El padre que también era un coleccionista de arte erótico comenzó a barrer las escaleras de la entrada cuando en el edificio de un lado que era el antiguo claustro de los monjes y el actual dormitorio, su dibujante favorito de mujeres desnudas salió temperamental por la puerta principal. con sus dos criados siguiéndolo.
Katsuki empujó la pesada puerta de roble y sus hombros lucían duros. Los tres chicos de cabellos despeinados de tonos amarillos y rojos se hallaban en pijamas, sus rostros no eran de buenos amigos y permanecieron tensos en el pasillo donde iniciaron una discreta discusión que al padre llamó su atención.
Kirishima que a diario llevaba una agradable sonrisa, hoy tenía los labios apretados, se recargó en uno de los pilares del pasillo exterior mientras Kaminari se sentó en el piso y se recargó en el mismo pilar junto al pelirrojo quien no dejaba de ver a su jefe. que se mantuvo callado con los brazos cruzados frente al otro pilar.
Katsuki movió la punta de su pie contra el piso. Kirishima lo miraba poco amistoso. Ambos sabían el porqué fueron levantados antes de las campanas pero su verdadera angustia venía del creador de aquella tirante situación.
—Fue Shinso. —dedujo molesto Kirishima.
—¡Ya lo sé! —escupió Katsuki y pateó el pilar deseando derrumbarlo a pedazos. Continuaba frustrado por su falta de sexo y enfureció consigo mismo por ser un estúpido y caer en la trampa de explotar y golpear a ese ladrón en el granero.
—¡Maldita sea, Bakugou porque tuviste que darle una paliza? —Kirishima reclamó —Ese chico solo robó unas botellas y un par de cajas de cigarrillos, pudiste dejarlo ir, no valía el escarmiento. ¡No valía exponernos!
—No sabía que mi madre estaba aquí para jorobarme y gritarme mis errores —Katsuki respondió de manera amargada y mostró su típico ceño.
Había tenido un sueño raro con Izuku viajando a la luna y conejos en celo que no había dormido bien, su rostro lucía ojeras y en sus entrañas la ira despertaba como un dragón en llamas. No tenía la paciencia de oír la voz de la moralidad de su criado.
—¿No tienes remordimiento alguno? —continuó con lo mismo.
—No vengas con tu cara de inocente, Kirishima. Tu estabas también ahí.
—¡Y por eso te pedí que te detuvieras! —El estresado pelirrojo pasó una mano sobre su cabello que caía lacio y su boca tenía la herida hecha por el puño de su "amo" —¡Dios! Quizás hayas causado algún daño cerebral. Está vez cruzaste la línea, Bakugou.
—¡Maldición, Kirishima! –Kaminari se levantó de golpe —¡A quien le importa ese ladronzuelo, lo importante es que Aizawa nos llamó a su oficina! —El rubio eléctrico se estiró el cabello y sus labios delgados temblaron al hablar —¡Él lo sabe! ¡Sabe que fuimos nosotros! ¡Nos va acusar e iremos a un reformatorio!
—Estúpido ya estamos en uno —refunfuñó Katsuki pero Kaminari lo ignoró estaba pálido y se mordía las uñas.
—Y-yo solo estaba de pie, solo mire, ¡Nunca toque al chico! ¿N-nadie me puede culpar por mirar, verdad? No se me puede juzgar... Quizás solo lo amenace un poco pero...
Kaminari comenzó a caminar de un lado a otro entre ambos chicos, se veía una mirada hundida en la preocupación, no sólo tenía miedo por el castigo, quizás recibiría un azote o unos golpes de los guardias, más trabajo en los campos. Lo que de verdad le daba miedo era que el asunto fuera tan grave para ir a una celda de aislamiento.
—Cálmate, Denki —dijo de manera dulce Kirishima y le detuvo tomando su brazo.
—Oí que un chico fue a la celda de aislamiento y no volvió a ser el mismo, —El rubio contó nervioso —lo sacaron temblando y arrastras, deliraba, había pasado dos meses encerrado en un calabozo, al parecer nunca vez la luz y te Trata como un animal.
—Cálmate Denki, son rumores —Kirishima insistió tocando sus hombros.
