El calor de Panamá a las 2 a.m. no debería de sentirse de esta manera. No debería de sentirse como la misma culpa pegándose a la piel.
Estaba de pie frente al edificio Volkov Industries. 50 pisos de puro piso n***o que cortaban el cielo, sin luces, sin vida, tan solo un guardia en la entrada y tres cámaras girando cada 8 segundos.
Steph respiró hasta contar 4. Era la técnica de Lane “Inhala, retén, suelta”
Su nombre falso pesaba en la credencial: Steph Carter. Analista de riesgo contratada hace tres días.
Tres días infiltrada y aun no lo había visto.
Ivan Volkovich, el mismo hombre que creyó muerto, el mismo hombre que ella misma vio saltar hace tres años en Mónaco y juró que estaba en el fondo del mar.
Su teléfono vibró, un mensaje de Lane:
— ¿Posición? —cuestionó.
—En la puerta, espero el turno nocturno—respondió.
—Recuerda la regla: No te acerques, solo observa y reporta—le recordó Lane.
—Entendido—mintió. Porque la segunda regla del manual era: Si tienes la oportunidad de acercarte hazlo.
El guardia la escaneó.
—Señorita Carter, piso 22, Oficina de reportes—le informó.
—Gracias—su voz no tembló ni siquiera por un instante. Había pasado en entrenamiento durante largo 6 años para ese momento
El ascensor subió en silencio. Cada piso era como un golpe en el pecho para Steph. Piso 10,20 y finalmente piso 22, las oficinas se encontraban vacías; tan solo el zumbido del aire acondicionad y el olor a café frío inundaban el lugar. Se sentó en su cubículo, abrió el portátil y esperó.