Las caricias, los besos, cada orgasmo, cada gemido, cada grito con el nombre de Vladimir, sentirlo de tantas formas, entregarse a él durante toda la noche, había sido lo mejor que le pasó desde que publicó su libro. Las miradas y sonrisas que se daban durante el desayuno fue tan notorio para todos que ninguno se atrevía a decir algo. — Me llevó a Vlad a dar una vuelta – dijo Jack – ¿Está bien? — Claro, llévatelo – le sonrió. – No le enseñes nada que yo no haría – le dio un guiño y se sonrieron. – Y a ti te veo más tarde – le dio un beso en la mejilla. — Espero no perderme – dijo Vladimir antes de subir al auto de Jack. – Nos vemos Em. Emma tuvo la oportunidad de ver a sus padres y ponerse al tanto de todo lo que había pasado, la nostalgia de volver a casa la invadió pero al ver todo su
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