RAVEN La habitación quedó en silencio, solo los suaves sonidos de la respiración profunda y regular de Selene nos acompañaban, junto con el ocasional toque de Talia —la rubia habladora que era tan cercana como la sombra de mi pareja— haciendo algo en su teléfono. Cuando Selene dejó escapar un suspiro relajado y se giró boca abajo —completamente dormida ahora—, Talia dejó caer el teléfono junto con la actitud de desinterés que había estado mostrando. Sus ojos se alzaron de golpe, el azul habitual desvaneciéndose tras el brillo dorado intenso de su loba avanzando. No era falta de control, ni mucho menos. Era intencional, una muestra de fuerza. Sostuve su mirada, nunca dispuesto a retroceder ante un depredador. —Escucha, Peludo —dijo en un tono bajo y amenazante—. Te estoy tolerando porq

