Habían pasado varios días que no lo veía, era raro. Pero siempre miraba por la puerta, esperando que el entre. Un día me habían mandado a buscar unos sobres de café especial, de no sé qué. Cuando doble por una calle y lo ví, estaba parado con una sonrisa y con una chica muy bonita. Le Acarició la espalda, con cariño y cuidado. No entendí en ese momento, como algo en mi se destrozó. Mire sorprendida, mi reflejo: una niña con ojeras y lágrimas en los ojos me vió. Al llegar al café, Emma se acercó a mi con preocupación, al parecer me veía realmente mal. —¿Lu? —preguntó con cuidado. —Yo... el estaba tan feliz con ella, yo creo que me había acostumbrado a la idea de verlo aquí. Soy una tonta —bufé. — No... eres la mejor persona que conozco y talvez el tiene problemas que acomodar. — Si..

