No era un rey, era un triste bastardo desherededado que quería desahogarse con el sufrimiento de otros.
Y a pesar de agotarse la mente y el cuerpo no descansaría hasta llevar a Katsuki a esa celda de aislamiento a la cual temía tanto. Quería verlo hundido, asustado en la oscuridad, volverlo loco encerrado en una estrecha cárcel llena de humedad y que besara sus pies buscando su misericordia.
Katsuki
Eran las ocho de la noche. Afuera en la parte trasera de la cocina Katsuki cargaba una lámpara de gas e iluminaba los residuos de comida de un contenedor de basuras. El olor era nauseabundo: una combinación de cabezas de pescado y leche agria.
En medio del perfume de pudrición meditó en lo que había dicho el padre Yagi "El amor son los pequeños actos que dejamos en el camino...", recordó como arregló hace horas su habitación la cual era un desastre. Izuku la desordenó por un motivo desconocido y creyó que al ordenarla había hecho un acto compasivo y generoso por su criado entonces chasqueó la boca sintiendo como si alguien se había burlado de él.
—¡Hijo de puta! —Katsuki explotó por enésima vez en el día.
Frente a sus ojos rojos, Kirishima y Kaminari sacaron del contenedor de basura su edredón quemado. Estaba ennegrecido y con huecos chamuscados en donde se veía el relleno de espuma.
—Oímos de los internos que trabajan en la cocina que Midoriya confesó el incidente —Kirishima usando el uniforme de overol habló dentro de la basura mientras las moscas lo rodeaban.
Katsuki ya se había duchado y llevaba el uniforme de saco y corbata, la lámpara comenzó a temblar del coraje.
¡Como tuvo el valor de joderme ese inútil de Deku!
Esa tarde había ordenado a sus dos criados buscar donde estaba su edredón. Fue fácil hallar las respuestas.
—¡Bakugou respira, respira! —Kirishima le recordó apurado —¡Controla tus impulsos! Sé que estás frustrado pero soporta un poco, acabas de salir de un lío, no provoques otro.
Katsuki conocía su problema de ira, ni siquiera para alguien con personalidad explosiva era normal enojarse y calmarse cada rato. Tener un subidon de adrenalina y que no se tratara de un orgasmo era lo mas doloroso de lo que se veía. No era solo explotar, gritar y patear como loco, era la sensación ardiente de no escapar de eso, el corazón palpitando todo el tiempo y el ácido de sus entrañas furiosas que le ocasionaban gastritis sin contar el dolor del cuello por tensar sus músculos todo el tiempo.
Katsuki quiso moretear su otro ojo verde pero gracias a llevar las manos vendadas por la gentileza del padre se apaciguó al recordar sus palabras bonitas.
—¡Kirishima no dijiste que Deku estaba enamorado de mi? ¡Explica porque diablos el tipo que se la jugó con Aizawa por defenderme minutos después me jode quemando mis cosas!
Kirishima también le pareció un enigma, el edredón estaba quemado como si lo odiara de verdad y cerró los ojos para comprender como se sintió Izuku cuando decidió doblar el edredón, bajar a la cocina, abrir el horno y encenderlo poniendo cerillos encima.
—Admitó que Midoriya da señales algo contradictorias —Abrió los ojos y percibió las partes achicharradas del edredón —tal vez le hiciste algo que lo enojo.
—¡Yo no le hice nada! ¡Lo de golpear su ojo de verdad fue un accidente!
—¡Yo sé! —Kaminari con una banana en el cabello dentro del contenedor interrumpió —Tal vez es un lenguaje secreto que los homosexuales tienen, como acercarse a acomodar el pañuelo de tu bolsillo solo para tocarte, el guiñar un ojo en la sala de estar de un teatro, tal vez está es la forma extrema de decir a un amante "Quiero quemar tu cama con mi cuerpo. ¡Mis genitales están ardiendo, nene!"
Kirishima volteó a verlo. Hubo un segundo de silencio y luego puso una cara incrédula. Katsuki lo miró con ganas de apretar su pescuezo.
—¿Genitales ardiendo? ¿Lo dices en serio, Denki? —dijo Kirishima casi diciendo con sus ojos que era un idiota.
