Capítulo 20

4939 Palabras
Kastsuki recostado en su cama, no lo miró se quedó observando el techo y pensó que si fuera Kirishima hubiera dicho porque es peligroso y si hubiera sido Kaminari diría si te mueres me van echar la culpa. Pero Izuku no se la había ocurrido nada más que decir "me preocupas" de una manera sosa, sumisa y simplona. —No necesitó tu ayuda —contestó a la defensiva y le dio la espalda para dormir sintiendo el sabor afrutado del chardonnay en su lengua —No te metas en mis asuntos, es una orden. Siempre había estado solo así que las palabras de Izuku no cayeron muy bien. El entrometido de su criado era un fastidio, quería que se largara ya, no oír su voz sumisa decir: "S-si, Kacchan" , no ver sus ojos verdes y enormes y contemplativos, no soportar su presencia cálida y tan viva en la otra cama. Quería vivir como estaba acostumbrado: Sintiéndose violento, bebiendo alcohol sin parar, practicando sexo y estar solo y encerrado con el silencio de las ratas muertas como compañía. Izuku arruinaba eso último, hablaba, se movía, era limpió y su perfume olía a hierbas frescas y limón que dejaba residuos en la habitación incluso si no estaba ahí. Comparándolo con Kirishima y Kaminari era toda esa presencia llamativa el único motivo de desear que se fuera a pesar que para el resto, Izuku Midoriya era un chico lindo pero olvidable. Los días avanzaron. Izuku continuó durmiendo en la cama de lado. Viviendo en esa reducido cuarto junto a él. Su relación crecía natural por si sola, era como una planta de uvas, enroscándose como las hiedras a un soporte y ahí extendiendo sus tallos de manera torcida para nutrir sus frutos dulces. La siguiente vez cuando Katsuki bajó tambaleante de un carruaje con la botella de chardonnay en mano vio su pequeña e inofensiva sombra esperando en el portón. —¿Deku? —mencionó entrecerrando los ojos con las mejillas rosas por el alcohol. Su mirada era borrosa y su estado era desaliñado. Estaba más borracho de lo normal pero notó sus ojos verdes en la noche y gruñó: —Maldito raro, le dije que no se metiera en mis asuntos... De pronto sus piernas flaquearon, la botella de chardonnay se le cayó de la mano rompiéndose en pedazos. La cabeza y el mundo dio vueltas y su cuerpo cayó inclinado hacia adelante. Al ir cayendo, esperó que su cabeza sintiera el choque duro contra la tierra del viñedo pero en lugar de eso su frente chocó con su cuerpo dócil y dos brazos que lo tomaron antes de sucumbir. —¡Te atrape! —oyó su inconfundible voz y su cabeza pegada a su pecho cálido escuchó los latidos de su corazón. Eran rápidos. Katsuki fuera de sí, levantó su rostro del pecho de Izuku para confirmar su identidad: su rostro de rasgos suaves y curvos, sus verdes ojos y sus pecas en las mejillas estaban ahí, parecía estar en un sueño entre el escenario de penumbra, el campo de uvas meciéndose y respirar al aroma de su perfume herbal de limón. Era un sueño bonito. También estaba esa maldita sonrisa que le hervía las tripas. Por otra parte cuando Katsuki cayó hacia Izuku y este tocó su cuerpo áspero y tosco por primera vez algo se removió en sus entrañas, un espasmo, una emoción que no pudo explicar. Sus manos sostuvieron firmes al chico violento por sus hombros; sus dedos de manera involuntarias tuvieron un picor al sujetar sus hombros anchos y al bajar a agarrar sus bíceps para cargarlo mejor el picor cambio a escozor. El pecoso tuvo un escalofrío de miedo al tocar a un hombre otra vez. Fue unos segundos que quiso alejarlo no obstante cuando Katsuki levantó su rostro transformó su miedo y alborotó su interior. Sus ojos verdes se abrieron de par en par y vio ese rostro filoso estar sonrojado e indefenso de pronto el deseo de sostenerlo por más tiempo lo fulminó. Si el tiempo se hubiera detenido