Han pasado pocos días desde nuestro peculiar desayuno, al parecer Demian se ha encariñado con el lugar reservando por el resto del mes, aunque sigue siendo curioso que no quiera que le sirva café sino que quiere tomarse el mío a como dé lugar, ya me parece una costumbre divertida, algo íntimo entre nosotros; él y Kole salieron a recorrer algunos lugares de la zona, es viernes por la noche, es normal que busquen diversión, me invitaron, pero decidí quedarme en casa con la excusa de una fuerte jaqueca, pero la realidad es el poder merodear entre las páginas del curioso libro de San Cipriano, debe haber algo además de encantamientos, alguna pista, debo saber que era el ser que mató a papá, que es lo que realmente busca, si bien, este es un grimorio poderoso que cualquiera quisiera tener en sus manos, no creo que un ente pueda usarlo, el libro pareciera cambiar su contenido a voluntad, en mi caso, al estar cerca de este, el lenguaje cambia a uno conocido por mí.
—¡Te dije que no tomaras eso Ruth! —escucho el fuerte grito desde el living, salgo de la biblioteca a toda prisa y es ahí que veo a Georgia sacudiendo con fuerza a la pequeña niña asustada, un sollozo sale de su garganta haciendo que mi piel se erice y mi sangre hierva, no puedo permitir que le haga daño, no en esta casa que ya vio mucho de eso en el pasado, cómo bruja y ser humano, mi objetivo es proteger a quien lo necesite y esa niña me necesita ahora.
—¡Basta! —vocifero ganando su atención, me acerco lentamente mientras Georgia me fulmina con la mirada, Ruth me pide auxilio con esos ojos castaños suplicantes, está temblando, doy un asentimiento a su frase no formulada.
—Es mi hija, no me vas a decir como criarla, Kali —masculla frunciendo el ceño, la arruga de su frente se marca aún más y me percato de cómo su aura se tiñe de un color amarillo sucio.
—No quería decirte cosas frente a la niña, pero ya tuve suficiente de ti, Georgia, cada día te esfuerzas por ser una maldita basura que se la pasa holgazaneando en la cama sin hacer nada con la excusa de un jodido embarazo, dijiste cinco días y ya llevas poco más de una semana en este lugar, ni siquiera te he visto intenciones de hablarle a Lora, mucho menos de ayudar con los deberes en casa.
—¡Tengo que cuidar a mi bebé! —chilla escandalizada—. Esta niña es estúpida, ¿Lo entiendes? ¡Estúpida! —mi pulso se dispara y mi paciencia se disipa, mis manos forman puños a los costados, una irá inmensa me invade, siento cómo la temperatura de la casa desciende drásticamente y en un impulso extiendo mi mano hacia ella.
—¡Cállate, bestia! —vocifero cegada por la furia, sus ojos se ponen cómo platos, sus manos van a su cuello queriéndose deshacer de un agarre invisible, se está sofocando y algo dentro de mí se llena de satisfacción al darle su merecido, como si fuera algo que estuviera esperando que llegara hace años, dulce venganza, su cuerpo se levanta unos centímetros del suelo y me mira aterrada, su boca se abre y comienza a boquear como un pez en búsqueda de oxígeno, huelo su miedo y una sonrisa siniestra se forma en mis labios.
—Debería acabar con una basura como tu —mascullo, sus labios comienzan a verse azulinos, escucho el sonido de la puerta principal abrirse.
—¡Kali, no! —grita Demian, giro un poco mi rostro y por el rabillo del ojo lo veo viniendo hacia mí, me toma por los hombros y es cómo salir de una especie de trance, la calidez de su aura me llena, Georgia cae contra el suelo y comienza a toser de forma violenta, mis manos tiemblan, las lágrimas corren por mis mejillas, estuve a punto de matarla, la culpa me invade de golpe haciendo que me desmorone.
—¡Tía Kali! —chilla Ruth acercándose a mí abrazándome las piernas, por poco mato a su madre ante ella, soy un jodido monstruo, los ojos de Demian me observan con preocupación, estoy bastante apenada con que presenciara está situación tan incómoda.
—He olvidado las llaves y… ¿Qué carajos sucede aquí? —pregunta Kole entrando a la casa de golpe.
—¡Bruja! —suelta Georgia con dificultad, mi labio inferior tiembla y no puedo controlar más mis emociones rompiendo a llorar, Demian me observa con preocupación, sus ojos se tornan analíticos buscando algo en mí, escucho los pasos de Kole cada vez más cerca, pero no viene hacia mí, sino que camina en dirección a Georgia.
—¡Mira, perra! Deja de llamar bruja a mi hermana —dice con clara molestia.
