Capítulo 8 A veces el amor te hace ciego y no ves a tu alrededor las cosas que puedes hacer mal o lo que puede afectar al resto. En este caso, Lauter me había hecho entender eso. Me había dado una lección sin lugar a duda. Mis ojos comenzaron a abrirse lentamente, y para mi sorpresa, me encontraba acostada en una enorme cama con unas sábanas blancas tan limpias que de cierta manera parecían deslumbrar por si solas. Poco a poco fui viendo a mi alrededor. Estaba en una habitación que parecía una especie de palacio, en donde tus paredes eran una combinación de oro, plata y tonos pasteles. Había una pintura en el techo, de ángeles bebes que revoloteaban alrededor de una mujer de cuerpo desnudo. Parecía una pintura antigua, de siglos. ¿Dónde demonios estaba? Me sentía mareada, a veces lograb