para ellos en ese pequeño suceso su sabor sería perdurable y dulce como un buen vino. Es desafortunado que el reloj avance y a veces termine agriando las uvas. —¡Sueltame! —Katsuki forcejeó — ¿Porqué estás aquí? ¡No te lo ordené, idiota! ¡No necesito a nadie puedo caminar solo! —dijo arrastrando las palabras. Katsuki intentó levantarse y caminar por sí mismo, Izuku lo dejo pero sus piernas le jugaron sucio y perdió el equilibrio de nuevo. Al final apoyado en el hombro de su criado llegó a su cuarto y de inmediato se recostó. Al reposar su cabeza en la almohada, el mundo dejo de girar, acostado boca arriba paso una mano sobre su cabello rubio, exudaba alcohol por los poros y con la cabeza menos alcoholizada por fin se dio cuenta que había pasado un mes desde que Izuku llegó a su vida. ¡No se ha ido! Él todavía sigue aquí. Despació volteó su cabeza de lado y vio al pecoso entrando en su cama y acomodándose entre su cobija con una sonrisa nueva. Está jamás la había visto. Era una sonrisa de satisfacción como quien descubre un cofre del tesoro para él solo. El rubio se impresionó que Izuku lograra permanecer a su lado, por su mal carácter y arranques de ira le había parecido imposible. Era normal que su abuela le dijera que era una aberración, lo cotidiano era estar solo, castigado y apartado del mundo pero por primera vez al girar su rostro y ver al otro lado no había una rata muerta partida en dos supurando sangre. Por fin del otro lado había alguien más... —Supongo que no es tan malo tener compañía... —musitó y ocultó una tenue sonrisa echándose la almohada sobre la cara. Una de la mañana. Dormitorio. Katsuki había vuelto de su castigo a altas horas de la noche, cuando entró a su habitación Izuku no notó sus nudillos rotos y rastros de sangre en las botas. Desconocía que acababa de dar una brutal paliza a un ladronzuelo que se cruzó en su camino. Por el otro lado Katsuki no notó el calor que tuvo Izuku al verlo, desconocía que su criado acababa de masturbarse y arrojar deliberadamente su semen en su cama. Minutos después Katsuki ordenó a su criado que leyera en voz alta el libro que llevaba en las manos. —Una única idea dulce le quedaba: que ella le había amado, que su mirada se lo había dicho, que no conocía su nombre pero conocía su alma, ¿Quién sabe si no pensaba en él, como él pensaba en ella? —Una hora pasó e Izuku leía a bostezos, ya eran las dos de la mañana y en cuatro horas debían iniciar si rutina y sus ojos cada vez pesaban hasta cabecear entre párrafos —De vez en cuando, sobre todo en esa hora del atardecer que más entristece a los soñadores, dejaba caer en un cuaderno en el que no había otra cosa, el más puro, el más impersonal, el más ideal de los sueños con que el amor llenaba su cerebro... Izuku leyó hasta caer dormido y Katsuki lo escuchó hasta el final y se acostó a dormir con la voz de Izuku en su mente leyendo ese último párrafo. Ambos se desparramaron cada uno en su cama, Katsuki dormía boca arriba con los brazos abiertos cubierto en ese edredón violado que cubría su cintura hacia abajo, del lado izquierdo el perpetrador de cabello verde dormía en forma de ovillo a la orilla de la cama, lucía inocente con sus pestañas rastrilladas y sus infantiles pecas. Ambos tuvieron sueños muy sugestivos... Sueño de Izuku. Izuku arrugó su pijama de rayas verdes ante la presencia de su Dios del éxtasis, la orgía y de la embriaguez, el dios de su locura. Su cabellera rubia coronada de hiedra y vid lo hacía ver más apetecible como un platillo refrescante que comer, Izuku salivó y apretó sus piernas al ver esa estola blanca amarrada a su cadera ocultando su entrepierna. —¿Quieres beber de mi copa, Deku? —interrumpió su voz rasposa y cruel que lo hizo temblar por todas partes. Tenía la boca jugosa, el