Melissa Drew — Aquella pintura me está mirando. Volteo los ojos ante lo que exclama Alex. — Te puedo jurar que las pinturas no miran a las personas, a menos que estén endemoniados, poseídos con algún espíritu. La asusto y ella me golpea juguetonamente en el brazo. — No te creas que por estar embarazada no puedo golpearte, espera a escupir a mi sobrina y te daré tu merecido. Me río y observó una cuna hermosa, de madera blanca y con detalles color dorado. — ¡Quiero esa! Me acerco con la felicidad estampada en la cara y mi amiga me sigue de atrás, mis manos acarician el mueble y me puedo ver acostando a mi hija en esa cuna. Busco a la empleada y le hago una seña de que se acerque. — ¿Que desea señora Drew? — Quisiera está cuna. — Es una excelente decisión, se le puede quitar una