—¡Vamos! Deben de pensar fuera de la caja o acaso saben como piensan los homosexuales cuando se enamoran, seguro que tienen sus maneras de cortejear a un chico tan malhumorado, odioso y feo como Bakugou.
—¿No tienes otro lugar para decir tus estupideces, verdad? —dijo el rubio queriendo asesinarlo.
—¡Ah! ¡Era solo una teoría! ¡Ni siquiera ustedes tienen una respuesta lógica! —Kaminari respondió haciendo un puchero.
Katsuki lo ignoró por completo.
—¡Ves, Kirishima te lo dije! Deku no esta enamorado de mí es solo un hijo de puta como todos aquí. —El rubio por una extraña razón se sintió decepcionado.
—Supongo que me equivoque. —respondió el pelirrojo saltando para salir de la basura —Estaba tan seguro que le gustabas, su mirada jamás te dejaba ni un segundo, era demasiado amable y demasiado paciente, creí que haría todo por ti si se lo pidieras pero quizás sólo es un chico de naturaleza sumisa que solo te defendió para que le sirvieras como un muro y protegerse de los otros internos. —Kirishima era un hombre enamorado de Mina, conocía las locuras hechas por amor y su intuición le decía que el edredón quemado era un acto de celos, unos celos que le preocuparon pues parecían muy enfermizos pero no quiso mencionarlo para no agobiar más a su amo además no tenía pruebas —¿Ahora que vas hacer?
—Mandar un mensaje. —gruñó —No puedo dejar que los demás crean que mi criado puede desafiarme, quemar mis cosas y salir impune. Van a creer que soy blando.
Esa era la ley de la prisión, si te mostrabas débil los demás como animales se aprovecharían de ti. Katsuki tomó las medidas necesarias, ordenó a sus criados a agarrar el edredón de Deku, escribir con letras blancas: "Te voy a destrozar el culo como la perra que eres" y colgarla sobre el espantapájaros de cabeza de búho para que todos en la mañana supieran que nadie se burlaba de él sin llevarse un castigo.
Katsuki suspiró al ver por fin el edredón colgado. Todo era muy oscuro y el viento frío golpeó sus mejillas.
—Deku eres un idiota —pensó en su reacción al ver eso por la mañana —¡Si vas a joderme entonces no me defiendas! ¡Maldita sea, no me confundas!
Katsuki volvió a enfurecer.
Izuku
Eran las nueve de la noche. Izuku terminó de cepillar el cabello a Champagne cuando escuchó un ruido afuera del granero. Era un chillido de un chico, se asomó por la esquina como un espía y vio como por el sendero Monoma jalaba del brazo a un chico delgado y lo llevaba a la bodega de vinos que estaba a unos metros de ahí.
—Los favores se cobran, cumple con el trato —el rubio ordenó.
Izuku por curiosidad fue, se acercó a la puerta y vio dentro como al chico lo desvestían unos tres chicos robustos mientras Shinso con una apariencia cansada se apoyaba contra un barrica y miraba aburrido el espectáculo mientras bebía de una botella de vino sin pensar. Monoma recibía el pago de una de las tantas fiestas que Shinso y él organizaban en las bodegas.
A veces Shinso disfrutaba de observar las fiestas sexuales de otros y ver a la víctima ser rodeada y sufrir mientras su cuerpo seguía el llamado a la naturaleza al arquearse y gemir por la excitación a la vez que lloraba por el abuso pero cada día la emoción desaparecía y todo se volvía monótono.
No fue hasta que notó su cabello de hierba aparecer por la puerta que sus ojos violetas se iluminaron.
Izuku se sobresaltó al toparse con sus ojos exóticos y Monoma al verlo hizo una mueca de rechazo. De inmediato Shinso fue a la puerta y sostuvo sin permiso su mano.
—¿Te gusta lo que ves? ¿Te unes a mi fiesta privada, Midoriya? —ofreció con ese tono de voz lúgubre que lo hizo temblar. —O tal vez quieras ir a mi cuarto.
