Cuando cumplí 16 empezó a gustarme la noche y la calle, aunque mi madre no siempre me dejaba salir, me rogaba que no saliera y menos en la noche, me advertía que afuera hay muchos peligros y males, yo entendía que mi madre era por tratar de impedir que saliera, así que casi siempre salía sin su autorización, muchas veces se quedó llorando por mi desobediencia, nosotros vivíamos a unos treinta minutos del pueblo, había que caminar por una carretera destapada para poder llegar al pueblo, aún no había luz eléctrica en la carretera, así que cuando salía de noche todo era oscuridad, si había luna se podía ver algo, de resto a lo que pudieras alumbrar con una pequeña lámpara de baterías. Un viernes en la noche, le dije a mi madre que me iba para el pueblo y no sabía cuándo volvía, muchas veces

