Liora Estaba deliciosamente adolorida cuando desperté, y más cómoda de lo que jamás había estado en mi vida, envuelta en un par de brazos grandes y fuertes que olían tentadoramente a canela. Su aroma era todo especias cálidas esta mañana tras nuestra primera vez, y eso me hacía ridículamente feliz. La forma en que se había dejado ir y confiado en mí para manejar todo de él, el lobo y el hombre. Me había amado sin restricciones, sin guardarse nada. Y hoy, tendría que envolverme en cada segundo de eso como si fuera un manto para superar el funeral de su padre a su lado. Pero por ahora, quería deleitarme en el mejor resplandor posterior de mi vida. Cuando sintió que estaba despierta, la mano que había estado firmemente plantada en mis costillas comenzó a moverse, dejando un rastro de piel