—¡Casi me mata!
—Algo malo debiste hacer para que ella reaccionara así, sabía que esto era pésima idea, tenerte en esta casa, estaba seguro de que abusarías de la amabilidad de Kali, así que te largas ahora mismo y no vuelvas.
—¡No me iré sin mi hija! —grita y la niña se aferra más a mis piernas, agacho mi cabeza para verla, está temblando de miedo, noto una marca en su mejilla horrorizándome.
—No dejes que me lleve, tía —suplica, no puedo dejarla, me rompe el corazón, suelto una pesada respiración, le doy una mirada a Demian y él pareciera entenderlo todo, saca el móvil de sus vaqueros y teclea en el para llevárselo al oído.
—Necesito a un oficial pronto…
—¿Qué? ¡Están dementes! No dejaré a mi hija —declara está maldita tipa desgraciada, le doy una mirada a Ruth buscando algo que pueda servir de evidencia de que no es capaz de cuidar de ella y me percato de las marcas de golpes en los brazos, mi ira despierta de nuevo, pero trato de reprimirla a cómo de lugar.
—Tú le hiciste daño a Ruth, no te lo voy a permitir de nuevo, Georgia —sentencio, Kole se acerca a mi mientras Demian se aleja saliendo de la casa aún con su llamada, necesitamos una distracción en lo que llega la policía.
—Entonces eso fue lo que hiciste, ¿No te cansas de hacer daño, Georgia? ¡Carajo! Es tu hija, ¡Tu jodida sangre! En definitiva, al igual que tu madre, eres una mierda.
—¡También era tu madre! —interrumpe, Kole se pasa una mano por el rostro con frustración, su aura se tiñe de un color rojo encendido, está conteniéndose para no hacer algo que nos juegue en contra, se necesita mesura para esta clase de situaciones.
—No, ella solo nos parió, pero nuestra madre fue abuela Mary, ella se ganó el derecho al cuidar y velar por nosotros, en verdad pensé que tendrías un poquito —hace una seña con su dedo pulgar e índice para hacer énfasis en esta última palabra—. De cariño hacia tu hija, pero eres una mierda, Georgia.
El aura de Georgia se altera, pasa su atención de Kole a mí.
—Le diré todo a la policía, maldita bruja —masculla, ¿En serio es tan idiota?
—Adelante —reto con voz seria—. Diles todo, te verán como una jodida loca, los tiempos ya no son como antes, esta vez no creo que el sistema nos falle como cuando éramos pequeños y nos falló a nosotros y a la abuela, pero no permitiré que pase eso, no volverás a lastimar a Ruth, lo prometo.
Sus manos forman puños a los costados, pareciera estar a punto de hacer una rabieta, cuando está por abalanzarse hacia mí, Demian reaparece acompañado con dos policías, me sorprende la rapidez con la que llegaron.
—Es ella —la señala, los agentes se acercan a toda prisa, parecieran en una especie de trance o quizás es mi imaginación, la toman por los brazos y ella forcejea.
—¡Suéltenme!
—Se le detiene por violencia doméstica, tiene derecho a guardar silencio, puede solicitar un abogado y si no, se le asignará uno de oficio, tiene derecho a una llamada.
—¡No tienen pruebas! —grita sin dejar de forcejear, Demian se pone a mi lado al instante.
—Las tienen, Georgia, mañana llevaremos a la niña a servicios infantiles y verán todos esos moratones que le has dejado.
—Nadie los escuchará.
—Lo harán, tengo influencias, unas muy poderosas que harán este proceso rápido, no te preocupes —responde dando un guiño, veo como la sacan de la casa a tirones, a mi mente pasa la idea de que la pequeña está mirando toda esta escena, me agacho hasta su altura y la abrazo mientras ella se desmorona en un fuerte sollozo.
—Tranquila, nena, ya estás a salvo, yo te cuidaré cariño —digo con mimo acariciando su cabeza, ella solo asiente contra mi pecho, es un pequeño ratón asustado, debo mantenerla a salvo.
—Demian, ¿Cómo es que llegó tan rápido la policía? —pregunta mi curioso hermano.
—Justo cuando hacía la llamada, ellos pasaron por aquí, los detuve y ya les expliqué lo que ocurría, antes de hacerlos pasar, hice una llamada rápida a mi hermano Will, es congresista, puede ayudar a qué esto sea más fácil.
—¡Wow! un tipo con poder —dice Kole mientras yo solo trato de consolar a la pequeña, la separo un poco de mí y veo con atención los moratones y rasguños en sus brazos y uno muy marcado en su mejilla, la hija de perra la abofeteo con fuerza, seguro traía puesto algún anillo porque logro notar una marca.
