Capitulo 3

3232 Palabras
✿ Tres meses después. No había nadie en el viñedo. Izuku esperaba impaciente cerca de la reja de hierro que estaba en dirección a los dormitorios. La reja era alta y estrecha y se había dejado de usar hace siglos, los guardias no lo vigilaban porque el candado parecía estar soldado gracias a la corrosión, así que creían que era imposible que los internos pudieran abrirla. Estaban equivocados. Izuku se mantenía pegado a los barrotes que estaban cubiertos por enredaderas; por suerte aquel tono vegetal ayudó a que el chico de cabello de arbusto fuera un camaleón. De cualquier manera bajaba la cabeza por precaución por algún guardia que se le ocurriera pasar a la distancia. Llevaba tres horas esperando y esquivando guardias cuando en sus ojos verdes se reflejaba el sol de la mañana como una línea amarilla sobre las colinas, el cielo nocturno comenzaba a desaparecer y eso lo mantenía tenso. —Kacchan ¿Dónde estás? —chasqueó la boca y sus cejas se fruncieron ante la tardanza de su compañero de habitación. Izuku asomó la cabeza desde el portón y miró a ambos lados del camino. Cada vez que daba un vistazo y no había señales de él, estiraba los tirantes de su atuendo hasta el límite y los soltaba golpeándose así mismo. El estirar y soltar fue aumentando a la par de sus nervios. Pronto el sonido de látigo golpeando su pecho se mezcló al canto de los grillos y la brisa fría. —Porque siempre tardas —El chico protestó y dio otro tirón de pura preocupación, esta vez tan fuerte que estremeció sus pezones bajo su camisa blanca de botones. Sus aureolas se tiñeron de rojo. Escondido en las sombras azules de la madrugada, el adolescente insistió en jalar sus tirantes con mayor rapidez. El dolor no logró calmar su ansiedad. De nuevo miró nervioso el camino empedrado qué descendía de la colina y paranoico vio hacia atrás donde al fondo del sembradío se veía el edificio señorial que era el dormitorio. El edificio de tres pisos hecho de piedra caliza tenía múltiples ventanas en arco que seguían oscuras como las cuencas de un cráneo aún así sentía escalofríos imaginando una figura fantasmagórica en el cuadro. La desesperación de Izuku aumentó. El amanecer llegaría pronto y si algún interno imprudente se levantara y echara un vistazo a su ventana lo vería parado afuera de la reja mirando el camino. Y si fuera de soplón con el prefecto todo se jodería. Sí Monsieur Aizawa se asomara por la ventana para verificar la denuncia encontraría su menudo y tembloroso cuerpo como una escolta en el portón. —Kacchan —gruñó mientras el último azote provocó un gemido de dolor. Su pezón se levantó como una diminuta torre de carne situada alrededor de una aureola rojiza y su relieve era visible en su camisa. De inmediato sus mejillas se ruborizaron ante la sensación de ardor y excitación fuera de lugar. Dejó de latigarse y tomó un descanso de su masoquismo. Entonces sus ojos miraron sus zapatos negros cubiertos de tierra y su rostro perdió el gesto de ansiedad y se volvió melancólico. Encorvado y en silencio, maldijo el día en que arrojó una piedra a su amante. Si tan solo me hubiera detenido antes de besar a Todoroki, si no hubiera seguido a mi corazón como un loco… Si jamás hubiera amado a un hombre yo no estaría aquí… Entre su melancolía, Izuku aún se preguntaba cómo su padre, que era un simple administrador, negociaba con el juez para que no lo metiera a trabajos forzados en una cárcel común. Al juez se le convenció con un fajo de billetes y en lugar de una cárcel enviaba a los delincuentes a aquel privilegiado reformatorio para cumplir con su deuda a la sociedad. Algunos de los crímenes eran graves como el homicidio pero frecuentemente entraban por disturbios, actos sexuales en la vía pública, violación, agresión y daño a la propiedad. La mayoría eran aristócratas qué habían llegado al límite absurdo de sus actos criminales que ya era imposible sobornar a los testigos de sus delitos. En general el reformatorio era una cárcel para niños ricos e Izuku sabía que su familia no tenía ni los contactos como algunos burgueses que estaban ahí y menos tenían el suficiente dinero para pagarla, la única respuesta obvia era que su familia se había endeudado por su culpa. . El chico de pecas suspir y percibi el viento ingresando por debajo de su camisa desfajada; soltó un quejido por el aire rozando su irritación y llevó una mano a tocar sus pezones erectos y rojos sobre la tela. Sin razón, sus dedos acariciaron el alivio de sus pezones incrementando