Capítulo 8

5000 Palabras
—¿Quién demonios está retándome? —percibió el desafío en la mirada entonces se cruzó con la vista de una cabeza de hierba y su cara pecosa entre las estacas del viñedo. —¡Kacchan! —Izuku se dio cuenta que su mirada roja lo alcanzó y entrando en pánico bajó su cabeza intentando, de manera inútil, esconderse entre los racimos de uvas. — ¿Qué pasa? ¿A quién miras? —Kirishima se percató que Katsuki se enfureció pero ya no alcanzó a ver a Izuku. —Nada, solo un estúpido gorrión cagándose de miedo —respondió, mientras escuchaba a los pájaros revoloteando en el campo, lamentándose por no poder alcanzar una uva. AL DÍA SIGUIENTE. Las campanadas y el pase de lista ya habían sido dados. Era alrededor de las 6:20 de la mañana. Izuku se había devuelto a la cama para dormir un poco más. Se había desvelado, como en otras ocasiones, haciendo la tarea de su amo y luego la suya. Se le notaban los círculos oscuros debajo de los ojos, estaba acostado de lado y usaba su pijama inocente de rayas verdes con unos calcetines a juego. Sus ojos redondos intentaron cerrar los ojos, sin embargo, se mantuvieron cautivos hacía la cama de enfrente. Katsuki se encontró recargado en el respaldo de su propia cama y bebía chardonnay como si fuera un vaso de leche para el desayuno. Se empinó la botella con pocos modales que el vino blanco escurrió de las comisuras de su boca. Una gota se deslizó por su barbilla, cayendo directamente sobre la desnudez de sus pectorales. Los grandes y redondos ojos de Izuku se abrieron con mayor amplitud y siguieron con atención la trayectoria sensual de esa gota. La gota de un color amarillo se deslizó por las curvas prominentes del pecho derecho, dejo un camino húmedo en la claridad de su piel hasta destruirse al chocar con el pezón. Izuku suspiro sin disimular. Por primera vez, anhelo querer ser una gota, para descansar contra su piel blanca y ardiente. De repente, sus ojos verdes descendieron sensuales, reflejando la expresión de un espectador morboso que espía, por una ventana, a una mujer quitándose el corpiño. Izuku que estaba acostado en forma de ovillo, presionó sus piernas y sus manos apretaron la orilla del edredón que cubría su cuerpo. Sin pensarlo, sacó la lengua como si una semilla de otro mundo lo hubiera invadido por completo. Como cualquier joven en su diecisiete, Izuku se dejó llevar por sus hormonas, sus impulsos anhelaban experimentar sensaciones cálidas y húmedas, un beso prolongado, toques íntimos y el roce constante entre ambos cuerpos. Especialmente para alguien con preferencias sexuales que incluían la sumisión en la cama y los hombres, sus instintos lo llevaban a necesitar que un pene lo sometiera. Arrepentidamente, su rostro salpicado de pecas se ruborizó. Izuku soltó otro suspiro prolongado. Se imaginó siendo empujado por Katsuki sobre la cama, su cuerpo dominándolo como lo había hecho antes cuando lo castigó por su camisa vomitada. Cómo deseo hacerlo enojar para que volviera atacarlo. En un abrir y cerrar de ojos, su mirada verde capturó la imagen de Katsuki con el torso desnudo mientras sus labios se ponían rojo por succionar el chardonnay y la devoró por completo sin dejar ni un pedazo de piel sin ser tocada por sus ojos. —¡¿Qué quieres?! —Katsuki preguntó enfadado por interrumpir su momento íntimo con su chardonnay. El rubio había oído esos suspiros largos sin sentido pero los ignoró. De reojo, notó la mirada penetrante de Izuku, que a su parecer, era igual a la de un cocodrilo acechando sobre el agua, guardando a que su presa se adentrará a su territorio. Katsuki malinterpretó la intención de cómo Izuku quería atacarlo; creyendo que su mirada lo desafiaba todo el tiempo, sentía incomodidad ante la idea de que su criado quisiera subordinarse. En respuesta le lanzó una mirada aún más penetrante y salvaje. El latido del pecho se aceleró por su voz áspera y su mirada dominante. Se sintió descubierto y presa del miedo, levantó