* * * * * * * * * Austral * * * * * * * * * * —Ariel… —lo nombro con advertencia, al mirarlo mientras cubro mi mejilla con una de mis manos. —Vamos, Celine —le dice muy serio él. —¡Suéltame! ¡Suéltame! —le ordena la mujer. —Celine… —¡Suéltala, papá! —exclama Brescia al caminar hacia él. —Voy a llamar a seguridad —advierto a la vez que me acerco al teléfono de mi escritorio para hacer la llamada. —Tú no vas a llamar a nadie —determina Brescia al pararse frente a mí e impedir que yo tomara el teléfono. —Hazte a un lado, Brescia —demando seria. —Tú… —me señala con su dedo índice— no vas a llamar a nadie. —Hazte a un lado, Brescia —preciso más seria, pero ella no hace caso—. Brescia… —Yo no me voy a ningún lado —reta—. Y tampoco mi madre ni mi padre —Brescia… —¿Sabes lo que pasó h