rubio caminaba de manera sugerente hacia a él mientras sonreía divertido a su expresión de deseo. Estaba descalzo, con el torso descubierto y enseñando las piernas gruesas y duras. Izuku sintió un hormigueo hirviente, el sudor empapó su cabello y algo empezó a crecer dentro de su pijama. Sabía que Katsuki como un dios griego en paños menores era un sueño y lo iba a disfrutar. —¿Quieres un poco de mi cálido interior? —Katsuki se tocó el pene sobre su escasa ropa. Izuku hubiera deseado que se le dijera en la vida real. El rubio continuó su camino entre una hilera de uvas púrpuras, llevaba una copa de vino sobre la mano que derramaba gotas rojas. Su compañero de confinamiento era la viva imagen de Dionisio, dios griego del teatro, el vino y los excesos. Izuku paso saliva del perfecto disfraz. Pervertía con sus ojos verdes cada trozo de piel y músculo que exponía, nada era mejor que sus protuberantes pectorales, sus pezones claros que quería chupar, el relieve de su abdomen que quería lamer y esos muslos que quería abrazar con sus piernas. El joven de verde se mordió el labio cuando el rubio llegó frente a él y volvió a preguntar: "¿Quieres beber de mí?". Los labios de Izuku se humedecieron con un poco de sangre. Allí no había inhibiciones. No existía su timidez que lo reprimía. Quería lamer su cuerpo y explorarlo todo a besos y ser poseído por su pene. ¡Solo un tirón de esa estola en su entrepierna separaban sus sucios deseos! —Arrodillate —La representación rubia de Dionisio señaló el suelo cubierto de enredaderas de jugosas uvas púrpuras. Izuku embelesado dobló sus piernas que ya temblaban y se arrodilló como un pecador suplicando perdón a la divinidad. Sus labios rojos se abrieron lentamente como si recibiera la comunión cada día en la iglesia. Su corazón palpitaba, quería engullir como manteca su pene y humedecer su lengua con el sabor de su vino blanco. Su cara pecosa completamente sonrojada se quedó a la altura de esa estola estorbosa. Estaba dispuesto a abrir grande la boca y orar devoto a su sexo. —Kacchan —suspiró ansioso y la saliva cayó como la miel. —Bebe de mi cáliz —dijo sensual el rubio y la estola que lo vestía resbaló de sus piernas a sus pies. El chico de pecas abrió los ojos y admiró el falo rojo que en ese instante penetró sus labios y llenó su garganta. Acto seguido el dios violó su boca con fuerte pasión. La pene palpitante ardió su boca, su carne era dura, húmeda y cálida. Izuku se lleno tanto de Katsuki que casi no podía respirar, soltó sonidos de arcadas al sentir la punta en el fondo pero alzó devoto la mirada y se cruzó con esa mirada roja que en la vida real le asustaba y le excitaba. Katsuki movió su pelvis con un ritmo animal y continuó follando su boca. Izuku aguantó los embates mientras se aferraba a las caderas de su dios griego; pecando de gula abrió más la boca para que entrara cada centímetro, notándose en sus mejillas como un rico bizcocho. Katsuki al penetrarlo le dedicó halagos como: "Eres mi amante" "Me encantas" "Tú boca es exquisita" "Eres lindo". Izuku se puso duro de oírlo hablar así, que liberó su erección de su pijama y estaba tan caliente que no le importaba lastimar su garganta a causa de las embestidas violentas, al contrario sufría de espasmos al esperar la espesa leche que se vaciara en su estómago. Lo quiero, lo quiero... Quiero todo lo que Kacchan desee darme, incluso si son golpes y su suciedad. Quiero abrazarlo con mis piernas. Enseguida su dios del vino apretó su cabeza y se descargó. Izuku también se vino y su semen se expulso como una fuente. De pronto la cara de su Dionisio cambio a una maldad pura al ver como un sonrojado Izuku retiraba sus labios y se tragaba el semen como alcohol. —Tengo otra cosa quedarte, mi adorado siervo —El dios agarrando