apresuradamente el edredón para cubrir su cabeza y ocultar su rostro avergonzado. —N-no quiero nada, Kacchan —tartamudeó por los nervios. —Entonces ¿Por qué me ves, imbécil? —gritó. —N-no estaba mirándote. Mis ojos solo miraban a tu dirección pero no te miraban específicamente… —exclamó aterrado sintiendo que estaba a punto de recibir una paliza, como se la dieron sus amigos de la escuela por ser un sodomita. Luego se dio cuenta que había usado el nombre equivocado y se rectificó —K-kacc…Katsuki solo miró la pared. ¡Te lo juró! ¿Qué le pasó a este idiota? Katsuki decidió ignorarlo una vez más y su boca volvió a besar la boquilla del chardonnay. Para fortuna de Izuku, el rubio estaba lo suficientemente ebrio para no enfadarse por sus balbuceos y no percatarse de sus suscias intenciones. —Como sea —chasqueó la boca después de otro trago —No mires a mi dirección, me fastidia ver tus ojos de vómito. Izuku suspiro aliviado; sin embargo, al descubrir su rostro, y el borde del edredón quedó a la altura de sus ojos, no pudo evitar volver a espiar a Katsuki, quien parecía un vagabundo, bebiendo sin control. —No lo mires —musitó y se reprendió a sí mismo por no hacer caso a las advertencias. Izuku se preocupó por su descontrol. Era plenamente consciente de que acercarse a una "bestia" que podría matarlo era una idea terrible, sin embargo, el instinto reproductivo fue mayor que el instinto de supervivencia, una vez más dirigido su mirada directa a su amo. —Kacc… Katsuki. Katsuki lo ignoró y siguió bebiendo. —¡Katsuki! —Izuku insistió y levantó su voz al creer que no lo había escuchado. —¿Por qué me estás hablando? ¡Y te acabo de decir que no me mires, idiota! —Katsuki se irritó al ver que en cuestión de segundos, Izuku desobedeció sus órdenes. Lo interpretó como un desafío directo hacia su autoridad. —Y-yo solo quería saber si alguna vez… —¡No hables! —demandó. —Dame un minuto, Katsuki, es solo una pregunta chiquita, ¡por favor! —Izuku suavizó su voz para evitar que pensara que lo desafiaba; su tono dulce parecía derretir los oídos, sin embargo, desconocía que ese efecto molestaba a su amo incluso más que si le hubiera gritado. —¡Cierra el pico, Deku! —¡Pero, Kacchan…! -¡Maldita sea! —Katsuki se pasó una mano por el cabello con estrés, ya conocía que Izuku podría ser obstinado, pero irritantemente obstinado, si no hubiera sido así jamás le habría permitido que lo esperará en el portón cuando se escapara del reformatorio. —¿Cuál es tu puta pregunta? Izuku sonrió por su aprobación debajo del edredón, aun seguía protegido solo teniendo descubiertos los ojos. —¿¡Kacchan alguna vez has perdido los estribos que has matado a alguien!? La pregunta era redundante cuando ya había experimentado como Katsuki lo había asfixiado pero Izuku era así de inseguro. Sentía la necesidad de confirmarlo a través de su voz y conocer las posibles consecuencias, si alguna vez su amo lo descubriera masturbándose en su cama y gimiendo su nombre, ya que no podía preguntar directamente si odiaba a los homosexuales. Katsuki permaneció en silencio. La boquilla de la botella flotó en sus labios y su mirada furiosa se desplomó en un instante. El amado canario verde de su abuela se apoderó de su memoria. Escuchó su canto melodioso entrar por la ventana y el batir de sus alas, entonces la dulzura de su voz se desvaneció en el momento en que recordó que lo aplastó con las manos. Amaba a ese canario. ¿Te preguntas si te quiero? Dispénsame por no amar a una aberración. Katsuki recordó la respuesta de su abuela por el asesinato de su canario y luego pensó en como ella murió, el desplome de su caída se escuchó tras la puerta de la habitación y se sintió terriblemente culpable… —Cierra el pico, Deku —repitió pero esta vez con un tono apagado, y de inmediato se bebió el chardonnay de un solo trago. Tras la ingesta, sus ojos rojos parecían sumidos en una profunda tristeza, como si estuvieran envueltos en una oscuridad