Mientras me dirigía a la cafetería, no pude evitar ver de soslayo algunos de ellos que estaban en una de las mesas riéndose sin parar, codiandose de lo mucho que supuestamente sabían y de que los maestros mayor de obra no podrían hacer nada sin ello. Yo colteo los ojos, ante la completa estupidez que decian esos apuesto. Si los ponían a pegar un ladrillo, no podían hacerlo, pero bueno así era esta sociedad. Las personas se querían mucho por un título universitario, sin valorar lo que era la mano de obra. Cuándo se hizo en las 6 de la tarde en realidad era las 5:30, sabía que era tiempo de buscar a Julia. Entonces minutos más tarde, me encontraba frente a la casa y ella salía con un mentón de relleno de nosequé, de no sé para qué, y de cosas bastante extrañas. Yo no entendía, creo que el

