera y con una sonrisa de oreja a oreja se dispone a tomar asiento en la modesta isla de la cocina; balanceando sus piecitos mientras lleva los bocados a su boca y disfruta el recién descubierto manjar como si de algo enviado por los dioses se tratara. ― ¿Qué haces? ― Vladimir entra en la cocina observándola con curiosidad. ― Comiendo, una delicia humana ― sonríe con los cachetes inflados por las frutillas dentro de su boca. ― ¿Es un dedo? ― pregunta emocionado. ― No en ese sentido ― rueda los ojos ― Frutillas con crema, ¿Quieres probar? ― No ― responde sentándose frente a ella. Los ojos de la niña se desvían haci

