Katsuki se tapó la boca con ambas manos. Antes de ponerse verde, soltó una arcada y evitó el vómito. Se cargaba una gran resaca. Izuku supuso que el momento era inoportuno. Volví a sospechar. —Deberías dejar de beber —comentó desaprobando sus hábitos. —¡Agh! ¡Primero Kirishima y ahora tú! Porqué les preocupa tanto. —Katsuki soltó con la migraña matando sus neuronas y la luz fastidiaba su vista —¡Deku, si dejara de beber tendría que abofetearte a diario ¿Eso es lo que quieres? No. Pero podrías abofetearme de otra manera. Izuku se puso colorado a sus sucios pensamientos y encogió de hombros. Entonces las campanadas de la iglesia sonaron. Katsuki se llevó las manos a las orejas y la úvula golpeando la campana de acero retumbó su cabeza como un martillo. -¡Ah! ¡Duelo! Katsuki sufri