—Y-yo no... No, no puedo ir —respondió nervioso antes de palidecer cuando vio como obligaban al chico pasivo arrodillarse y elevando su barbilla comenzaron uno a uno a follar su boca.
Enmudeció. Sus ojos verdes se abrieron grandes, vio como en esa boca roja ingresaba un pene agresivo mientras el pasivo soltaba lágrimas y sintió cosquillas en su entrepierna. Tuvo deseos de que Katsuki un día lo tomara de esa manera salvaje. Pero sacudió su cabeza a la realidad, cómo podía excitarse viendo a alguien ser tratado peor que una puta. Aquello lo aterrorizó, si se quedaba viendo esa escena pornográfica de abuso sería tan malo como quien la cometió entonces escapó de ahí.
Avanzó por el sendero oscuro como la pólvora. Sus piernas se sintieron nerviosas al sentir que fue testigo de un delito y que al mismo tiempo eso lo había excitado. Llegó a la luz del granero y apoyó sus manos en sus rodillas mientras jadeaba. Creyó estar a salvo del diablo al menos por dos minutos.
—Cuando corriste te mirabas como un conejo asustadizo entre la maleza. —Shinso dijo con gracia y se recargó en el marco de la puerta con una media sonrisa.
—¡Shinso! —Izuku se sobresaltó y se giró a él —¿Porqué le hacían esas cosas a ese chico si él no quería?
Izuku sintió que debía indignarse como esa vieja costumbre victoriana de criticar los asuntos ajenos cuando en realidad no les importaba nada. Su madre católica le había educado bien.
—¿Tú crees que no lo quería? —dijo y se encaminó a él —Sabes algunos fingen que se resisten cuando realmente están gritando como perras en celo por dentro.
—Eran tres tipos contra uno, eso era abuso.
—Supongo que no has probado los tríos, estoy seguro que te gustarán si los pruebas.
Izuku negó con la cabeza mostrando un semblante serio.
—¿Crees que soy el malo, Midoriya? —Shinso dedujo por su mirada penetrante entonces sonrió —Creó que estás perdiendo perspectiva, estamos en una reformatorio. Aquí no hay buenos. Todos somos malos. Ahora dime que es más injusto, hacer que un chico consciente de los términos de un contrato, venga y cumpla con lo suyo después de que le hice un favor o ir a quemar el edredón de un chico que no te hizo absolutamente nada. ¿O no me digas que eso fue por tu ojo morado? —señaló.
Izuku hizo una mueca.
—¿Ya todos lo saben? —dijo disminuido mientras se tocaba el ojo morado que ya se había desinflamado.
—¿Quién no lo sabría? Ahora todos saben que te gusta tentar al diablo —comentó divertido pues nadie se metía con la bestia de Katsuki. —Eres un chico travieso, Midoriya.
Izuku chasqueó la boca. Porque estaba hablando tan ligero con el tipo que había besado a "su Kacchan".
—Al menos no soy un mentiroso —de pronto reclamó como un niño.
—¿Mentiroso yo? —Shinso no tuvo idea del reclamo pero le pareció curioso su tono de voz irritado a pesar de eso no se alteró, más bien acortó distancia entre ellos. Los animales de la granja lo miraron caminar seguro como el rey que era del lugar. —A ver lindo conejito dime en que te mentí —preguntó con dulzura.
—D-dijiste que no te gustaba, Kacchan y yo t-te vi besándolo esta mañana —Izuku ante su avance que no parecía parar se echó para atrás hasta toparse con una torre de heno.
—¡Ah! Así que nos espiabas —Shinso continuó su avance hasta inclinarse hacia Izuku —¿Y cómo te hizo sentir eso? Cuéntame todo —presionó y se puso a jugar con un rizo de su cabello verde.
Izuku encogió de hombros. Su cara estaba tan cerca de la suya que sus labios temblaron. Todo de él estaba encima y lo intimidaba. Era su porte aristócrata que lo hacía sentir menos al ser burgués, su altura que lo obligaba a mirarlo desde abajo, su cabello alzado como si fuera el cabello de serpientes y sus ojos violetas provocativos y peligrosos que lo hicieron sudar. Y sí, si estaba celoso porque besó a "su Kacchan" y él no pero la ráfaga de celos llena de deseos de venganza y pelea que nubló sus actos en la mañana no apareció en ningún momento.