inimaginable. ¿ Qué es eso? Izuku se quitó el edredón de la cara al notar su perturbación. Sus pupilas temblaron sorprendidas de lo que veían. Izuku no esperaba que su amo mostrará un gesto distinto a su ceño fruncido; de hecho, sus rasgos faciales no revelaban nada, eran lisos y carentes de emoción. Era su mirada roja la que reflejaba un vacío en el fondo de sus pupilas, un vacío que Izuku no logró comprender. Sin pensarlo, el pecoso fascinado por esa expresión nueva, se levantó de la cama y se acercó en dirección opuesta. Sentía una urgencia por descifrar el significado de esa mirada. Dirigió ambas manos hacia el rostro perdido de Katsuki, con la intención de sostener sus mejillas y examinar su rostro de cerca. Sin embargo, antes de lograrlo, sus manos torpes fueron aprisionadas. —¿Qué estás haciendo? —Katsuki apretó los dedos bordados de cicatrices y los retorció causándole dolor. —¡Ahh! Y-yo solo quería asegurarme de que estuvieras bien —Izuku se quejó, intentando estirar ambas manos para liberarse del agarre tiránico. La expresión de Katsuki volvió a cambiar por la ira. —Entonces, si me estabas mirando… —dijo intimidante. —¡No! ¡No te miraba! —Izuku negó en medio de quejidos, sintiendo que sus dedos estaban a punto de romperse —Por favor, Kacchan suéltame. Katsuki apretó más el agarre y quiso quebrarle las manos por entrometido. —¡Suéltame, Kacchan! Prometo que no volveré a mirarte sin tu permiso. ¡Ahh! ¡Por favor! —Izuku chilló en pánico. Por suerte, Katsuki asoció los chillidos de Izuku con el dulce trino del canario verde que le quitaba la tristeza a su abuela, y decidió soltarlo antes de cometer una villanía. —Deja de mirarme —ordenó severamente. Izuku se sobó las manos, apartando sus ojos verdes por un momento, pero su curiosidad de saber que le había pasado los dirigió nuevamente hacia Katsuki. —¡Hijo de puta! ¿Eres sordo o estúpido? —Katsuki se impacientó y se levantó de la cama con mal humor —Deja de desafiarme, inútil. ¡Qué no se te olvide cual es tu lugar! —Empujó su cabeza hacia abajo para que lo reverenciara y se acordara de su posición de criado. Izuku aceptó el sometimiento reconociendo que él era como los gorriones estúpidos del campo, aunque no tuvieran oportunidad, seguirían sobrevolando las uvas fantaseando con disfrutar de su rico sabor. AL ANOCHECER. Esa noche Izuku leía un libro. Katsuki llegó de su castigo recién bañado y con un portazo se lo hizo saber. Sentado a orilla de su cama, escondió con miedo la mirada en el libro y fisgoneó cómo sacudía su cabello húmedo para después quitarse la camisa de la pijama. La piel blanca y sus fuertes brazos se expulsó ante sus ojos de esmeraldas y esa espalda se reflejó en sus pupilas como si aprisionara a su amo dentro de su ser. Su espalda ancha era impecable y lisa, no tenían ni una cicatriz y cuando Katsuki se giró a su dirección, la anatomía de su torso se delineaba perfectamente, recordando a las estatuas de mármol expuestas en museos, donde cada detalle está meticulosamente esculpido, incluso las venas marcadas en sus brazos y genitales no escapaban a la vista. Izuku se lamentó de que su “estatua” siempre usaba pantalones. —¿Qué me ves? —Katsuki preguntó amargado. —¿Qué te dije esta mañana? —¡No estoy mirándote, solo estoy leyendo! —Izuku rápido se justificó. —Leyendo con el libro abajo —. El rubio señaló enojado el libro que ya estaba sobre su regazo. —Y-yo solo bajé el libro por un momento, n-no significa que estaba mirándote… —Izuku tartamudeó mientras sus ojos se fijaban al frente, donde los pezones de Katsuki, que estaba de pie en el estrecho pasillo entre las camas, quedaban a la altura de sus ojos. —Además esta habitación es pequeña, incluso si no te miró, estarás en el rango de mi visión… N-no soy culpable. —¡Maldita sea, deja de tartamudear! ¡Me desesperas! —Katsuki se pasó una mano sobre el cabello, estresado por su actitud estúpida. Obviamente que lo veía, ya lo había notado hace dos días, que