Después de una espectacular noche regresamos a la casa Freeman por la mañana, Sarita nos recibió con una enorme sonrisa. –Al fin aparecen los perdidos. –¿Alguna novedad, Sarita? –le preguntó Warren. –No, mi niño, yo me encargué de todo –sonrió. –Gracias, puedes preparar el desayuno, me muero de hambre. –Perdido y con hambre –bromeó –. Qué barbaridad. –Yo te ayudo, Sarita –le propuse porque yo también tenía hambre, habíamos salido temprano de la casita por si Michelle estaba despierta –. Así terminamos pronto. Fui a la cocina y la ayudé con la comida cuando Hilary no tardó en aparecer con Michelle, parece que se despertó temprano. –¡Pala atón! –gritó y se apresuró a abrazarme. –Hola princesa, ¿cómo estás? Ella se sujetó a mi cuello con fuerza, seguramente me extrañó, al s