—¡D-dijiste que yo te gustaba, no Kacchan! —Izuku recordó —¡Mentiste! ¡Eres un mentiroso!
—¡Oh! El conejo asustadizo está algo confundido —Su voz sobria entró en sus oídos con un tono condescendiente —El único mentiroso eres tú, Midoriya.
—¿Qué? —Izuku apretó los labios quiso gritar tantos insultos pero se reprimió como de costumbre —¿De que hablas? ¿Porqué sería el mentiroso? Te vi besando a Kacchan ¡No lo niegues! —levantó la voz pero Shinso con una mano sobre su hombro lo empujó contra el heno para callarlo.
—Nunca me viste besándolo —Shinso comenzó a enredarlo con sus palabras mientras pasaba el índice por sus labios secos —Él me beso a mí. —aclaró presionando su boca como un ademán de silencio —Tomó mi nuca, atrapó mis labios y yo no pude hacer nada, ¿acaso viste que fuera al revés?
—No pero...
—Soy inocente, ¿no le has visto esos músculos en los brazos? Estaba a su merced.
—No entiendo pensé que a Kacchan le gustaban las mujeres —Izuku sacudió ligera la cabeza y percibió como Shinso acariciaba con malas intenciones los tirantes de su overol pero seguía confundido y no lo detuvo —Entonces significa que le gustas a Kacchan. —preguntó.
—No, Midoriya —le susurró al oído a la vez que le desengachaba las hebillas del overol —Bakugou solo me pidió sexo porque le urge meterse con alguien, a él no le interesa el amor y esas cosas, además es natural que en prisión los heteros prueben cosas nuevas... —Shinso se acercó a su boca —¿Ves cómo no te mentí? No me gusta Bakugou así que lo rechace pero fuiste muy malo porque tú si me mentiste al decir que no te gustaba. Midoriya eres un mentiroso.
—La verdad si m-me gusta —Izuku admitió y se sonrojó de inmediato —pero no de manera romántica yo no lo quiero de novio solo quiero que...
Shinso sonrió malicioso al oír su confesión.
—Entiendo y sabes que yo no soy celoso —dijo y ya encima de él, agarró sus mejillas y lo beso brutalmente.
Izuku abrió los ojos y puso las manos en sus hombros para empujarlo. Shinso ignoró su rechazo e ingresó su lengua tapando sus quejidos y se movió como un experto que debilitó al pecoso.
Izuku lo empujaba pero solo causaba una vaivén de atrás hacia adelante que terminó con ambos cayendo sobre el heno.
—Ya basta —dijo débil Izuku.
Shinso no perdió tiempo en que se levantara su presa y se subió arriba de su regazo y se inclinó a besarlo otra vez, sabía que su conducta promiscua estaba mal pero lo había aprendido desde niño y no podía evitar acumular amantes por parte de Izuku su libido subió e imaginó que sus labios expertos eran los de su Kacchan y permitió el candente beso.
—¿Estás imaginando que soy él? —dijo al separarse de sus labios rojos y a Izuku no le dio vergüenza de decir que "Si" con la cabeza y las mejillas escarlatas. Shinso descendió su mano dentro del overol desabrochado —¿Te gustaría tocar a Bakugou como yo hago contigo? —dijo persuasivo con esa voz lúgubre que provocaba a Izuku temblar
—S-si, lo deseo tanto —dijo acalorado y a la vez en una especie de trance al sentir como Shinso lo palpaba sobre su ropa interior humedecida. Si fuera Katsuki estuviera gimiendo.
—Ahora que sabes que Bakugou está pidiendo sexo porque no te das prisa y lo tomas antes de que alguien más pueda tocarlo aquí —Shinso coló su mano dentro de su ropa interior y apretó su pene.
Izuku saltó.
—Espera... ¿Q-qué haces?
—Estoy contando tu deseo en voz alta. Lo que quieres es apretar su pene y frotarlo contra ti, usar su boca y penetrarla... —Shinso procedió a masturbarlo mientras lo besaba intermitente —Toma lo que es tuyo y no lo dejes...