lo miraba y miraba, sus ojos verdes eran tan difícil de ignorar que lo tenían fastidiado. —¡¿Qué es lo que quieres de mí?! —dijo hartó. —¿Qué es lo que quiero? —Izuku alzó la mirada y se sorprendió por la pregunta, su corazón latió ilusionado por creer que era el momento en el que el gorrión finalmente atraparía la uva con su pico y probaría su sabor. Tragó un nudo de saliva y rápidamente descartó esa idea absurda. ¿Por qué Katsuki respondería favorablemente si un hombre le confesará tener fantasías con él? Izuku no respondió. —¡Me tiene cansado tus miraditas furtivas! Obviamente si me ves es porque quieres algo. ¡Solo dilo y ya! ¡Vamos prometo no hacerte daño, no importa la mierda que digas! Katsuki no era tan avispado para percatarse de los sucios pensamientos de Izuku. Ni se le pasaba por la mente que fuera tan atractivo visualmente para los hombres y ya se le había olvidado que Kirishima se burlaba de él diciéndole que tenía un enamorado. Por otro lado, Izuku bajó su vista hacia sus pies y se preguntó con ligereza: "¿Qué quiero de él?” La palabra sexo surgió en su cabeza pero uno puede fantasear libremente con algún cantante o actor famoso, imaginar que se casa y tener relaciones con él y seguiría siendo solo un sueño inofensivo. Las fantasías no eran sueños que debían ser cumplidos, eran algo que se disfrutaba sin pretensiones de hacerlo realidad. Izuku se conformó con sus fantasías y sus masturbaciones en secreto, sin embargo, si se volvía a preguntar con mayor profundidad: "¿Qué quiero de él?” En el fondo, deseaba estar cerca de Katsuki como lo estaban sus otros criados, tocar su hombro como lo hacía Kirishima y hablar de tonterías como Kaminari. Que sus conversaciones no fueran gritos y órdenes y que su trato fuera más considerado. De solo pensarlo, Izuku se sintió helado y su cuerpo se estremeció por completo. Sabía que si se sentía cómodo a su lado, por el contrario, todo lo demás se volvería incómodo. Los sentimientos se agitarían en lugar de su m*****o y su sueño se convertiría en una pesadilla. —¡No quiero nada de ti! —Izuku aseguró enfadado desde su cama, recordando porque estaba en prisión. —¿Por qué querría algo de un hombre? ¡No imagines cosas, Kacchan! —Izuku sintió como la sangre le hervía de recordar el amor ciego que le profesaba a Todoroki. —¿Ah? ¿Qué no imagine cosas? ¿Qué crees que me imaginó, idiota? —Katsuki se sintió ofendido porque al hablarle así era como gritarle que estaba loco además que era la primera vez que veía a Izuku molesto lo que le ocasionó que también se sintiera molesto —¡No te hagas el estúpido! ¡No me estoy inventando las miradas! ¿De verdad no quieres nada de mí? —Katsuki se sintió confundido porque sus miradas parecían reales, tan penetrantes que parecían gritarle —¡Seguro que hablaste con alguien, te metiste en un problema y ahora quieres que te salve! ¿cierto? —dijo buscando respuestas. Izuku desvió su rostro, ya no quería verle el torso desnudo, se cruzó de brazos y estaba molesto por pensar en los sueños que tuvo con Todoroki, en cómo meterse con un hombre destrozó su vida. Y Katsuki viendo que lo ignoraba, se inclinó hacía él, agarró su mentón con fuerza y lo obligó a mirarlo. —¡Si te vas a comportar como un insoportable al menos ten las agallas de mirarme a la cara, gusano! Izuku se encontró con su mirada roja a centímetros. Era una mirada egoísta como siempre, lo miraba desde lo alto, sin compasión ni piedad y sus ojos de rubíes lo atravesaban como una espada como si pudiera destruir sus pensamientos. De pronto sus ojos de esmeraldas se humedecieron. —¡No! Nunca he hablado con nadie más que contigo y no tengo ningún problema —Izuku se sintió conmovido, porque solo bastó un ataque feroz de Katsuki para hacerlo olvidar su tormento. —En serio no quiero nada de ti, Kacchan —mintió con una voz más amable y dulce. —¿Vas a llorar porque te grite? —dijo curioso al notar las lágrimas atrapadas en sus ojos verdes —¡No seas