las sensaciones dolorosas y placenteras, de nuevo pensó en su compañero que tenía una horrible reputación y un comportamiento agresivo. Katsuki era desagradable pero tenía un físico asombroso. Solo de pensar en sus características malignas acompañadas de su belleza provocaron que intempestivamente Izuku apretara ambos pezones hasta soltar un chillido. —Kacchan… —volvió a decir su nombre, esta vez su voz sonaba enfadada por el inmenso retraso. Había sobrevivido tres meses sin recibir algún rasguño gracias a ser el compañero de Bakugou Katsuki. Nadie iba a meterse con un tipo que llamaban "La bestia del reformatorio". Pero que Izuku mantuviera su salud venía con la condición de ser una propiedad. Tan rápido como lo conoció, Izuku se convirtió en un esclavo y Katsuki era su amo. Y no era un amo justo y amable, lo trataba como un trapo con el cual podía agarrar y fregar el piso con él. —Ser un "trapo" se siente mejor que ser un amante. —Izuku comparó su nueva vida con la anterior. Mientras tanto sus pezones resaltaron sobre su camisa como si fuera el pecho de una chica cuando vio el resultado de sus acciones el pecho suspiró avergonzado de sí mismo —Soy una "cosa" para Kacchan. —reflexionó con verdad y pese al dolor de su pecho sonriendo —Al menos las “cosas” no tienen que sentir nada por nadie… ¿o sí? ──❀•❀── Luego de unos minutos donde el corazón latía angustiado, por fin el pecho vislumbró una carreta, con un viejo caballo encorvado, que daba tumbos por el camino. Era una carreta de granja en mal estado, el heno salía por los agujeros de la caja y un cacareo de gallina se oía revolotear. De pronto se oyó el sonido de las espuelas y el soltar del caballo que de inmediato el animal paró. En la caja venía el rubio tumbado sobre una pila de heno junto a las jaulas de las gallinas. —¡Agradezco el aventón, señor ! —El chico bajó tambaleando de la parte trasera con el cacareo de despedida de las aves. Su aspecto era desaliñado, vestía el uniforme escolar con el saco abierto, la camisa desfajada y los pantalones color marrón, los llevaba a la cadera con el largo arrastrándose en el piso; su cabello rubio de pinchos llevaba plumas atoradas, no usaba corbata y traía el pecho de la camisa semiabierto mostrando un chupetón en el cuello y una botella de chardonnay en la mano. La mirada verde de Izuku ardió en llamas, apretó un puño y ocultó sus impulsos de arrojar una piedra en su cabeza. Aunque parecía lo contrario, Izuku no había cambiado, seguía siendo el típico chico dulce y amable que no sabía decir "No" pero tenía la tendencia de desbordarse por sus emociones. Si tenía miedo temblaba como una hoja, si lloraba lo hacía a cántaros, si se avergonzaba se ponía rojisimo, si amaba lo hacía con locura. Después de su pequeña venganza a Todoroki había comprendido que a veces sus impulsos parecían tener mente propia. En ese momento su cuerpo mostraba lo contrario a la amabilidad. Era injusto que Katsuki estaba pasándola bien y se diera el lujo de llegar tarde sabiendo que la moría de angustia por ser descubierta mientras esperaba su llegada. El rubio tambaleó hacia su dirección; Tenía un sonrojo en las mejillas y sonreía divertido como un niño que acaba de levantar la falda de alguna mujer bonita. Izuku enchuecó la boca al notar el chupeton y un sutil labial rojo en el cuello de la camisa, de inmediato se imaginó cuantas mujeres marcaron su labial intencionalmente para que las recordase. Izuku contaba que Katsuki ya llevaba una lista de seis, si es que no había repetido con alguna. Quizás no eran muchas para considerarlo un patán pero se suponía que se encontraban en un reformatorio católico ubicado en una finca sin acceso para ir a la villa más próxima. ¡Era una cárcel, no un hotel! Los reclusos venían a trabajar en el viñedo, ir a la escuela y estudiar la biblia hasta corregir su conducta pero Katsuki logró beber, fumar y salir a follar cada quince días. Hasta tenía una bodega de golosinas prohibidas debajo de su cama y era el jefe de un pequeño mercado n***o de alcohol en los dormitorios. —¡Oye Deku! —dijo el rubio despreocupado y tambaleó de borracho hacia sus brazos —Estás frío ¿Cuánto llevas aquí? —Tocó sus mejillas cubiertas de pecas y sonriendo estúpidamente para disculparse. —Kacchan —Izuku gruñó y lo jaló del brazo hacia dentro del portón —Dijiste que no te irías antes de la inspección nocturna —reclamó con ese tono chillón de voz que en lugar de imponer respeto solo lo hacía ver más tierno —Aizawa me preguntó por ti, le convenció