**Punto de vista de Alice** La mansión estaba en silencio absoluto cuando entré, el eco de mis tacones resonando en el mármol como tiros en la noche. Julián me había dejado en la puerta con un beso largo y baboso, sus manos apretándome el culo como si ya fuera suyo, y sus mensajes vibrando en el bolso: “Te extraño ya, reina. Mañana te recojo y no te suelto”. Los ignoré todos. Porque mi cabeza no estaba con él. Estaba con el cabrón que manejó todo el camino callado, con la mandíbula tan apretada que parecía que iba a romperse los dientes. Subí las escaleras descalza, el vestido rojo subiéndose por los muslos con cada paso, el corazón latiéndome como un tambor de guerra. Mamá y papá todavía no habían llegado del hotel, la casa era mía. Y él… él estaba en su cuarto al final del pasillo, com

