¡Hola Charles! ¿Cómo estás? Por mi salud mental, no contestes a esa pregunta.
Ayer, después de escribirte, me quedé un poco triste; pero no me gusta ser una mina depresiva (aunque a veces creo que lo soy). Te puedo decir que hoy me siento bastante mejor. Tal vez se deba a que volví a robarle el cepillo a mi hermana para hacerme una paja. Leí en internet que el sexo (aunque sea estando solo o sola) ayuda mucho a mejorar el estado de ánimo. Realmente creo que así es, porque después de castigarme la concha con el mango de ese cepillo me sentí de maravilla. Tanto, que me quedé como quince minutos chupando de mis dedos el flujo que juntaba de mi v****a, cosa que sólo hago cuando estoy MUY excitada… Charles, no le cuentes a nadie que hago eso porque me puedo llegar a morir de la vergüenza. Eso sí, me muero después de matarte a vos, ¡por buchón!
Volviendo al tema, estoy pasando por momentos difíciles de mi vida pero no me considero una mina depresiva, ni quiero serlo. De todas formas admito que tengo mis grandes momentos deprimentes, los cuales pueden llegar a durar varios días. Mi terapeuta dice que uno de mis principales problemas es mi autoestima. No es que tienda a tirarme abajo a cada rato, sino que no considero que sea una persona que le importe a alguien o que destaque en algo. En pocas palabras, me dio a entender que tengo conflictos con mi personalidad, que hay cosas de ellas que no consigo manifestar o comprender como debiera.
No creo que eso sea algo tan malo, prefiero creerme una mediocre antes que una egocéntrica narcisista, como Miley. Mi hermana no hace más que mirarse al espejo todo el día y hacer comentarios como: «Creo que hoy tengo las tetas más grandes». Y sí, tiene tetas más grandes que las mías, bien por ella, pero tampoco es para que ande repitiéndolo a cada rato… o bien que ande poniéndose esos escotes donde muestra todo. A veces me pelea diciéndome que mi culo no tiene forma, que es grande pero que no destaca como el de ella. Dice que el de ella es más respingado y redondo. Yo no tengo la culpa de que su culo se levante de esa manera y el mío no. Pero tampoco eso me cambia la vida, no necesito mostrar todo el día el culo en pantalones tan ajustados que me marquen la raya de la concha para creerme alguien en la vida.
Además yo sé su gran punto débil: su sobrepeso. Al tener la tendencia a volverse más rechoncha de lo que le gustaría, tiene que cuidarse mucho con las comidas. Se pone loca cada vez que no le entra más uno de sus tan apretados pantalones. A mi vieja le preocupa que Miley algún día pueda volverse anoréxica; pero yo le dije que no hay riesgo de eso ya que a ella le encanta comer, casi tanto como le encanta mirarse al espejo. Otro motivo por el que nunca desarrollaría alguna patología alimenticia es porque sabe que esos kilos de más le dan el cuerpo voluptuoso, con las curvas bien definidas que ella tanto adora. Siempre se anda quejando de las minas que son muy flacas, porque las considera feas, pero igual le duele si yo le digo algo como: «Ya no te entra más este jean, ¿me lo regalás?». Ella sabe que se lo digo a propósito, y se niega a regalarme la ropa que ya no le entra… nunca supe qué hace con ella; tal vez se la regale a alguna amiga.
Hablando en serio, a veces pienso que la que tendría que hacer terapia es ella. Hoy cuando entré a su cuarto a “devolverle” el cepillo (ella no sabía que se lo había quitado), la encontré dándole besos al espejo mientras se masajeaba las tetas. La única ropa que traía puesta era la bombacha. Casi me muerdo de la risa al ver cómo fruncía la boca para besar su reflejo mientras sus tetas, que parecían globos llenos de agua a punto de reventar, se estiraban para todos lados. Tenía miedo de que me descubriera invadiendo su privacidad, pero por suerte estaba con los ojos cerrados. Así que puse el cepillo para el pelo en el suelo y, sin hacer ruido, lo pateé hacia la cama, así ella pensaría que se le había caído. Estaba por salir de la pieza cuando ella aplastó sus tetas contra el espejo y dijo: «¡Qué hermosa soy!». En esa ocasión tuve que morderme el labio inferior para no soltar una tremenda carcajada. Después ella metió la mano dentro de la bombacha y estoy segura de que empezó a hacerse una paja… todo bien con que se pajee, yo también lo disfruto, pero tampoco estoy tan loca como para hacerlo mirándome al espejo y diciéndome a mí misma que soy hermosa.
Bueno Charles, me despido por hoy, quería contarte esto y a veces me encantaría que pudieras darme tu opinión, estoy segura de que también creerías que Miley es un caso clínico.
Hasta la próxima.