que tenías una diarrea horrible y estabas afuera en las letrinas. Pero si no llegas para la revisión matutina se dará cuenta que no estuviste toda la noche. Lo peor es que nos sancionará con más semanas de reclusión. ¿Acaso quieres vivir aquí para siempre? El pecho llevó a su amo echado al hombro y lo estiró para hacerlo caminar entre el plantío de uvas púrpuras rumbo al dormitorio. El olor a hierba húmeda y las uvas creciendo era embriagador. —¡Ah! Ese es mi lindo e inteligente Deku, siempre quemandose esa cabeza de arbusto solo por pensar en mí —El rubio arrastró las palabras mientras su camisa semiabierta sentía la brisa del amanecer. —¡No, no estoy pensando en ti! —se quejó de nuevo con ese tono dulce que a su amo estando borracho le hacía querer apretar sus mejillas. Izuku se detuvo y cargó a Katsuki sobre su espalda. —Deku no seas tímido solo acepta que piensas en mí —Katsuki se sostuvo poniendo los brazos alrededor del cuello de Izuku sin soltar su botella de chardonnay de la mano. Mientras Izuku sostenía el trasero de Katsuki con ambas manos para que no se le cayese luego se encorvó un poco y empezó a caminar. —No pienso en ti —repitió —Si te espero es porque siempre llegas en un estado deplorable. Kacchan podría caer y golpearte gravemente la cabeza —. Izuku tuvo la sensación de que estaba justificando sus considerados pues su amo jamás le pidió que lo esperara acciones en el portón como un fiel sirviente —¡Solo estoy siendo amable! Izuku bajó la cabeza avergonzada y siguió su camino poniendo más esfuerzo en sus piernas cortas. Katsuki que tenía la cara asomándose sobre su hombro mostró una pequeña sonrisa. —Eres dulce —susurró cerca de la oreja que provocó un escalofrío a su esclavo —Eres el primero de tres compañeros que no me ha echado de cabeza. A veces me preguntó por qué me ha aguantado tanto… Katsuki recargó su cabeza en el hombro de su criado sintiendo la vibración de los pasos de Izuku. La visión de los campos de uvas se distorsionaba en sus ojos como un caleidoscopio color púrpura. —C-crees que soy dulce? —Izuku se sonrojó y los vellos del brazo se erizaron. Se sintió halagado pero rápido sacudió esa emoción empalagosa —¡Ah! Entonces tus compañeros anteriores te denunciaron ¿Por qué eres insoportable? —preguntó al llegar al edificio y con una patada abrió la puerta trasera que daba a la cocina. —¿No te gusta ser mi compañero? Si te molesta ¡Dénúnciame, Deku! —se carcajeó borracho. De prisa Izuku chistó para que bajara el volumen. La cocina estaba pegada al comedor y ambos tenían techos grandes y cóncavos que favorecían los ecos. —¡Kacchan, cállate! —reprendió a susurros. —Ahora entiendo porque tus compañeros pidieron un cambio. ¡Siempre estás llamando a los problemas, seguramente te odian! —Izuku se atrevía a discutirle porque Katsuki jamás recordaba nada después de emborracharse. —Odiar? ¿De qué hablas? Si son ellos quienes me ayudan a vender el contrabando. Solo que un buen día los idiotas prefirieron salvar sus traseros y me echaron de cabeza. Los cambiaron de dormitorio y monseiur Aizawa terminó diciendo que era una manzana podrida. —Porque no me sorprende. Katsuki soltó una risilla en el hombro de su criado mientras estaba cargado hacia la amplia sala del comedor. Izuku cruzó el largo pasillo de las mesas y se subió por las escaleras que iban a los dormitorios. Al llegar a la puerta 308, el pequeño criado suspir de alivio cuando oy el clic de la puerta cerrndose tras su espalda. El primer rayo de la mañana entró por la única ventana de la habitación. Aún así el lugar se veía en claroscuros. Izuku arrojó al rubio a la cama derecha como un saco de papas y él se desplomó boca abajo en la suya que era la del lado izquierdo. —Justo a tiempo —suspendido sobre su almohada. Hubo un largo silencio. El amanecer creció e iluminó las colinas verdes y el púrpura de las uvas como si de un paraíso agrícola se tratase. Las enormes campanas de la iglesia ubicadas en el centro de la explanada replicaron con fuerza anunciando la hora de despertar. Eran las seis de la mañana y su sonido omnisciente entró por su ventana. Ninguno de los dos había dormido, no movieron un pie para levantarse, al contrario sus párpados pesaban y sus cuerpos se hundieron sobre el colchón al igual que ese muro de temas que un amo y esclavo nunca deben de conversar porque si se conversan no hay regreso . Cuando las campanas se detuvieron, el rubio habló. —¿Por qué no me denuncias, Deku? —preguntó sintiendo una extraña curiosidad. Acostado de