ridículo! No te iba a golpear, prometí que no te haría daño, no importaba la mierda qué dijeras. —Olvide que habías dicho eso —Izuku dijo más tranquilo mientras se limpiaba las lágrimas que se habían trabado en las orillas de sus ojos y se preguntó si hubiera dicho la verdad sobre las fantasías, Katsuki hubiera mantenido su promesa. Imposible, se respondió. Katsuki, se sentó a orilla de su cama quedando frente a Izuku, por un instante, se detuvo a contemplarlo. Izuku sintió escalofríos como esos ojos rojos recorrían cada centímetro de su cara pecosa intentando buscar explicaciones de lo sucedido. No era una mirada dominante simplemente le dio un vistazo, como si estuviera asegurándose qué todo iba bien con él, al menos eso fue lo que Izuku percibió. —Tal vez tienes razón, solo estoy imaginando cosas. —Katsuki se convenció que quizás había sido un error de percepción —Me voy a dormir —dijo y de manera egoísta se inclinó a apagar la luz de la mesita entre las camas, sin preguntarle a Izuku si seguiría leyendo su libro. La habitación se oscureció. Izuku no protestó, más bien estaba aliviado que la luz no mostrará su cara sonrojada y se escondió bajo la cobija. Se suponía que iba a parar con sus malos hábitos, reformarse, ser un buen hijo, un hombre normal y ahí estaba todo tembloroso porque el tipo más nefasto que había conocido en su vida, por primera vez, le echó una mirada contemplativa. —¿De verdad, no quiero nada de él? —pensó en la penumbra —¡Ah! Kacchan me vuelve loco. —se quejó pataleando el edredón. Izuku había acertado y su locura fue evidente durante el sueño de aquella noche, notó que sus fantasías inofensivas pasaron a ser un problema… Izuku se hallaba dentro de un palacio griego semi derrumbado, los pilares que lo sostenían lucían con largas grietas y los techos de mármol mostraban orificios por donde la luz de la luna se filtraba en haces azules. Se sintió perdido entre los pasillos deteriorados y las grandes piedras en el suelo obstaculizaban su avance. Vestía con una túnica larga y suelta, típica de la vestimenta griega antigua. Siguiendo un aroma herbal con toques cítricos, llegó a una sala donde los emperadores solían recibir a la gente, allí percibió el olor a naranja, mandarina y aceites que estimularon de inmediato sus sentidos. Estaba desesperado por buscar la salida hasta que una voz proveniente del trono lo detuvo. —¡Deku! —Izuku se sobresaltó al reconocer esa voz áspera que solía gritarle todas las mañanas; sin embargo, esta vez percibió un tono más grave y maduro al decir su nombre. La luz de la luna, filtrándose por una abertura en el techo, iluminó de violeta a Katsuki, sentado en un trono de mármol. Una toga blanca de lino translúcido cubría su cuerpo desde el hombro hasta los tobillos, la tela adherida a él como una segunda piel era distinta a la túnica de trapos que Izuku llevaba. Estaba sentado con ambas piernas abiertas como un Dios omnipotente. En una mano sostenía un cetro de madera con racimos de uvas en la punta, mientras que en la otra sostenía una botella de vino tinto. Por supuesto llevaba una corona de hojas de vid. —¿Kacchan, eres tú? —Izuku se rascó los ojos al contemplar la imagen divina frente a él, sobre todo porque no parecía un adolescente de diecisiete años, si no que su complexión era la de un joven adulto. —Seré lo que quieras que sea —respondió provocativo y lanzó una mirada que crispó de nervios al menor —Ven y bebe una copa conmigo. Katsuki colocó una copa de cristal sobre una mesa de mármol que tenía al lado y fue llenándola con vino. Izuku tuvo un “deja vu” al ver el líquido caer como mareas rojas dentro de la copa de cristal. Una copa de globo igual a la que bebió al perder su inocencia y lo introdujo al mundo del dolor. —N-no la quiero. —Su voz se oyó temerosa y su cuerpo se estremeció al percibir el latido frenético de su corazón, impulsado por la tentación de beber —¡No de nuevo, no quiero pasar de nuevo por