Esas palabras egoístas resonaron dentro de él como un lápiz que se quiebra. El chico sin darse cuenta había caído en el efecto de prisionalización, donde el interno se adapta a los códigos de conducta de la cárcel y olvidaba el mundo real. Si dentro del reformatorio los criados eran propiedad de sus amos, el pecoso reflexionó que si él le pertenecía a Katsuki, Katsuki también debía pertenecerle. ¿No era lógico? La verdad es que había perdido un poco la brújula. Su obsesión retorcía su tierna personalidad y lo volvía posesivo, como si cualquier le quitaría el "objeto" que lo hacía olvidar que tenía un corazón roto. Sus celos incrementaba el efecto. Izuku ni siquiera pensó en lo que Katsuki querría. Se habían besado sin aclarar nada. Simplemente tomó eso como una puerta abierta. Además era

