Capítulo 6

2513 Palabras
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * Austral * * * * * * * * * * * * Me encuentro sentada en el piso, con una copa en la mano izquierda y una botella de vino en la derecha. Recostada sobre el enorme ventanal de vidrio templado, el cual me dejaba contemplar uno de los ocasos más nostálgicos que había presenciado en lo que va de mi vida. Las notas de una muy significativa canción hacían lo suyo en el interior de este departamento; en tanto la lluvia y su hermoso sonido hacían lo suyo en el exterior... Respiro profundamente. «Lluvia…» —pienso y sonrío. «Se supone que hoy no llovería» —me digo en silencio al recordar los pronósticos del clima de hoy. —Se supone —susurro a la nada mientras vuelvo a llenar mi copa casi vacía para después beber de ella con tranquilidad—. Igual que aquel día —agrego de repente y sonrío irónicamente mientras los recuerdos de aquel 2 de julio vuelven a invadirme. * * * * * * * * * 13 AÑOS ANTES * * * * * * * FLASHBACK * * * * * * * * * * * Austral * * * * * * * * * * * —¡Ya basta, Austral! —se hace oír mi abuelo mientras siento cómo me hace retroceder con uno de sus brazos para después mirar al niño de bachiller—. Disculpa a mi nieta, por favor —le pide apenado—. Te veo mañana para explicarte tus actividades —agrega de forma gentil y le regala una sonrisa—. Que tengas buena noche. —Gracias, señor Foster —contesta el señalado y se marcha. Inmediatamente, mi abuelo pone a andar el ascensor otra vez y bajamos hasta el estacionamiento de la empresa, el cual se encontraba en el segundo sótano. Caminamos hacia el auto en absoluto silencio y me dispongo a abordarlo. —Conduzco yo —me informa mientras toma la llave del auto que tenía en mi mano— Tú estás un poco alterada —precisa aún muy serio. Yo obedezco lo que me dice y, después de unos minutos, empieza a conducir rumbo a nuestra casa. Ambos vamos callados, no decimos palabra alguna; él, realmente, estaba disgustado conmigo. —Nunca antes habíamos discutido —le digo al no soportar el prolongado silencio, pero este no dice nada; sigue concentrado en conducir—. Abuelo, yo puedo conducir —le propongo, ya que el día de hoy estaba lloviendo y aquello era peligroso. —No es necesario, gracias —contesta al tiempo en que detiene el auto por una luz roja. Después, por fin, voltea a verme—. ¿Quieres algo de música? —La que desees está bien —respondo y él asiente. No me importaba la música en este momento; solo deseaba aclarar este tema de una vez: quería saber por qué no le agradaba Christopher. —¿Sabes algo, Austral? —empieza a hablar nuevamente a la vez que coloca un CD en el reproductor—. Antes de casarme con tu abuela, estuve con otras mujeres a las que creía amar —me empieza a contar y, al mismo tiempo, se hacen escuchar las primeras notas de “Without you” de Harry Nilsson (la canción que mi abuelo y mi abuela habían escogido para recordar su historia de amor)—. Una vez, tuve una relación con una atractiva mujer, pero esta no les agradaba a mis padres… —Abuelo —trato de intervenir al darme cuenta de por dónde iba el asunto, pero este me interrumpe. —Sin embargo, yo estaba muy enamorado de ella —afirma con seguridad al tiempo en que vuelve a poner en marcha el auto—. Daba todo por ella —suspira—; incluso, en varias ocasiones, llegué a discutir con mi madre —revela. —Abuelo, por favor —digo un poco colmada, pero, al parecer, a él no le importaba el cómo me estaba sintiendo; solo seguía con su relato. —En un momento, llegué a creer que ellos no me comprendían; yo amaba a esa mujer y lo único que veía era a mis padres oponiéndose a mi felicidad… —Abuelo —Y, la verdad, es que nadie puede decirte a quién amar y a quién no. Sin embargo, siempre debemos tomar los consejos (parezcan buenos o malos) y analizarlos porque… cuando uno está enamorado —vuelve a detenerse frente a otra luz roja y aprovecha para mirarme —cuando uno está enamorado, no nota los defectos de la persona a quién decimos amar, Austral, y... —¡Ya basta, abuelo! ¡Por favor! —exclamo un poco fuerte y aquel, por fin, deja de hablar y fija su mirada en