su mentón lo volvió a cercar a su pene y volvió a entra a su boca pero en lugar de llenarse de otro espumoso semen fue ahogado por un liquido dorado tan dorado como aquel chardonnay que su Kacchan bebía obsesionado. Izuku perdido en el éxtasis aceptó el líquido cálido que al estar tan llena su boca se desparramó de sus comisuras. —Bebe todo, no derrames ni una gota —ordenó como todo un ser inalcanzable y el "gluglu" se oyó con mas rapidez. La bebida amarilla como un champagne de sabor agrió paso con un nudo en su garganta. Izuku succionó todos los jugos de su Dios que incitaba su locura. Katsuki acarició su cabello y le despejó el flequillo verde al terminar. —Lo hiciste bien. ahora ¿quieres devorarme o ser devorado? —¿Puedo elegir? —Izuku se sorprendió pero al ver esos labios rojos sonreír de lado y esos ojos de sangre sin dudas sabía lo que quería —Devorame, Kacchan. Quiero tu pene en mí —dijo con el corazón palpitando. Su dios se acercó a besarlo pero antes de ser tocado sus redondos ojos verdes se abrieron a la realidad y lo primero que vio fue la sombra de un puño caer en su ojo derecho como una tina de agua fría. —¡MI OJO! —gritó al sentir los nudillos de su Dionisio real en su glóbulo ocular. —¡Maldita sea porque despiertas sin avisar antes, estúpido! —oyó a Katsuki regañarlo mientras él se daba vueltas en la cama con una mano en su ojo derecho. —¡Como voy avisarte cuando vaya a despertar si estoy dormido! —Izuku se quejó y sus lágrimas comenzaron a brotar por la presión en su nervio óptico. Toda la libido que tenía se esfumó —¿Porqué me pegas? —gimió de dolor y con su ojo sanó, desde su cama, vio a Katsuki desviar la cara y chasquear la boca. —Eso no te importa lo que importa es que te lo merecías, maldito loco de los conejos. ¿Loco de los conejos? Izuku no comprendió que cosa le picó. Katsuki cruzó los brazos y mantuvo el silencio con gruñidos que lo maldecía como un niño de cinco, ante sus ojos verdes ya no parecía tan excitante como en sus sueños. Eso le disgusto, hizo una mueca, Katsuki siempre debía actuar sexy y dominante no como un niño enojado y que en verdad se veía adorable con su cabello despeinado. De pronto alguien tocó la puerta... Sueño de Katsuki. Una tecla blanca de piano sonó en el acogedor salón de su residencia en el centro de París. Katsuki no llevaba camisa, vestía igual a como se había echado a dormir, con unos pantalones negros como pijama, cerró los ojos para concentrarse y sentado en el banquillo, sus dedos ásperos tocaron una tecla negra del piano e inició un ritmo lento pero firme. Katsuki presionaba las teclas con ambas manos e intentaba hacer una secuencia de notas del Réquiem de Mozart, esa pieza épica y de sonido profundo que tanto practicaba de niño por obligación. El salón que fue adornado por su abuela con jarrones blancos y lirios, y un tapiz de otoño que iluminado con la electricidad daba un ambiente cálido. En medio de ella, estaba el piano color n***o y Katsuki con su perfil inclinado ligeramente hacia el teclado, lucía hermoso. Sus ojos rojos veían el vacío de las teclas blancas y negras. Otra tecla sonó con desarmonía y su boca gruñó. —Maldita sea —dijo al tocar la tecla equivocada. Volvió a empezar, sus dedos sintieron el ardor de golpear cada tecla, en sus nudillos se resaltaron unas venas y una mueca larga apareció en su cara. Era malísimo peor que un manco. Volvió a comenzar de nuevo y de nuevo y de nuevo hasta que su cara se arrugó de angustia y estampó un puño en el teclado por no hacerlo bien. —Mierda —refunfuñó pero siendo terco siguió intentando tocar como un clásico. Un silbato de tren perturbó su práctica, escuchó afuera de las ventanas el ruido de vapor, las cortinas se hondearon y la caldera del tren sonó como si fuera una chatarra. —¿Qué es