Vittoria Cuando decidieron separarnos, no lo hicieron por estrategia. Lo hicieron por miedo. Lo supe por la forma en que el hombre de barba hablaba demasiado y por cómo Sergio no podía sostenerme la mirada. El modo en que miraban las bridas de plástico, hacía parecer que el problema eran ellas, y no los niños que tenían enfrente. También lo supe por el sonido que hizo Marcello cuando la brida se abrió a mitad de la rotura, un chasquido seco que no fue fuerte, pero sí notorio. Augusto fue el primero en moverse. Marcello fue el que lo intentó. Damiano se quedó quieto, esperando el momento para decirme la estrategia que sabía que tenía en mente. Yo no hice nada. Me quedé sentada, con las piernas cruzadas, mirando el piso como si la única preocupación de mi vida fuera una mancha de ace