esto! ¡No otra vez! ¡No contigo! —gritó atormentado, apretando sus manos contra el pecho para contener los latidos. La imagen de Todoroki seduciéndolo con una copa de vino era demasiado fuerte que se había convertido en un trauma. —D-detente —insistió con una voz débil y comenzó a tocarse la garganta como si ya hubiera bebido la copa y el alcohol ardiera en su interior. —Ya no te reprimas, Deku. Solo existe una vida que vivir. Si no lo haces ahora, más tarde no habrá resurrecciones. —dijo como si fuera el mismísimo Dionisio que llamaba a sus Bacantes a liberarse y caer en el delirio y el éxtasis de los placeres —Sé honesto y diez centavos, ¿Qué quieres de mí? —¡Ya te lo dije! ¡No quiero nada de ti, Kacchan! —Izuku tuvo que sostenerse de un pilar para no caer del calor que lo sofocaba, sus mejillas estaban rojas, sentía arder su piel y tenía unas ganas de quitarse la ropa. Esa misma noche había tenido problemas con Katsuki a causa de mirarlo demasiado. Se había convencido de que no quería nada de él y conformado con sus fantasías y sus masturbaciones en la cama ajena. Katsuki suena como un sádico mirando a su masoquista peleando con el ardor en su cuerpo y la falta de fuerzas para sostener sus mentiras. —Sé lo que quieres de mí? Aunque lo niegues, lo deseas con desesperación. Tu mirada lo grita y tu cuerpo lo quiere —sonrió con maldad. —Quieres tocarme —dijo en voz alta el deseo que Izuku se negaba a admitir —A pesar del peligro y el terror, quieres acercarte, devorarme como un gorrión a una uva y hacerme tuyo aunque te diga que no. Katsuki era la representación del Dios del vino. Dios del teatro y de la embriaguez, de la fertilidad, del éxtasis y la liberación. El dios de un culto de orgías y placer que lo invitaba a pecar. —¡Eres una fantasía! —replicó Izuku intentando resistirse a ser "liberado", sin embargo, con el calor en el cuerpo, fisgoneó el cuerpo del rubio que lo miraba con condescendencia. La toga blanca del Dios caía por un hombro dejando al descubierto la mitad de su pecho, el lino se arrugaba en su entrepierna donde había un bulto que pedía la atención de su boca. El rubio tenía una actitud dominante, estaba sentado con las piernas abiertas en el trono esperando a que su devoto se arrodillara y que en cuatro patas llegará en medio de sus piernas para caer en el éxtasis de comer una v***a. —Una fantasía no tiene que cumplirse —Izuku insistió manteniendo su cordura. —¿En serio crees tus mentiras, pervertido? —El Dios del vino se burló —Masturbarte en mi cama no es una fantasía, Deku… El rubio de aspecto divino, comenzó a masajear el m*****o sobre la toga blanca. La tela se pegaba al pene que Izuku vio cómo las arrugas se iban estirando hasta que se levantó gracias a su enorme virilidad. El pecho tragó un nudo de saliva y el sudor caía a gotas de su frente mientras soltaba vapor de su boca. — ¿Tú sabes lo que pasa cuando algo se intenta reprimir por mucho tiempo? —Katsuki dejó su erección como un monumento y siguió vertiendo el vino en la copa por medio de un hilo sangriento. —Todo termina por desbordarse. Las pupilas de Izuku temblaron. El vino rojo llegaba al límite de la copa y burbujeaba como sangre hirviendo. Entonces, el caos se desató y la copa comenzó a desbordarse, derramando su contenido sobre la mesa blanca. El rojo se desparramaba más y más rompiendo en burbujas candentes y la mancha de sangre avanzó por el piso. La sangre envinada llegó a sus pies y lo rodeo. Izuku respiró el vino como se respira el humo del opio, y sintió un ardor en sus entrañas justo como esa emoción que quería emerger desde que Katsuki le dirigió sus primeras palabras. Se agarró el vientre con dolor, como si un monstruo viviera en sus vísceras, y presionó para que no escapara lo que estuviera dentro. El dios del vino rió como un villano ante su pánico. Izuku se retorcía en su cama, empapado en sudor y con el corazón latiendo frenéticamente. Su rostro reflejaba miedo y confusión