—¡No digas que me calme! —sacudió sus hombros y apartó la mano que lo acariciaba —El chico se volvió loco ¿Te imaginas no hablar con nadie, oír tus pensamientos una y otra vez y vivir en un cubículo en la oscuridad con solo la luz de una rejilla? El tipo cuando volvió simplemente se amarró las sábanas de su cama al cuello y se ahorcó.
-¡Ah! ¡Ya cállate! —Katsuki intervino —¡Deja de decir estúpidos! ¡Nadie irá a aislamiento! Seguro el idiota ese no recordará quien lo golpeó y por suerte Aizawa es un cuadrado, necesita pruebas antes de señalar un veredicto. Así que cálmate, idiota.
—¡Eso era cierto cuando Aizawa no era amante de Shinso! —recordó Kirishima y su dedo picó varias veces su pecho como reclamo —¡Quién sabe como le ha carcomido la cabeza sobre nosotros en especial de ti! ¡Ahora estamos en su mira por tu impulsividad!
-¡Ah! ¡Me estás culpando! —Katsuki lo agarró del cuello de la pijama —¿Quieres actuar como una rata? Te estás limpiando las manos, pelo de mierda.
-¡No! Pero admítelo que gracias a tu maldito temperamento estamos aquí —Kirishima se liberó y mostró amenazante sus dientes de tiburón sin importarle que el era un criado —Por qué tuviste que golpear a ese chico? ¡Fuiste un sádico! ¡Ni siquiera sabía de dónde sangraba más! ¡Lo de anoche fue un acto criminal, Bakugou!
—¡Acaso querías tomar su lugar en la mierda como un mártir!
—Tu sabes que estuvo mal —habló con más intensidad y su mirada roja enfureció —no importa que nos haya robado, no justificaba lo que hiciste. ¡Pudiste matarlo!
—Sabía cuando parar, no iba a matarlo. ¡Sé controlame, Kirishima!
—¿De verdad sabes controlarte? ¡Porqué lo de anoche no fue estar en control! Solo te obsesionaste con golpearlo sin razón... ¡Como un maldito maníaco!
—Si no te callas voy a enseñarte lo maníaco que puedo ser...
—¡Ya basta! ¡Dejen de pelear! —Kaminari interrumpió y separó a Kirishima de Katsuki —Todos estuvimos ahí y debemos apoyarnos como grupo no podemos saltar y apuntar con el dedo porque estamos asustados. Esto es un juego psicológico que hizo Shinso para dividirnos ¡Qué no lo ven! ¡Debemos ser leales...!
Ambos chicos de mirada roja parpadearon y ante sus ojos, Kaminari comenzó un verso brillante y gran elocuente, hablaba de confiar, de amistad y de lazos irrompibles entonces Izuku llegó tras su espalda y con un simple saludo lo hizo saltar como una gallina y exclamar:
—¡Bakugou lo hizo! —gritó a todo pulmón y apuntó en pánico mientras sus piernas flaqueaban —¡Yo soy una pobre víctima de las circunstancias! ¡Él y solo él y únicamente él es culpable! ¡Y lo juró por mi mamita que...!
—Kaminari, ¿verdad? —Izuku en su adorable pijama verde ladeó la cabeza sin comprender. —¿De qué hablas?
Kaminari solo le dio una sonrisilla trabada a la vez que Katsuki lo acuchillaba con los ojos por lo anterior.
—¡Ah, hola, Midoriya! —intentó desviar el tema —¡Q-qué gusto por fin conocerte, esta es la primera vez que hablamos! ¿Tienes un ojo morado?
—S-si es que —Izuku miró a Katsuki, tenía una cara horrible y prefirió bajar la mirada —Me caí de la cama.
—Te caíste de la cama?
—¡Padre! Ahí viene Aizawa —advirtió el pelirrojo.
Los zapatos lustrosos de Aizawa sonaron por el pasillo exterior. Previamente había saludado al padre Yagi que terminó de barrer la entrada de la iglesia. Los chicos se pusieron en fila cerca de la puerta y esperaron.
Katsuki chasqueó la boca al ver a Izuku con su cara pecosa y fea y la boca temblando de nervios. Había olvidado reiterar que no se metiera en sus asuntos, que mantuviera la boca cerrada o lo atraparían con sus propias mentiras. Si lo castigaban llamaría la atención de los internos, tendrían curiosidad y preguntarían la razón y no quería que nadie se atreviera a hablarle o sería otro problema de que ocuparse. Le gustaba que su criado fuera una mierda que a nadie interesaba.