eso? —Katsuki se levantó de su asiento y vio en la ventana luces parpadeantes y humo entrando como neblina, caminó hacia ella y al correr el vidrio vio un extraño artefacto alargado en forma de tren pero con la punta redondeada y alas de aluminio que echaban humo por debajo de las llantas que lo suspendían del adoquín de la calle. —¡Kacchan! —De la cabina salió el maquinista quien sonrió al verlo. —¿Deku? —dijo asomado por la ventana y solo veía bruma. El chico de verde comenzó a toser y despejar el humo. Al disiparse Katsuki abrió de par en par sus ojos rojos y vio el largo vestido que su compañero de cuarto usaba. Era color rosa y lleno de perlas, de corsé y mangas abombadas con unas varillas abajo que agrandaban la falda de campana. Izuku con dificultad salió de su máquina flotadora y dio un saltó a su ventana. Comenzó a subir una barandilla para entrar. El vestido era grande que tuvo a forzar su entrada a causa de las varillas metálicas del vestido. —¿Kacchan, eres tú quién tocabas? —dijo cuando por fin logró pasar —Tocas horrible, de seguro es por tus dedos gordos... —¡Cállate! —Katsuki se exaltó —¿Qué haces aquí y porque estás vestido como una chica? —¿No te gusta mi nueva apariencia? —Izuku se dio una vuelta y con coquetería su vestido se alzó mostrando sus piernas velludas. La cara de Katsuki se frunció con cierta repugnancia —Dijiste que parecía chica. Así que me puse este vestido para ser femenino. —¡Te ves ridículo! —opinó y cruzó los brazos —Eres un hombre actuó como uno. —¿Pero no es así como te gusto? Siendo una mujer —dijo con un tono caprichoso y haciendo un puchero que infló sus mejillas pecosas. —¿Cuándo dije esa estupidez? ¿Cuándo dije que me gustabas? —Cuando me besaste. —se inclinó a susurrar en su oreja y después sacó un labial y se remarcó los labios de rojo. Katsuki sintió escalofríos al ver su tentativo pintalabios, la líneas de la piel de su boca y la abertura de esta. En un parpadeo se quedó callado y un ligero sonrojo apareció en él recordando muy claro el día que lo beso. —¿Ya lo olvidaste? —Izuku continuó pintando su boca —Hasta me metiste la lengua, quizás debería recordártelo. —¡Ya deja eso! —Katsuki se abalanzó a su compañero y le arrancó el labial —¡Deja de provocarme, maldito raro, quieres una paliza! —¿Pero no quieres que sea una chica? Así podrías besarme de nuevo, incluso podrías usarme como un hueco para desahogar tu ira. Ahora que Shinso te jodió puedes tener sexo conmigo —Izuku se inclinó enseñando su pecho plano como una prostituta en la calle buscando un cliente a quien atrapar. —Cállate ese fue un accidente. —Katsuki le empujó la cara sin sentir la mínima provocación por su "feminidad" —Yo no quiero besarte inútil vuelve hacer un chico ni siquiera rellenas el vestido con tus pezones de ciruela. —¡Ah! ¡Kacchan! —exclamó tapando con su mano su pecho —¡No me los veas! —¡Cómo no quieres que te los vea si te pegas como una perra que menea la cola! —respondió de inmediato. —¡Ya deja de joder! ¡Dime que estás haciendo aquí! —Entonces, ¿prefieres que sea un hombre? —Lo prefiero mil veces, idiota. Izuku sonrió como de costumbre, dio una vuelta completa y su enorme vestido se transformó en un frac n***o de botones verde oscuros que remarcaba cada aspecto de su cuerpo pequeño pero masculino. —He venido por ti —dijo amable y mostró su mano abierta y como un caballero se quitó su sombrero de copa. Katsuki no supo como reaccionar —Conde Bakugo, ha sido un placer conocerlo en nuestra pequeña reclusión pero hoy ha sido el afortunado ganador a un viaje directo a la luna. —¿A la luna? —dijo con una expresión infantil que suavizó sus rasgos. Izuku no esperó a que razonara o que se pusiera una camisa, lo jaló del brazo hacia la ventana y lo empujó al especie de tren con alas de