—Debemos curarte eso, nena, tía Kali te va a cuidar —le doy un guiño mientras ella se limpia con su pequeña mano, solo lleva una camiseta encima, está fría, no entiendo como Georgia pudo ser tan cruel con ella, si fuera mi hija la tratara como el tesoro más preciado, un hijo es el regalo más grande de la vida, levanto la mirada y Kole se quita la chaqueta poniéndosela encima mientras le sonríe.
—Ahora pareces un fantasmita con esta cosa encima, revoltosa, vamos, a la cocina, te daré algo que te alegrará —dice juguetón dándole un guiño
—¿Tu cajón de dulces, Kole? —pregunto ladeando la cabeza, él sonríe asintiendo, mi hermano puede ser capaz de resolver los problemas del mundo con dulces, sonrío negando con la cabeza y la niña se acerca a él tomándolo de la mano para juntos caminar hacia la cocina, Demian me ayuda a incorporarme, sus manos se cuelan a mis mejillas acariciándome con los pulgares, cierro los ojos disfrutando de su toque.
—¿Estás bien?
Niego con la cabeza, ahora todo es confuso y tengo miedo de lastimar a alguien.
—Kali, mírame —musita y abro los ojos, veo su expresión de preocupación—. Puedes confiar en mí.
—Tuve tanta ira —sollozo inevitablemente—. Verla maltratando a la niña, ¡Me dio rabia! —mascullo—. Fue como ver una versión mía siendo maltratada de nuevo, Demian, no podía permitir eso, ¡Es solo una bebé!
Me derrumbo llorando, Demian me estrecha entre sus brazos, su mano acaricia mi cabeza imitando el gesto que tuve con Ruth para calmarla, hundo ni rostro en su pecho e inhalo su aroma a la vez que me aferro a su camisa.
—Lo sé y lo comprendo, pero debes controlarte para que nadie salga herido —por un momento me tenso, él parece percatarse de ello y suelta una pesada respiración—. No me mal entiendas, esa mujer merece una cucharada de su propio veneno, pero temo por tu bienestar emocional, eres mejor que muchas personas a las que conozco, no quiero que cargues con culpas innecesarias —explica con calma, levanto un poco mi cabeza, lo suficiente para verlo, su expresión refleja ternura con esa bella sonrisa, una de sus manos va a mi mejilla y comienza a acariciarme con el pulgar, cierro los ojos disfrutando ese tacto tan cálido sin evitar suspirar, al abrirlos de nuevo noto la cercanía de Demian, llevo deseándolo desde que lo vi llegar a casa, me muerdo el labio y mis manos sueltan su camisa y van a su nuca, su mirada se vuelve más profunda, con algo de duda se acerca más hasta que sus labios rozan los míos, nuestros alientos chocan entre sí, mi pulso se dispara sumado a la sensación de electricidad, cuando al fin nos unimos en el tan esperado beso, admito que es una experiencia sublime, primero lento y poco a poco sube su intensidad volviéndose más necesitado y apasionado, tomo la iniciativa haciendo que mi lengua roce sus labios, colándome a su boca saboreándolo, su lengua se une a la mía y un gemido se forma en mi garganta, siento un calor de los mil demonios, mi anatomía reacciona haciendo que mi panti se moje, una de mis manos baja de su nuca hasta su pecho abriéndome paso bajo la tela, siento cómo gesticula una sonrisa contra mis labios, sus manos van a mi cintura acercándome más a su cuerpo.
—Oigan, Ruth ya casi acaba su tazón de cereal, yo que ustedes subo a la habitación —dice Kole haciendo que rompamos el beso, pega su frente contra la mía, nuestras respiraciones están aceleradas, mantengo los ojos cerrados mientras trato de normalizarme.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí, Kole?
—El suficiente como para afirmar que Demian es mi cuñado ahora.
Mis mejillas arden, me separo un poco de Demian y veo esa sonrisa celestial en su rostro.
—Creo que tú y yo tenemos que hablar.
—Adelante, soy materia dispuesta —su tono me resulta sexy, lo tomo de la mano y juntos caminamos escaleras arriba.
—¡Hey! —llama nuestra atención Kole—. En mi buró, el primer cajón, tengo una reserva de látex, tomen los que ocupen.
—¡Kole! —chillo llamando su atención mientras mis mejillas se sonrojan.
—Gracias, cuñado —remata Demian haciendo que mis ojos se abran al máximo.
—¿Tú también? ¡Dios! ¿Qué haré contigo?
—Muchas cosas que nos gustarán a ambos —responde dándome un guiño, niego divertida con la cabeza, creo que esto va enserio.
****** ******