Por fin Aizawa llegó frente a ellos y con un riguroso "acompañenme" los hizo caminar en una fila del más pequeño al más alto.
Desde el otro lado el padre Yagi sonriendo al ver a Katsuki en problemas, esperaba que lo enviaran a cumplir penitencia y así obtener del chico nuevos dibujos pornográficos, desconocía que horas más tarde descubriría un nuevo artista del erotismo.
La oficina de Aizawa estaba en el edificio de ingresos, era amplia y ordenada, con un escritorio de ébano n***o, sillas del mismo material y color, las paredes eran color sepia donde su título universitario estaba colgado junto a sus medallas que obtuvo durante su servicio. militar y unas fustas en la pared detrás del escritorio.
El prefecto vestido con traje n***o y corbatín rojo ingresó a su oficina con una postura recta y ese rostro frío que solía atemorizar a sus caprichos internos; de habló inmediatamente mientras les daba la espalda para dirigirse a su escritorio.
—Evitenme perder el tiempo, jóvenes. —dijo con un tono disciplinario —No quiero fingir que no lo sé y que ustedes finjan que no lo saben.
Los tres internos en pijama que a comparación del hombre parecían unos niños se miraron entre sí y asintieron comprendiendo que los estaba probando. Izuku se mantuvo apartado mirando las fustas en la pared del fondo.
— ¿De qué mierda habla? —Katsuki habló.
Aún de espaldas, Aizawa con una expresión seria observó la colección de fustas frente a él, eran de su padre que fue alcaide de una prisión en París, estaban ordenadas en tamaño y tomaron una de extensión mediana con la cual lo golpeaba cada vez que su padre lo descubriría mintiendo. Su actitud rígida y honesta fue hecha a base de golpes como era la costumbre.
Aizawa se dio media vuelta y con la fusta en ambas manos comenzó a dar golpecitos chocando la punta en su palma izquierda.
—Tengo un chico inconsciente en la enfermería, con costillas facturadas, morados en la cara y una herida en la cabeza y estoy seguro que fue uno de ustedes.
Había hablado en plural pero su mirada oscura se dirigió a Katsuki. El rubio sostuvo la mirada con la ira hirviendo en sus entrañas mientras Kaminari tuvo miedo y rápido saltó con su coartada.
—¡Yo no fui! Estuve ocupado toda la noche cogiendo con mi compañero de habitación —dijo el rubio sonriendo por los nervios y le levantó la camisa a Kirishima mostrando rasguños en su espalda —Lo ve, cogimos como locos, primero me la metió Eijiro y luego yo a él ¡ ¡Vea! —Kaminari también mostró rasguños en su espalda y Kirishima solo quiso que la tierra se lo tragara.
—¡Bájese esa camisa! —ordenó de inmediato el prefecto y volvió a golpear la fusta contra su mano que hizo pasar saliva a los tres criados de Katsuki —Caballeros todos tenemos la capacidad intelectual de deducir que ocurrió ayer y porque estamos aquí. —su mirada de nuevo se concentró en el chico violento —Joven Bakugou ¿Tiene algo que confesarnos?
—¿Qué podría confesar? —respondió antipático y estando ligeramente encorvado se tocó el vientre sintiendo esas ráfagas de odio subir por su esófago. Mantuvo sus puños heridos en los bolsillos para evitar mostrar evidencia.
Shinso lo había jodido. Lo convirtió en su criado, lo besó, destruyó su ventaja de salir a su antojo del reformatorio y envió a ese ladrón como carnada. Lo había jodido otra vez. Katsuki estaba furioso e imaginó al bastardo acostado en su cama con ese cuerpo y boca de serpiente y el cabello de medusa regocijándose a costa suya. Quería partirle los dientes y también a su vil amante pero intentó enfriarse y no hacer algo estúpido que lo hundiera más en esa trampa de mierda que Shinso creó.