aluminio. —¡Seremos los primeros hombres en la luna! —exclamó sobreestimulado con el puño al aire y luego se cambió el sombrero de copa por el de maquinista. —¿Estás listo, Kacchan? —¿Listo? ¡ESTÁS LOCO, Deku! —dijo agarrándose fuerte a un asiento de la cabina mientras el chachivache tronaba, temblaba y echaba humo. Izuku alegre y de mirada brillante hizo sonar el silbato y el tren dio marcha en dirección al cielo. —¡Bon voyage! El tren subió como una serpiente fumadora con ruedas. Voló y voló hasta salir de la estratosfera y encrustrarse con la cara simpática de la luna. El humo llenó la cabina y al bajar Katsuki tosió incesante y sin poder ver el suelo al salir, se cayó y fue rodando hasta el fondo de un cráter mientras gritaba: —¡Hijo de putaaaa! Al llegar abajo hecho polvo, Izuku ya estaba ahí haciendo un encuadre con las manos, visualizando un espacio vacío y amplió del cráter. —Si vamos a vivir aquí hay mucho que trabajar. —dijo con las manos en las caderas. —¿Vivir aquí? ¿Los dos? —Katsuki preguntó confundido mientras se sacudía el polvo lunar. —Podríamos poner la casa aquí —apuntó —por allá iría la cocina, del lado izquierdo la sala y no hay que olvidar la habitación de los niños. —¡Niños! ¡Yo no quiero niños! —Katsuki siguió su juego por reflejo y comenzó a toser atragantado por su saliva; rectificó —¡Deja de decir estupideces! —¿No quieres tener una casa cálida donde alguien esperé tu llegada, Kacchan? —Izuku lo miró —Ese es tu mayor deseo, dejar de estar solo. Matarías por ser... —Estás loco, —interrumpió molesto —No necesito mierda de nadie. ¡Tú no sabes lo que quiero! Sabes lo que quiero ahora es beber chardonnay, coger y aflojar tus dientes. ¡Regresame a la tierra! Izuku lo intimidó con sus grandes ojos de búho, intentado descifrar sus verdaderos deseos. Katsuki enmudeció se sintió como si fuera un vaso de cristal ante esas enormes esmeraldas. De inmediato Izuku sonrió y chasqueó los dedos. —¡Ah ya sé! ¡Conejos de la luna! —exclamó con las mejillas rosas —¡Nos faltan conejos! Una linda casa siempre debe tener una mascota igual de linda. —¿Conejos? ¿Porqué conejos? —Es tu sueño Kacchan y tus deseos, no me preguntes si fuera el mío elegiría gatos gruñones —dijo y le guiñó el ojo y actuando como un mago sacó una pareja de conejos blancos del sombrero y los dejó en brazos del rubio mientras que iba a construir la casa. Katsuki bajó a los conejos y moviendo sus pequeñas narices saltaron a otro lado. El ruido de martillos y sierras se empezó a oír. Al levantar el rostro abrió la boca y vio a su criado trabajar tan arduo como en la vida real. Izuku se había quitado el saco y arremangado la camisa. Martillaba apretando el mango con fuerza, sus bíceps se endurecían y con su poder metía a la primera los clavos en la madera. El "clac" "clac" "clac" fue música para sus oídos. Izuku se veía bastante varonil cuando los clavos salidos de un golpe penetraban la tabla. De pronto oyó un chillido tras su espalda y al girarse vio a los conejos aparearse, el macho se movía frenético sobre la hembra, la agarraba con sus patas blancas y seguía montado como loco. —Pero si solo me voltee un segundo —Katsuki se quejó y se enfadó porque los conejos habían podido coger y él aún no lo había hecho desde la última vez que salió del reformatorio —¡Deku los conejos están cogiendo! —¡Oh! ¡Qué delicia, Kacchan! —respondió a gritos mientras seguía dando con el martillo —Deberíamos intentarlo una vez —comentó y dejando el martillo sacó una sierra y comenzó a cortar madera. Katsuki volvió a observarlo y cada vez que hacía cosas rudas y manipulaba esas herramientas capaces de matar estimulaba su violencia. Apretó los puños al ver el aserrín y los cortes en las tablas y se abstrajo tanto que tuvo que sacudir su cabeza para volver