—Pero él nunca me dejaría tocarlo. En cuanto lo intente me dará una paliza. Ni siquiera creo que le guste un poco ¡Ah! ¡Duele! —Izuku se quejó entre los besos ardientes pues Shinso lo mastubaba tan agresivo que comenzó a apretarlo muy duro y subir y bajar por su pene tan fuerte que le ardió la piel.
—¿Y quién dijo que debes pedir su consentimiento? —dijo liberando la presión —Ya te lo dije no tiene que enterarse, si esta borracho no recordará nada ¿verdad? Será una pequeña travesura y un secreto entre ambos. Así que Midoriya abre sus piernas y metésela hasta que le duela —Shinso aceleró su mano con cierto coraje. El imaginar a la bestia de Katsuki caer como una víctima ante su débil criado le pareció poético.
Izuku al instante de oír aquella sucia propuesta se vino precoz en la mano de Shinso quien al parar le mostró lascivo como lamia su espeso semen de entre sus dedos.
—Está caliente —dijo travieso y rió —Ahora dime Midoriya quién es el malo aquí, yo quien te ayude a bajar tu lujuria o tú quién se vino pensando en una violación.
—Eres un idiota, Shinso —Izuku pataleó para que se bajara de sus piernas —No estaba pensando eso, es repugnante —dijo con las orejas hechando humo y rápido se arregló el overol.
—Sólo era un broma —mencionó Shinso acomodándose la corbata y abotonando su saco muy relajado. Hubo un pequeño silencio y volvió a hablar esta vez con mucha seriedad —Pero si un día te atreves déjame decirte que si mezclas coca* en su chardonnay lo tendrás brincando en tu cama.
Izuku abrió los ojos y sus pupilas temblaron por la información médica que nunca hubiera deseado escuchar.
Reinaba ya la oscuridad. El viento que por las noches calaba iba y venía meciendo las hojas de parra con un tranquilo ulular. Hoy los sentimientos serían agitados. El edredón de Izuku que colgaba sobre el espantapájaros de búho, ondeaba solitario en medio de las uvas hacia la dirección del viejo edificio de los dormitorios.
El dormitorio era de tres pisos, de piedra caliza y un estilo gótico que en la oscuridad parecía una sombra de un gigante con miles de ojos que se iluminaban de naranja por las lámparas de gas en el interior.
El reformatorio era como una prisión para "niños". El aislamiento, el trabajo, su disciplina y sus estudios religiosos intentaban sacar la luz de sus internos aunque para la mayoría, la oscuridad era quien dominaba.
La hora oficial de apagar las luces ya se había anunciado sin embargo, algunas ventanas seguían iluminadas. En una en especial del tercer piso se hallaba un rubio inclinado hacia afuera con un cigarrillo en su boca.
Tenía un ceño fruncido, el torso desnudo y el cabello se le mecía por el viento. Recargó sus codos en la orilla de la ventana arqueada y soltó el humo del tabaco. Había dejado de fumar en su habitación porque su compañero, ahogado por el humo, tosía cada segundo y su ruido era irritante. Esa noche fue diferente, era la primera vez que no lo acompañaba y el silencio fue molesto mucho mayor que oír su tos.
—Ya son pasadas las diez le ordené a ese inútil que no llegará tarde ¿Qué mierda lo entretiene tanto? —Katsuki gruñó y le dio una calada a su cigarrillo.
El viento frío alborotó su flequillo afilado mostrando su frente amplia, golpeó su cara y arrancó el humo de su boca. Y volvió a fumar, fumar y fumar mientras en su mente se apilaban los tic tac del reloj de manera irritante y se mezclaron con su ira, ansiedad e impaciencia y su pequeña sensatez le repetía: "Cálmate, cálmate, cálmate".
El rubio se acabó su cigarrillo y desesperado encendió otro. Por una parte estaba enojado por su deseo de salir, observaba desde su altura como las lámparas de los guardias iban de un lado a otro y rondaban muy seguido ese portón corroído y cubierto de hiedra que era la puerta para controlar sus violentos impulsos. El sexo era su medicina y estaba frustrado por no obtenerlo.