—Aquí si te metes con alguien tienes asegurado que te rompen los dientes. —dijo después de una pausa y frunció la boca —Cualquiera pudo golpear a ese tipo y todo mundo sabe que Shinso es el que organiza muchas golpizas no debería también estar aquí como el sospechoso principal porque sólo nos trajo a nosotros y porque soy el único a quien acusa...
—Shinso no fue —interrumpió Aizawa con un tono frío que no demostraba los sentimientos ardientes que provocaba el adolescente en su interior.
—¡Ah! —Katsuki se enfado y su tono áspero de voz cambió a uno sarcástico —Lo dice porqué se lo cogió anoche?
Aizawa oyó su respuesta vulgar y con rapidez la fusta golpeó sonoramente su mejilla y calló su boca sucia. El rubio movió de lado la cabeza y presionó los ojos por el dolor que coloreó su piel y se concentró en apagarlo. No pensaba muy bien, Shinso jodiendo y la abstinencia s****l lo influenciaba para confrontar a quien sea.
—No hay rumores infundados. Soy un funcionario, mi deber como prefecto es mantener el orden, cuidar y procurar la seguridad de todos los internos, no acostarme con ellos. Debería lavar esa boca, niño malcriado.
—Creo que al único que está cuidando muy bien es al culo de Shinso. —reclamó.
De nuevo la fusta tocando su otra mejilla. Está vez el golpe fue tan sonoro que hizo temblar a los tres chicos restantes. Katsuki aguantó. La marca roja de cuero en su mejilla izquierda abrió una herida y diminutas gotas de sangre aparecieron en la superficie.
Miró a Aizawa con mayor intensidad, con las venas resaltadas en sus puños escondidos en los bolsillos, parecía que en cualquier momento explotaría y saltaría a puño limpio, Katsuki no lo iba a permitir, aún la ira no nublaba su inteligencia. Había provocado el segundo golpe para calmar sus brotes violentos antes de desbordarse. La violencia y el sexo era el lenguaje que lo pacificaba aunque haya sido sorpresivo que anoche cuando Izuku le leyó su ira se apaciguó.
—Lleva cinco meses aquí y al parecer usted no quiere enderezarse. El deseo de sus padres es que sea un hijo respetable, disciplinado y un caballero pero insiste en ser un pordiosero de la peor calle de París. ¿No le agradan las figuras de autoridad, las reglas de convivencia o sólo no puede ser civilizado? —Los ojos oscuros de Aizawa miraron al rubio con cierto desprecio —Supongo que hay personas que nacen torcidas y sólo pueden retorcerse más.
Mientras Aizawa decía lo último, Izuku con su ojo bueno, observó a Katsuki que estaba a su lado, tenía los dientes apretados, los hombros tensos y una mirada ardiente. Cuando Aizawa había dejado claro que él no valía como persona, sus ojos intensos y rojos se opacaron y se miraron vacíos como si estuviera de acuerdo con sus palabras.
—Yo no fui —habló cortante y con sus sentimientos revueltos desvió su mirada hacia la ventana donde el campo de uvas moradas se veía, aquello era otro esfuerzo por controlar la ira en sus entrañas.
—Bakugou, según tu castigo trabajaste en el granero hasta que el sol se ocultó y el interno 458 fue encontrado en el último lugar el cual estuviste. ¿No cree que levanta muchas sospechas? —Aizawa tomó el control de la conversación, se paró como un juez intimidante tras su escritorio y su voz fue como un revólver. Lo acusó de todo.
—Eso es circunstancial además yo... —Katsuki intentó defenderse pero tenía que concentrarse en la calma que su capacidad de razonar se agotaba. Si hubiera tenido la oportunidad de salir y desahogarse las cosas en esa oficina serían diferentes pero estaba exhausto.
—Circunstancial o no, usted no tiene una coartada. Todo apunta a su persona. El primer día se peleó con cinco chicos y les rompieron sus brazos, sus antecedentes no le ayudan.
-¡Maldita sea! Eso fue porque sus guardias nunca hacen su trabajo. ¿Qué quería que hiciera? ¡Recibir los golpes hasta que un guardia levantara su maldito culo para salvarme!
—Si tienen algún problema con los guardias escriba una queja... —Aizawa lo interrumpió y se oyó como el funcionario público que era.