mí—. ¡No entiendo por qué haces esto! —digo, de pronto, como una especie de reclamo y sin quitarle la mirada—. Christopher lo único que trata de hacer es ayudarte y hacer lo que fuese para ganarse tu afecto, pero tú no está ayudando —hablo de forma apresurada—. ¡No ayudas! —lo enfrento—. Lo único que sabes hacer es reclamarle —puntualizo un poco irritada— ¿Que por qué no hizo esto? O ¿Por qué hizo lo otro? ¿Qué por qué no contrata a alguien? ¿Por qué se reúne con este o con el otro? ¿Qué quién le dio estas atribuciones? Y… y… y podría seguir, abuelo —le digo sin tapujos—. ¡No estás poniendo de tu parte! —exclamo una vez más—. ¡Mientras Christopher se esfuerza por agradarte, tú solo te limitas en resaltar sus defectos y reclamarle hasta su más mínimo error! —le digo lo que pienso sin algún ápice de consideración— Christopher, simplemente, está haciendo todo y tú nada —digo decepcionada y lo observo como buscando una respuesta, pero este solo me mira sin articular palabra alguna—. Di algo por favor —pido suplicante. —Estás alterada, Austral; esta no eres tú —dice y vuelve a poner el auto en marcha. —No lo puedo creer —digo en un susurro mientras desvío mi mirada hacia la ventana y empiezo a negar con la cabeza— No lo puedo creer —menciono un poco más fuerte. —Ya basta, Austral —pide serio y retorno mi mirada a aquel. —Estás siendo muy injusto —le preciso, pero este no se inmuta—. Tú no eres así. —Ya basta, Austral—habla más fuerte—. ¡Te comportas como una niña! —¡Pero ya no lo soy! —le aclaro— ¡Sabes que te amo! ¡Pero también debes aceptar que amo a Christopher! —Hablaremos cuando lleguemos a casa —¡Yo ya no quiero hablar! ¡Quiero bajar! ¡Detén el auto! —le pido ofuscada. —¡Austral! —¡Detén el auto por favor! Necesito caminar. —¡Austral! —¡Que detengas el auto! —le pido más fuerte y este se gira a verme —Austral… —¡Cuidadoooooooooo… * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * FIN DEL FLASHBACK * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * «Cuidado» —pienso una vez más y siento mis lágrimas aparecer de forma involuntaria. Nunca antes había discutido con mi abuelo y, justo aquel día, se me ocurre comportarme como una completa cretina y desagradecida. «Y todo por defender a alguien que no lo valía» —reclama mi subconsciente y, con ello, no puedo contener más mi llanto. —Abuelo —lo llamo en medio de mis sollozos—, perdóname —le pido mientras vuelvo a llenar mi copa vacía—. Te amo —expreso desde lo más profundo de mí a la vez que empiezo a reproducir, una vez más, su canción favorita—, por favor, perdóname —pido una vez más. Sigo pensando en aquel día en el que no solo la vida de mi vuelo se perdió, sino que la de dos personas más también. «Tres si cuento al bebé» —pienso, ya que una de esas personas era una mujer embarazada. Al menos, fue eso lo que supe. La supuesta culpa había recaído sobre un imprudente chófer ebrio, el cual embistió el auto en el que íbamos mi abuelo y yo; así como el auto de aquella familia. Sin embargo, aun así, yo me sentía culpable porque, tal vez, si él y yo no hubiésemos estado discutiendo, él habría estado concentrado en conducir y, muy probablemente, habría reaccionado a tiempo para evadir el impacto, pero no fue así. Aquella fue una estúpida y vana discusión por 2 razones. La primera porque, pasado un tiempo de la muerte de mi abuelo, decidí regresar a la empresa y me enteré que el muchacho, el cual mi abuelo había contratado, no se presentó para empezar con su trabajo; simplemente, desapareció y no se le volvió a ver después. Y la segunda, pero no menos importante, es que la tan importante reunión que tenía mi flamante novio era con Brescia, mi prima, en el departamento de esta última. No me enteré de ello, sino hasta 6 años después; y ese fue el motivo por el cual puse fin a mi compromiso. «No pudiste ser más imbécil» —me insulto en silencio mientras una sarcástica sonrisa se forma en mi rostro—. «No pude ser más imbécil» —me repito. —Así que aquí estabas —se hace escuchar una voz bastante familiar para mí y lo único que atino a hacer es levantarme del piso y limpiarme las