CAPÍTULO 22 Llegó la noche y para lograr distraerme empecé a hacer la cena. Si Bertha no iba a estar para hacerla , la haría yo con gusto. Comencé a picar un par de verduras, y las empecé a cocinar bañadas en aceite en una sartén. Encendí la radio, y una mujer cantando en italiano empezó a sonar. La melodía era pegadiza. Cuando me di cuenta, estaba movimiento las caderas al ritmo de la música, mientras revolvía las verduras. Piqué un poco de carne que había en la nevera y las agregué a la sartén. Bajé el fuego y dejé que se cocine. Abrí una lata de gaseosa que también encontré y comencé a beber mientras observaba la playa de noche, viendo como la luna estaba en su máximo esplendor. No vi a Sebastián en todo el día, no después de aquel abrazo que me dio y que de cierta manera me hizo

