Stefano Bianchi: La cabaña era un refugio inesperado, un rincón apartado del mundo donde el dolor de mi herida parecía desvanecerse, al menos por un momento, al igual que el motivo y la causa principal por la que llegué a este lugar. Por primera vez en mi vida me cuestioné: ¿Qué tal si mi vida fuera otra? Lucía me dejó descansar, mientras ella seguía escribiendo su libro. No puedo negar que quise ser más hermético, siempre lo he sido, pero con ella parecía que mi lengua no tenía filtro, pues nunca en mi vida he hablado tanto con una persona, y mucho menos con una mujer. Las mujeres con las que trataba solían usar su boca conmigo, pero no precisamente para hablar. No puedo negar que cada vez Lucía me sorprendía más y más. Además de ser enfermera, tenía habilidades culinarias increíbles.