mientras luchaba por liberarse de esa pesadilla y la presencia ominosa del Dios del vino, que parecía aferrarse a su mente. Sus ojos se movían frenéticamente bajo sus párpados cerrados, tratando de despertar mientras la frase "Quieres tocarme" susurraba con malevolencia en sus oídos. Con un esfuerzo titánico, sus ojos se abrieron bruscamente, revelando una mirada perpleja y una respiración agitada. El sudor perlaba su frente y su corazón seguía palpitando desbocado, pero al menos estaba despierto y liberado de las garras de ese Dios, o al menos eso fue lo que creyó. —Que sueño tan raro —dijo cuando su corazón reguló su pulso. Izuku decidió volver a dormir pero tomó la decisión equivocada. Se acomodó en la cama hacía el lado derecho y su vista se topó con el chico que lo obsesionaba. Todavía en su mente burbujeaba esa copa de vino prohibida. No dudó en posar la cabeza en su almohada y contemplarlo como era costumbre. Katsuki dormía pacífico en la cama de enfrente, dormía en forma de ovillo, su cabello rubio de erizo se aplastaba contra la almohada y el edredón púrpura lo abrigaba hasta los hombros. La cortina púrpura en medio de ambas camas estaba medio abierta y colaba un aroma a hierba húmeda y una tenue luz de luna, que no le permitía observar con claridad. Siguiendo sus instintos, Izuku estiró el brazo y subió la lámpara de gas para mirar mejor. Mirarlo no podía considerarse un crimen. Bajo aquella luz naranja y cálida fue evidente su belleza al dormir. Katsuki poseía unas líneas finas en el rostro, nariz afilada, ojos rasgados y unas pestañas muy rubias aunque al estar despierto su cara se arrugaba y se hacía fea,su personalidad era como una piedra de pedernal que con una simple fricción explotaba. Izuku creía que si no frunciera el ceño, no abriera la boca y ocultara esa personalidad de mierda sería un hombre de ensueño. Para el deleite de su pupila, el rubio se movió y se acostó boca arriba. Sus labios se abrieron y su respiración sonó susurrante y rasposa. Izuku tuvo un sonrojo. El jadeo era tan sugestivo que cerró los ojos e imaginó otra cosa con ese sonido airoso y cadencioso que llevaba. Izuku ocultó su vergüenza con el edredón hasta la nariz. Parecía que no había aprendido nada de la pesadilla. Un hombre dormido sobre una cama, era una imagen erótica que incitaba al crimen. Tuvo un palpitar allí abajo, sus dedos se deslizaron en medio de sus piernas y se acercaron a su pene donde las yemas sintieron la suave tela de su pijama. —No —intentó controlar su excitación cuando sus dedos llegaron al bulto dormido entre sus piernas y dieron toquecitos en la zona. Un par de gotas de sudor descendieron ardientes por su frente mientras mordía sus labios para que sus manos no se atrevieran a colarse bajo sus pantalones, sin embargo, el fuerte cosquilleo en su entrepierna y el deseo lo orillaban a rascarse. ¿Qué ocurriría si Kacchan escuchara mi respiración agitada y descubriera cómo mi mano se agita alrededor de mi pene bajo el edredón? Seguro que en lugar de una camisa en la boca esta vez me metería la punta de su zapato. Izuku se quejaba de ser maltratado en el día cotidiano, sin embargo, la mayoría de veces fantaseaba con sus actos violentos aplicados a la cama: bofetadas, empujones, tirones de pelo, órdenes y castigos. El solo idear un escenario así solo aceleró su ritmo cardíaco. Preso de la lujuria, quitó el botón de su pijama, liberando su pene de la ropa interior y lo abrazó con ambas manos. —Cobíjame, Kacchan —suplicó con las mejillas coloradas y cerró ambas manos en su pene flácido, imaginó que eran las manos de Katsuki que aprisionaban su carne. Si lo hubiera tocado en la vida real se habría venido con una sola caricia. Se mantuvo cobijando a su m*****o sin moverse; solo dándose calor y oyendo la melodía de ese jadeo caliente y sugestivo, segundos después, aquel jadeo se trabó y se volvió un ronquido tronador.
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