Aún recuerdo todas las circunstancias de nuestro primer encuentro hasta el más mínimo detalle, aunque han pasado cuarenta años. Era un día nublado de septiembre es uno de los que no son frecuentes en esta época del año. Los transeúntes sin rostro correteando por la avenida. Un cielo gris, ceñudo, dispuesto a llorar con lluvia en cualquier momento. Artistas callejeros promocionando su trabajo en el mismo boulevard. Al pasar, deslicé una mirada rápida e indiferente sobre los puntos brillantes de los lienzos, dibujos a lápiz, retratos de la gente del pueblo, paneles decorativos chillones con rosas y girasoles al estilo de Van Gogh ... Había de todo un poco allí. Aceleré mis pasos. De repente, mis ojos se posaron en una chica pelirroja delgada con una especie de abrigo a cuadros ridículo. Se

