6. Diavolo

1246 Palabras
Stefano Bianchi Al salir de aquella cabaña, pude sentir cómo el frío clima poco a poco congelaba mi corazón. Con mi mirada helada y mi rostro endurecido, vuelvo a ser “Il Diavolo”. Llego a la pista privada que tenemos y me coloco mis gafas de sol negras para ocultar el enrojecimiento que dejaron mis lágrimas en mis oscuros ojos. Mi jet me espera con mi más fiel servidor, Alessandro Mancini. —Todo está listo como ordenaste —me dice con seriedad, consciente de que no tolero los errores. —¿Alguien sabe que estuve aquí? —pregunto con cautela. —No, lo hemos ocultado. La prostituta a la que pagamos bien es tu coartada —me asegura. Eso me tranquiliza; siempre he cuidado que nadie se entere de Lucía. Abordamos el jet para regresar a Italia. Cuando estamos cómodos, frente a frente, la azafata de turno nos sirve un trago de grappa, un licor fuerte y masculino a base de uvas, frecuentemente servido entre las mafias italianas debido a su alto contenido de alcohol. Alessandro me pasa el iPad para revisar las últimas operaciones realizadas por el cartel. — ¿ hemos tenido conflicto alguno con la entrega del lote de armas?— preguntó concentrado en la información. — en lo absoluto, todo ha ido perfecto Stefano— — buen trabajo Alessandro— digo agradecido por su dedicación. Ya pudiste localizar a la persona me seguía y saber cuáles eran sus propósitos— preguntó —lo encontramos, es un espía de la familia Gambino, quería poner presión en ti para que aceptes unir a las dos mafias y aceptes casarte con su hija — me dice con tono serio. — ¿casarme?, están locos, ellos han sido enemigos de toda la vida de nosotros— digo en tono firme. — Stefano, ellos quieren que te cases con ella, para así eliminar la enemistad y unir Nueva York y Sicilia, darle fortaleza a cada uno de los clanes— trata de explicarme. — no lo acepto, nunca me casaré y lo sabes Alessandro — le digo con firmeza para que no piense que podrá manipularme. — piénsalo bien Stefano, solo así creceremos fortaleciendo a la Costa Nostra, seremos invencibles y los rusos no querrán atacarnos— — lo pensare — le digo. — ¿este espía pudo enviarles información a los Gambino?— preguntó conteniendo mis emociones. —lo detuvimos en el momento en que quería partir a Nueva York, está en una bodega con trato especial, hasta que llegaras— me dice haciéndome entender que no la tiene fácil el hombre. — quiero que al llegar primero vayamos a visitarlo— le digo, solo él sabe lo importante que es para mí ocultar a Lucía, el único con el que compartí mi secreto, él la única persona en la que confío. — Stefano, ¿vale tanto la pena arriesgar tu legado por amor? — me pregunta — no cruces los límites Alessandro, te aprecio y te quiero pero ella es el límite y lo sabes— retirándome las gafas lo miro con frialdad. — está bien, tú verás lo que haces— me dice. El resto del viaje nos la pasamos en silencio, yo lidiando con el dolor de haber terminado con mi Lucía. Cierro los ojos y las imágenes de la hermosa noche buena que vivimos juntos vienen a mi, al abrirlos suspiro pensando en ¿cómo estará ella? ¿Ya encontró mi carta y la leyó? ¿Estará de vuelta a España? Tantas preguntas sin respuestas, apenas son dos horas de esta ruptura y siento que ha sido una eternidad. El no dormir me está pasando factura, así que ligeramente en conjunto con el licor consumido, puedo sentir como mi cuerpo se va relajando hasta que me quedo dormido. Recordando en mi sueño, el día en que conocí al amor de mi vida. Yo tenía 30 años, fue una temporada difícil, algunos líderes de mafias rusas, americanas e incluso las mismas italianas estaban en desacuerdos porque era el líder más joven de una muy poderosa red, en uno de los enfrentamientos con estos enemigos, en Islandia un país en el que prácticamente tiene inmunidad. Uno de los fieles lacayos de un Vanya Morozov, pudo alcanzarme en mi lugar seguro, antes de que les diera aviso a sus superiores lo maté, pero en esa pelea salí un poco mal herido. Era en el mes de septiembre hace dos años, cuando llegue a Akureyri, escapando por frondosos bosques, debía agradecer que iniciaba el otoño, porque me ayudó a resistir dos días, sin comida apenas bebía agua en los ríos, pero mi herida aunque superficial ya estaba contaminándose, así fue como llegué a la desolada cabaña en la que una hermosa y joven escritora de 25 años estaba refugiada para poder inspirarse en sus nuevas obras. Cuando llegue a golpear su puerta sin tener más opción para pedir ayuda no esperé encontrarme con una hermosa mujer de 1,60metros, con un enorme saco rojo, con el cabello trenzado, algunos cabellos esparcidos en el rostro usando lentes, se veía hermosa en verdad creí que estaba muriendo y era un ángel que venía por mi, ¡ah! ¡Qué estupidez! Pensé ; pues ¿cómo vendría por mí un ángel ? Si yo era el mismo diablo. Por un momento la mire con frialdad, pero al ver su carita de duda suavise mi rostro, cuando la debilidad que mi cuerpo padecía comenzó a afectarme de manera gradual, antes de desmayarme apenas pude cruzar una palabra , por primera vez en mi vida dije: ¡sálvame! Y si existe un Dios, pues ese día fui cruelmente escuchado, porque aquella pequeña mujer, lo hizo, me salvó y salvó a mi podrida alma. Aún no tengo ni una jodida idea de cómo hizo para arrastrar a un hombre de casi dos metros de altura hacia el interior de la cabaña y colocarme en un sofá. Pensé que no existía la gente buena, es más no sabía cómo eran, solo puedo decir que al mirar sus ojos quería vivir, vivir para saber ¿ quién es?….. De pronto la voz del capitán de vuelo anuncia el pronto aterrizaje, lo que hace que mi subconsciente regrese a la realidad esa en la que ahora no está ella. Bajamos y lo primero que hacemos es ir a visitar al espía atrapado. Cuando llegamos a la bodega, lo miró atado a una silla, con el rostro golpeado, lentamente levanta su cabeza y está ahí mirándome, queriendo desafiarme, ¿acaso no sabe quién soy yo ? Me pregunto. No pierdo el tiempo y le hablo: — ¿Qué sabes de mi ?— le preguntó — lo suficientemente para saber que hay una mujer con la que te encuentras en Islandia— suficiente para alterar mis sentidos. Extiendo mi mano, para que me de el arma, pues yo no traigo la mía, porque cuando veo a Lucía dejo todo mi pasado. Apenas tengo el arma en mis manos el tipejo ese intenta suplicar por su vida. Disparo a su cabeza, todos piensan que es por una afrenta, pero en realidad es por mantener segura a mi escritora favorita, no quiero nunca que alguien siquiera la mire. — esta es una lección para quien quiere desafiarme— digo dándome la vuelta limpiando mis manos con un paño húmedo y saliendo como si nada hubiese pasado, ese soy yo, la versión oscura de la que aleje a mi ángel.
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