Capítulo 37

1575 Palabras

Valentina El lugar donde Gennaro Esposito hacía sus reuniones no tenía nada de extraordinario, y precisamente por eso funcionaba. No era una mansión con lámparas caras ni una sala blindada con mármol y escoltas visibles. Era un depósito disfrazado de taller, con olor a aceite quemado, metal caliente y tabaco rancio. Las paredes estaban manchadas por el humo acumulado de años y el techo crujía con cada vibración lejana de la ciudad. Todo era ordinario, pero yo no lo era. La máscara negra me cubría el rostro, recortando la mirada con líneas elegantes que me convertían en un símbolo. La Pantera no necesitaba expresiones, porque el miedo ya hacía ese trabajo por ella. Permanecí de pie, inmóvil, con los brazos relajados a los lados, como si no tuviera nada que demostrar. Antoni, en cambi

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