a su propio sueño. De nuevo al voltear a ver los conejos habían tenido crías y sus crías también se habían emparejado y multiplicado. —¡Oh por dios! ¡Deku tus conejos no paran de coger! ¡De qué están hechos! —gritó como una monja indignada y apurado intentó separar a los machos montados en las hembras pero en cuanto separaba a los animales suaves y blancos se multiplicaban más. Eran demasiado que ya parecían una montaña de ratas en un basurero, comenzaron a brincar en sus pies y los machos parecían querer coger con sus zapatos. Katsuki comenzó a sudar en su vano intento de alejar a los conejos y sus celos; los maldijo y maldijo a Izuku. Su sueño era tan mierda. Un conejo brincó a su torso desnudo y lo hizo tropezar y caer de espaldas en un mar de orejas blancas, lomos de algodón y tiernas patitas. —¡Deku ayúdame! —gritó al sentirse asfixiado pero Izuku siguió con la construcción de la casa y no lo escuchó por el ruido de las herramientas. Katsuki fue hundiéndose poco a poco y un par de conejos se subieron a su abdomen y se cortejaron sobre él —¡Deku, hijo de puta, ayudame...! Los conejos están cogiendo encima de mi... ¡Sodomita de mierda te voy a matar si no me ayud... De manera abrupta, sus llameantes ojos rojos se abrieron al mundo real. Se toparon con el techo poroso y la luz de un amarillo tenue que daba indicios que ya amanecía pero aún no se tocaban las campanadas de la iglesia para despertar. El cuerpo de Katsuki derramaba alcohol, las gotas de sudor resbalaban por su torso y olían al vodka que había tomado ayer para calmar su ira. Despejó su flequillo húmedo dejando libre su frente amplia para admirar. —¡Qué putas fue eso! —Katsuki se preguntó, pasando su mano entre su cabello, jamás había tenido sueños raros ni siquiera en la ocasión que probó opio y está era la primera vez que soñaba con Izuku. Desde su cama se volteó de lado y observó a su compañero dormir, estaba abrazando una almohada sobre el pecho, tenía una sonrisa abierta, jadeaba un poco y sus mejillas ardían de color rosado. ¿Qué estará soñando? Por su expresión dedujo que su sueño era mejor que el suyo. Se mantuvo largos minutos viendo su pecas incluso contándolas, su rostro a orillas de la cama era dulce igual que la noche en que lo beso. Recordó la peculiar sesión de lectura de ayer, recordó su voz sosegada llenando la habitación al leerle "Los Miserables" y como sus ganas de desquitar su violencia contra él se habían disipado y hasta la palabra miserable embonaba bien con ambos. Enseguida el cereza de sus ojos se enfocó en sus labios medio abiertos que dejaban escapar su aire. ¿Sabrás a frutilla? La imagen de él besando al sodomita que era Izuku la tenía muy fresca en la mente. Sus labios eran suaves y embonaban bien con los suyos pero no sabía a frutilla. —Estaba borracho y lo confundí con una chica —se excusó y analizó su cara —pero en realidad ni siquiera parece una... Katsuki se levantó de su cama para ver su rostro con mas claridad se cuestionó porque darle importancia a un beso de borracho. No entendía porque no pensaba de la misma manera con el beso que Shinso le robó ayer en la iglesia. También sus labios eran suaves y le daba igual. —Creó que me ha afectado el encierro —dijo y se inclinó a su cara sonrojada y volvió a contar sus pecas de inmediato Katsuki frunció el ceño. ¿Qué era lo que estaba haciendo? —¡Porqué estoy contando sus asquerosas pecas! —rechinó los dientes y su cara palideció. ¡Ah! Tres meses viviendo con este tipo me está afectando. Debería pedir cambio de compañero y... ¡Ah! Aizawa no me lo daría, si no fuera por sus mentiras que salvan mi culo de la celda de aislamiento, el idiota sería un santo. Aizawa nunca me cambiaría. Me lo tendré que aguantar.
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