El sistema estaba corrupto. Katsuki lo sabía y no tenía la cabeza para actuar e idear algo para zafarse de la acusación. Simplemente apretaba los puños con tanta fuerza que sus venas parecían a punto de estallar.
Aizawa observa sombrío al rubio con la expresión de que era otro día de mierda. Sonrió un poco, había esperado mucho tiempo para castigarlo con rigor. Conocía lo corrupto del sistema y que los internos habían creado una monarquía dentro con jerarquías por fin tendría a alguien pesado a quien colgar para servir de ejemplo y mandar un mensaje que los actos tienen consecuencias.
No era que Katsuki fuera el peor de todos, por su personalidad daba golpes y amenazas si lo provocaban pero no cometía abusos sexuales como los otros. Sin embargo se atrevió hacer algo que los otros internos no, fue capaz de salir y entrar a su reformatorio como si fuera un hotel, sin evidencias claras no tenía el poder de acusar al hijo de unos condes. Si lo hacía los nobles estarían enojados y dejarían de mandar esas donaciones jugosas por sus criminales hijos. Aizawa tenía impotencia. No era el alcaide para sanear el sistema de guardias que influía en ese reinado de los internos donde quien denunciaba algo era repudiado por soplón.
Aizawa era un prefecto que debía seguir órdenes de sus superiores y sin denuncias solo podía disciplinar a los internos con algún castigo simple. Pero las escapadas del reformatorio, se burlaban de su poder y golpeaba su ego más que su indignación por las violaciones que se producían.
—Está ubicado en el lugar del crimen. —continuó con la acusación Aizawa como si golpeara el maso de sentencia —Usted torturó a ese chico en el granero y lo dejo ahí toda la noche...
Katsuki inhaló profundamente y suspir. Cualquier cosa que dijera nadie lo creería. Pero no quería ir aislamiento, eso le daba escalofríos, estar en una pequeña habitación más de un mes, en la oscuridad, sin escuchar nada más que sus pensamientos lo aterrorizaba como a un pequeño. El rubio palidecía de pensar estar solo por completo sabiendo que a nadie le importaba en este mundo.
—¡Eso es falso!
De pronto escuchó a Izuku salir de su mutismo. Levantó la voz como alguien que se indigna de las mentiras que dicen de un ser querido. Katsuki pensó "idiota" por el acto loco de su pequeño y debilucho criado. Le ordenó en concreto que no hablara. Izuku tenía la particularidad de medirse en sus asuntos y nunca podía detenerlo.
Vio sus palmas abiertas que golpearon el escritorio como si gritaran: "¡Objeción!" con una llama en su aura que jamás había visto. Y se quedó atónito. ¿Por qué demonios se estaba arriesgando por él?
—Kacchan estuvo conmigo toda la noche. —exclamó fuerte y claro —Llegó temprano al dormitorio, justo después de cumplir su castigo.
—¡No, no y no! Esto no va a pasar —Aizawa también golpeó su escritorio con las palmas abiertas y se inclinó intimidante hacia el pecho que llevaba el ojo hinchado. —No le permitiré que inventé otra de sus excusas como de costumbre, Midoriya. Estoy cansado de eso.
—Pero no estoy inventando nada —replicó mostrando una devoción que ardía en su único ojo abierto, tan grande y verde que parecía devorarse a los ojos oscuros del prefecto. —Seguro que si mira el granero vera que todo está en orden, el heno en su lugar, las vacas con su agua llena, los caballos con su pelo cepillado y las cubetas de la ordeña deben estar vaciadas en sus correspondientes frascos. ¿Cómo Kacchan tendría tiempo de terminar sus quehaceres, golpear al chico y regresar antes de las nueve?
—Y ¿quién me puede confirmar que llegó a las nueve? ¿Sabe que usted no es una coartada confiable?
—¡Tal vez no soy una coartada confiable porque Kacchan es mi compañero pero su acusación tampoco es confiable si se basa en suposiciones, Monsieur Aizawa! ¿Quién nos puede confirmar que Kacchan estaba en el granero después de las nueve! ¿Qué pruebas nos puede dar para creer que esto no es abuso de poder?
—Yo no estoy siendo juzgado aquí, Midoriya —respondió serio el prefecto y apuntó con su dedo.