Por otra parte se hallaba irritado por no comprender a Izuku. Esa mañana presenció una luz diferente en su rostro pecoso que todo el día no logró borrar aunque se ocupara en otras cosas.
A cada parpadeó lo veía como si hubiera pasado hace unos minutos y la piel se le erizaba. Dio otro calada al cigarrillo y cerró los ojos para saborear el tabaco y recordó su boca roja y delgada abriendo y cerrándose con tanta exaltación para defenderlo, sus manos azotando el escritorio de Aizawa y la tensión en su espalda que parecía hacerlo crecer en altura y virilidad.
Esa imagen pasional lo acaloró. Izuku literal se arrojó al fuego por él. El rubio suspiró el tabaco y creyó estar en deuda; esa noche planeó decirle algo pero dudaba de como hacerlo y ya no estaba seguro si debía decirlo.
—¡Agh! ¡Porque me obligas a pensarte, inútil de mierda! —Katsuki casi mordió su cigarrillo y se pasó una mano entre su cabello, era ese tic de estrés que repetía constante cuando su cabeza quería explotar —¡Ah! Todo se ha vuelto tan raro —reflexionó y dio un gran suspiro al sentir que le faltaba oxígeno sin razón.
Estaba acostumbrado a estar solo ya sea castigado en el ático junto a ratas malolientes o en su cuarto lujoso de su mansión. Siempre que su familia aristócrata lo orillaba a compromisos sociales lo asfixiaba. La compañía de las chicas con quien se enredaba eran solo por una noche así que convivir tres meses con la misma persona era un gran cambio para el conde que había vivido sintiéndose abandonado casi toda la vida.
Desde el primer día que lo conoció su rostro era familiar como si se habían encontrado antes; esto era verdad, se habían cruzado tres veces en la vida, hace poco más de un año se habían cruzado en el mostrador de la licorería Todoroki y durante su fiesta de cumpleaños en el balcón pero no había sido el momento para que el destino o Dios los uniera.
—¿De verdad le importó a Deku? —volvió a preguntarse con un tono dulce y áspero. Una extraña calidez se instaló en sus mejillas que el encendido de un tercer cigarrillo descoloreó —¡Entonces porque me jodió! —golpeó con el puño la orilla de la ventana.
Su cara gruñona se arrugó y su boca soltó humo como un diablo. Fumó, fumó y fumó y su tensión aumentó. Izuku esa mañana cometió un pecado que lo puso rabioso: tocó sus cosas. Después de defenderlo como un héroe quemó su edredón y no entendía su puto cambio.
—¡Qué mierda tienes en la cabeza, estúpido!
Katsuki terminó su cigarrillo y frotando sus manos frías regreso a su cama. Su reloj de bolsillo marcaba las diez y media. Chasqueó la boca preguntándose dónde diablos estaba su criado.
—Ya debía haber llegado —dijo preocupado y al darse cuenta de esa tontería sacudió su cabeza —Sigo pensando en ese idiota.
Katsuki se asomó debajo de su cama y sacó lo último que le quedaba de su contrabando: una botella de ron.
—Peor es nada —dijo alzando sus hombros para quitarse la tensión y se la bebió a pesar que no era el chardonnay que tanto amaba.
El ron pasó por su garganta y su manzana de Adán se movió desenfrenada por el litro y medio que tragó en minutos. De inmediato se arrojó a la cama a terminar de beber la botella empinándola en su boca, dando la típica imagen de un chico negando sus sentimientos con el alcohol. Katsuki bebía por dos razones para aplacar su personalidad iracunda y cuando se sentía abandonado. Esa noche la línea era muy delgada entre esas opciones.
Al acabar de beber se mareó un poco pero fue insuficiente para desconectarse con la realidad, en su lengua quedó residuos de la amargura del ron y su boca enchuecó.
—¡Maldita sea porque no viene! —El explosivo chico no escapó de pensarlo otra vez y lanzó la botella vacía contra la puerta.
La botella fue directo al grabado de uvas en la madera negra y de pronto la puerta se abrió. Izuku vio el proyectil y tuvo que esconder el cuello como una tortuga para evitar que la botella se quebrara en su frente.
