La cabeza entró hasta la mitad del ano y estiró el esfínter hasta el límite. Me pareció que sentía mi ano estallar por las costuras. De repente, algo hizo clic en mí y, presa del pánico, intenté quitarme el pene, ahorrandome un dolor innecesario. Pero el hombre parece haber previsto mis aspiraciones y acercó mi pelvis a él. Tiré bruscamente y su pene con un sonido húmedo saltó dentro de mi ano en toda su longitud. Mis ojos se oscurecieron por un momento. Un dolor agudo me atravesó abajo y pareció paralizarme hasta la cintura. “Aaai…” Grité y me enderecé. Horrorizada, agarré sus piernas con mis manos y las apreté con todas mis fuerzas, de modo que mis uñas se clavaron en su piel. “Silencio. Cállate. Te acostumbrarás ahora. Se paciente.” Dijo en un susurro caliente en mi oído. Besó el c