—No lo estoy juzgando, Monsieur, solo que estoy aquí como testigo a favor de Kacchan, quizás uno poco confiable pero al fin al cabo un testigo de carne y hueso en cambio usted no tiene más que una suposición y ningún testigo que apunte a Kacchan en la hora y lugar de los hechos.
La pequeña sonrisa de victoria que Aizawa tenía se desvaneció, en el fondo era un hombre justo, quizás había sido influenciado por la voz seductora de Shinso esa mañana después de poseer su cuerpo y venirse adentro. Esa forma sugestiva que hablaba en su oído cuando había dicho que era un hombre de poder. Sin embargo, Izuku tenía razón, no tenía más que la sospecha aunque defendió su versión de los hechos a espada desenvainada, quería imponer su palabra. Izuku defendió la suya de manera sorprendente. El joven burgués era más astuto de lo que decía su rostro ingenuo.
Izuku alegaba como un abogado del diablo, su boca y mente impulsiva se movía rápido, al parecer había tenido un buen sueño reparador y tenía la cabeza clara no como el rubio que no le agradó su sueño en absoluto; al chico de pecas se le oía con una voz apasionada que dejó mudos a Kaminari y Kirishima, todos pensaban que Izuku era tímido y claro que lo era, solo cuando se trataba de Katsuki parecía arder una chispa que lo enloquecía sin darse cuenta. Esa chispa que lo había devuelto las ganas de vivir desde que le habló por primera vez. Esa chispa que en el fondo le llamaba "Su Kacchan".
Por parte de Katsuki, sus ojos rojos temblaban incrédulos, la figura de su pequeño, débil y estúpido criado se agigantó, sus pupilas se llenaron con su imagen como jamás había pasado, la voz determinada de Izuku zumbó en sus oídos, era esa voz que en un tono dulce le había leído ayer ahora era tan llamativa que se grabó en su cerebro.
Katsuki nunca había visto a Izuku alterado, siempre era paciente, simplón, sonreía, temblaba o lo miraba feo como un cobarde en silencio, no obstante hoy parecía un chico que retaba a la autoridad, sabiendo que todo lo que decía era mentira y lo hizo tan. seguro como un auténtico criminal. Sus cejas verdes se pronunciaban hacia abajo, su cabello del mismo color rebotaba salvaje cuando negaba ciertas cosas que Aizawa reviraba y su boca se torcía al saber que podía tener razón y así aún encaprichado no lo aceptaba.
El rubio no podía quitarse los ojos de encima mientras pensaba tantas cosas:
¿Desde cuando Deku es tan brillante? ¿Por qué cada día se arriesga más por mí? Miente, crea excusas que encajen mis ausencias, es servil al cubrir mi trabajo en los campos; a pesar del peligro siempre espera mi llegada en ese desvencijado portón, me aguanta borracho, me carga hasta la cama sin quejarse la mañana siguiente No logro descifrarlo. ¿Por qué defiende a alguien que le dejo un morado en el ojo y que lo usa como un criado? ¿Por qué no toma la oportunidad de escapar de mí y pedir un cambio de compañero? ¿Es estúpido o masoquista? Aizawa ya lo dijo que no valgo la pena. ¿Por qué insistes tanto?
Katsuki siguió observandolo y como si el pecoso fuera el sol, de pronto la oficina del prefecto se fue desvaneciendo de su vista, sus afilados ojos rojos estaban invadidos por el perfil dulce del chico de verde. En sus pupilas se dibujó su nariz pequeña, ese flequillo de hierba que se movía en sus alegatos y su boca moviéndose con carácter. Por un parpadeó Katsuki olvidó su ira, de pronto sintió una calidez en el pecho por el chico que había besado en su borrachera, oyó su melódica voz y notó como apretaba los puños intentando controlar su arrebatamiento. Esa mañana había una fuerza en Izuku que no había notado antes y parecía fascinarle.
Le había gritado tantas veces que no se metiera en sus asuntos, aun así siempre se mantenía fiel como si valiera la pena el peligro de quedarse a su lado. Ni siquiera su abuela lo defendía cuando las chicas se le amontonaban en su puerta reclamando como fincía ser el novio de todas cuando tenía catorce. Ni su madre se arriesgó para defenderlo por sus cargos graves ante el juez.