—¡Kacchan! —reprendió al oír como los vidrios reventaban contra la puerta —¡No arrojes botellas, es peligroso! —exclamó al pasar.
Katsuki chasqueó la boca como si arrojar una botella no tuviera importancia. Izuku de inmediato entró en su rol de criado diligente y en cuclillas recogió una a uno los trozos de vidrio como si esa mañana nunca hubiera quemado su edredón y como si Katsuki no le hubiera puesto morado el ojo.
En ocasiones cuando ambos entraban en contacto con el otro de pronto su dormitorio dejaba de ser opaco, púrpura y estrecho, se volvía un sitio diferente: uno más amplio y agradable, un lugar luminoso y transparente donde en un chasquido cualquier ofensa se olvidaba hasta que ambos se daban cuenta que estaban en prisión.
Katsuki contempló a su criado, su cabello rizado goteaba y llevaba puesta esa pijama mojigata de rayas verdes. Los vidrios le cortaban un poco los dedos al ir recogiendolos. Invadido por aquel "espacio" diáfano se preparó para gritar: "¡¿Qué hiciste con mi edredón, hijo de puta?! ¡Voy a matarte!" Pero lo primero que dijo le sorprendió.
—¿Estás bien? ¿Dónde estabas? ¿Quién te entretuvo tanto? —Katsuki oyó como se le escapaban las palabras de la boca y casi quiso romperse los dientes.
Izuku se levantó con los vidrios en la mano y los tiró a un cesto n***o que estaba frente a su cama. Al oír sus preguntas amables fue como si un rayo lo fulminara y de inmediato alteró sus nervios.
—N-nadie me entretuvo, solo t-tome una d-ducha muy larga, Kacchan —se trabó. Se había sentido sucio después de que Shinso lo orillara a venirse con la idea perversa de llevarse a la cama a Katsuki estando borracho.
Izuku dio un vistazo a la habitación y todo estaba ordenado excepto el desaparecido edredón de su cama, iba a preguntar su paradero pero vio a Katsuki extendido en la cama contraria, estaba recargado en la cabecera y como siempre era un exhibicionista que le gustaba dormir sin camisa.
—¿M-me estabas esperando, Kacchan? —se atrevió a preguntar y sus pecas se colorearon.
Izuku no comprendía porque Katsuki provocaba un arcoiris de emociones en su estómago: eran los celos, lo sensual, la excitación, y lo irritante que le parecía cuando actuaba lindo. Ya le costaba entenderse a si mismo. Su deseo era pasar una noche de sexo desenfrenado con él o quería sus lindas atenciones todo el día. Las cosas ya no eran muy claras como al principio.
—Es la primera vez que las cosas se invierten, eres tú el que siempre llega tarde porque estás castigado —Izuku llevó su mano a su boca de manera delicada, sus mejillas se teñieron de rosa —N-no creí que me esperarías despierto.
—¡Ah! —Katsuki hizo una mueca —¡Quién te estaba esperando, estúpido! Yo solo quería regocijarme con ver esto...
Katsuki sonrió malvado y travieso a la vez, impulsivo salió de su cama y le apretó la muñeca infringiendo un dolor punzante. Lo jaló, lo giró y lo azotó de cara contra la puerta con un fuerza que Izuku no había experimentado.
El chico en pijama verde se golpeó en la frente e iba a comenzar a quejarse cuando por impacto abrió los ojos. Sus pupilas temblaron al percatarse como los dedos de Katsuki apretaron la orilla de su camisa y fue subiendo la tela de rayas hasta sus omóplatos. De pronto tuvo un escalofrío, los nervios de su espalda se sobresaltaron al percibir su palma abierta desplazándose por los huesos de su columna, subiendo a sus omóplatos y bajando hasta la lumbar y viceversa.
—K-kacchan —Izuku se mordió la boca antes de expulsar un gemido cuando el toque se tornó brusco. Sus yemas raspaban su espalda. El escozor de su piel era inaguantable quería que su mano fueran más abajo de su lumbar y se deslizara por la redondez de sus glúteos.