espaldas, su mirada roja se fijó en el vacío del techo mientras se echaba el último trago de chardonnay —Podrían asignarte un nuevo compañero, quizás uno virgen y lameculos que en verdad quiera hacer sus tareas, asistir cada mañana a la iglesia a oír el sermón, quien quiera comportarse y salir de este lugar de mierda. Podrías conseguir un mejor amo que yo. —Esa no es una pregunta relevante —bostezó el pecoso mientras se acomodaba de lado y acurrucaba su cuerpo —La verdadera pregunta sería: Si puedes salir del reformatorio cuando la cosa en tus pantalones te lo ordena, disfrutar del pueblo y la libertad porque siempre regresas a este pequeño cuarto a estar conmigo. Katsuki guiñó un ojo hacia la boquilla de la botella buscando una gota más de vino y al no encontrarla se puso de mal humor. — ¿Cómo que regreso contigo? ¿Estás estúpido? —respondió —Es obvio que regreso porque tengo que cumplir mi sentencia, además mi madre es una bruja desconsiderada y me mataría si me escapara. La maldita me dio dos opciones: este reformatorio de mierda o un año en la academia militar. —Entiendo —Izuku empezó a sentirse muy soñoliento —Oí los rumores de que aquí estás porque peleaste desnudo con un militar en las calles de París. Tiene sentido que no quieras parte con el hombre a quién desfloraste a su esposa. —¡No mares idiota! Fue porque no quería cortarme el cabello. —respondió rebelde y resignado dejó caer la botella vacía en el colchón —Y déjame aclarar no estaba desnuda llevaba ropa interior y su esposa ya estaba muy desflorada por otros antes de que yo viniera. Los rayos solares ingresaron tenuemente por la ventana cuya cortina púrpura se mecía con un ritmo pacífico. La habitación se pintó de un azul índigo antes de que apareciera ese amarillo luminoso de la mañana. Hubo otro silencio como los muchos que ocurrieron desde que Izuku se convirtió en el compañero de Katsuki. Era común que Katsuki daba órdenes e Izuku obedeciera y las conversaciones terminaban ahí. Katsuki se volteó de lado y contempló a su criado en la cama de enfrente. La sombra de sus ojeras era profunda, se notaba su desarrollo por estar de pie en el portón. Dentro de sus ojos rojos, se reflejó el rostro de su criado como si fuera único; observe esa línea curva de la nariz, las mejillas regordetas y esos pómulos llenos de puntitos como si fueran salpicaduras de pintura. De repente, la imagen de Izuku, con los ojos cansados ​​y soñolientos y el cuerpo acostado hacia un lado con suavidad, quedó encerrado en su mirada roja como si fuera un retrato de lo cotidiano. Una pintura impresionista con sus colores brillantes y sus pinceladas rápidas de un chico dulcemente dormido mientras el ojo de un pervertido lo observa como un vouyerista. —Quizás regreso por tus lindas pecas… —Katsuki interrumpió el silencio con un comentario que no planeó hacer. Su estado etílico provocaba que su lengua fuera más rápida que su cerebro. —Entonces ya no salgas y me obligas a mentirle al prefecto —musitó Izuku con un tono agotado con los párpados casi caídos. —Entonces ya no saques esa cara linda al portón y me esperes —refunfuñó borracho y sus ojos se fijaron en el varón acurrucado en la cama. Izuku a quien se le ocurrió apodar Deku era más bajo que él, su figura era delgada más propia de una bailarina, rostro redondo, cabello abundante y rizado como un arbusto. Era torpe y frágil como el tallo de una flor sin espinas. A veces sus formas de actuar eran dulces. En aquella época el hombre debía ser caballeroso pero jamás sumiso como una mujer. Izuku tenía un aire de hombre afeminado y se lo dijo. —Sabes a veces pareces chica. Katsuki espero una reacción de su compañero. Ya que casi nunca hablaban jamás le preguntó a Izuku porqué había llegado ese lugar. Sólo había oído rumores de pasillo: decían que acosaba sexualmente a un tipo y que intentaba matarlo arrojándole una piedra en la cabeza pero en esos tres meses no notaba un aire criminal. Izuku sería un modelo recluso si no fuera su compañero de habitación. Desde el primer día ayudó ser su criado sin objetar pero estaba seguro que el miedo no influyó a que lo aceptara como amo. Cuando Katsuki dejaba de beber chardonnay y su mente se aclaraba un poco su interés principal era Izuku, había momentos que se preguntaba la razón de su obediencia y fidelidad. Hace días Kirishima con quien distribuía alcohol y cigarrillos al piso inferior del dormitorio, preguntó durante el trabajo en los campos si tenían algo.
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