A pesar de su clase social nadie daría nada por él que Izuku fuera el primero en toda su vida que lo defendía provocó un pequeño latido arrítmico y una corriente eléctrica que erizó los vellos de su brazo.
Por una brevedad al admirar el rostro de Izuku creyó que se veía luminoso. Tan luminoso que deseo alejarse de la oscuridad a la cual estaba acostumbrado para permanecer junto a esa calidez que nunca había experimentado.
— ¿ De verdad le importó a Deku? —se sintió tambalear y confundido, quizás lo hacía por interés, si él iba a aislamiento no tendría un amo quien cuidara su culo o tal vez su razón era otra.
¿Y cuál sería esa otra razón?
Katsuki sacudió su cabeza para despejar las ideas raras que se formaban.
Dio otro vistazo a Izuku y aún parecía tan luminoso como un lindo ángel y volvió a escuchar su voz fuerte y clara.
—Anoche Kacchan llego a las nueve, se sentó en su cama y me vio leer entonces me pidió que leyera para él y me escuchó toda la noche...
—¿Le pediste que te leyera? —Kirishima susurró sorprendido y vio a Katsuki torcer los labios.
—Uy no sabía que la bestia fuera tan intelectual —Kaminari aprovechó para burlarse a susurros. El ceño de Katsuki se incrementó.
—Leí "Los Miserables" hasta caer dormido —continuó relatando Izuku y su voz se calmó intentando recordar que paso después —Y entonces Kacchan... — De pronto abrió los ojos incrédulo, su cuerpo tembló como gelatina al recordar como Katsuki le había quitado con la suavidad libro de sus dedos inconscientes, recordó las asperezas de sus manos cargando y acomodandolo suave en la cama —Kacchan me desató las agujetas y me quitó los zapatos sin que notará sus movimientos. Después me arropó. Él fue... —Izuku hizo una pausa y se volteó a ver a Katsuki quien inmediatamente desvió su vista y en automático un ligero rubor cubrió ambos rostros —¡K-kacchan fue amable!
La actitud segura de Izuku se borró por completo. Su corazón latió fuerte sintiéndose raro, creyó que era una de esas fantasías que tenía pero nunca eran tan inocentes y dulces. Y estaba claro que él no se había metido en la cama por si solo.
Katsuki lo confirmó con un desplante.
—¡No tienes que contar todos los detalles, imbécil! —el rubio furioso e impulsivo sacó sus manos de los bolsillos y le estiró del pijama y lo jaló a él para torcer el cuello de su camisa —¡No te ordene que hablarás! —regañó avergonzado.
Para su suerte, Aizawa no se dio cuenta de sus nudillos desnudos y heridos.
— ¿Eh? ¡Entonces no lo soñé, Kacchan, t-tú me metiste a mi cama? —Izuku abrió la boca y su cara se puso más roja al sentir el aliento de Katsuki habla tan cerca. El dolor de su ojo hasta desapareció.
—¡Cállate ya no hables de nosotros!
—¡Uy dijo "nosotros" allí hay algo! —Kaminari codeó al pelirrojo y este aparentemente muy tenue por sus burlas.
Aizawa se mantuvo callado.
—Desconocía que Bakugou fuera un romántico de la lectura e Izuku fuera un lector encantador —Kirishima rió.
Katsuki seguía maltratando a Izuku.
—Creó que se puede sentir la tensión s****l entre ellos —dijo Kaminari.
—¿Cuál tensión maldito cara de idiota? ¡Aquí no hay ninguna tensión!
Katsuki reclamó con el puño levantado. Aizawa había pensado que era otra excusa elaborada de Izuku de las que siempre decía aunque al ver ese sonrojo evidente en ambos todo sonaba fidedigno.
—¡Basta! —Aizawa azotó la fusta en su escritorio y silencio la habitación —Por el momento no acusare a nadie. Esperaré a que la víctima reaccione y nos cuente su versión de los hechos. ¡Todos regresan a sus deberes! ¡Retírate!
Los cuatro chicos corrieron a la salida antes de que cambiara de parecer y al estar a punto de cruzar la puerta de la oficina, la voz grave del prefecto los detuvo.
—Excepto usted, Midoriya —dijo y sus ojos se veían como flechas negras.