lágrimas lo más rápido que puedo. —¿Se puede saber qué haces aquí? —respondo mientras me dirijo al sofá que se encontraba en mi sala y, al llegar a aquel, deposito la botella de vino y mi copa en la mesita de centro. —Solo quería saber cómo estabas —responde quien sería mi mejor amigo. —Estoy bien, Pete; ya vete —contesto con amargura. —Conmigo no tienes que fingir, Austral; lo sabes —puntualiza y observo cómo este se dirige hacia mí y toma asiento a mi lado. —¿A qué hora se supone salía tu avión? —pregunto con molestia al ver que no tenía intención de irse pronto. —Aún estoy a tiempo —es lo único que me responde mientras toma mi copa de vino y empieza a beber de ella. —No quiero que arruines un negocio por llegar tarde —le advierto y este me mira divertido—, sino me veré en la agradable necesidad de despedirte —agrego y mi pelinegro amigo solo se limita a sonreír. —Eres única, Austral —suelta de pronto y siento cómo me envuelve en un abrazo. —Por favor, Pete —me quejo—. Hoy no quiero sexo —le digo un poco divertida y aquel se ríe. —Bueno, la verdad, yo sí, pero no tengo mucho tiempo; así que debemos dejarlo para otro día —responde relajado y yo lo observo con cara de pocos amigos. —Tranquila, no me pongas esa cara. Prometo que te lo compensaré —determina y me guiña un ojo de forma pícara. —Ya vete, Pete — le pido al soltarme de su abrazo y este no se opone. —¿Qué te pasó en el vestido? —cuestiona curioso y yo dirijo mi mirada a mi prenda favorita; y no puedo evitar que la molestia regrese a mí. —Un idiota derramó café en ella. —Entonces era cierto— precisa al sonreír abiertamente —¿Qué cosa? —Que despediste a alguien del supermercado —¿Y tú cómo sabes eso? —interrogo y este se encoge de hombros. —Cinthia me contó —Cinthia… —repito—. No la despedí porque la necesito; necesito a una persona de confianza como mi asistenta. Hoy en día es difícil conseguir a alguien de fiar, pero creo que cualquier día la voy a despedir por indiscreta —comento y escucho a mi amigo reírse ligeramente. —Tranquila, Austral —me pide—, no puedes ir por el mundo despidiendo a quien se te da la gana solo porque se te ocurra —expresa con cierta seriedad y me doy cuenta de que, en realidad, sí tenía razón. —Tienes razón —le digo— Mañana daré la orden de que busquen al hombre y lo contraten —le informo—. Ahora solo quiero descansar para ir a esa fiesta —digo desganada. —Si no tienes ganas de ir, no vayas —¿Estás demente? —le pregunto al mirarlo fijamente—. Esa fiesta es uno de los recuerdos que tengo de mi abuelo. Él siempre la celebraba cada año, sin excepción, y yo seguiré con esa tradición —afirmo muy segura— Así eso signifique tener que aguantar a toda mi familia —añado cansada. —Estoy seguro de que tu abuelo comprendería si ya no las organizas —afirma—. Él te amaba —suelta sin pensar y aquellas palabras solo me provocaban dolor, pues sí era cierto; sin embargo, yo ya no me sentía digna de todo el amor que él me dio; yo no lo merecí; fue demasiado para una estúpida y desagradecida como yo. —Ya basta, Austral —sisea mi amigo y vuelve a abrazarme— No fue tu culpa y… además, todos discuten alguna vez en su vid… —Ya vete, Pete —lo interrumpo al soltarme de su agarre e, inmediatamente, me pongo de pie para dirigirme a mi habitación. Entro en ella de prisa, cierro la puerta rápidamente y me recuesto en esta última. Pete era un gran amigo, pero ahora no tenía ganas de hablar y tampoco de estar acompañada. —Austral —escucho, sorpresivamente, su voz desde el otro lado de la puerta al haber dado unos toques en ella—. Ya me voy —informa— estaré aquí lo más pronto posible; te lo prometo. Me llamas si necesitas algo y, si es muy urgente, tomo el primer avión. Te quiero, cuídate —es lo último que dice y luego, solo escucho cómo se va. Yo suelto un profundo y prolongado suspiro; y me permito meditar por unos minutos; trato de evaporar los recuerdos, pero me es imposible; así que solo me limito a caminar a mi cuarto de baño para ducharme y proceder a cambiarme para asistir a la fiesta anual de los Foster.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR