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1363 Palabras
El sentimiento de alegría y positivismo invadía a todos los miembros del grupo. Llenaron el bar del tío de Arturo, y los comentarios acerca del éxito del concierto no paraban. El son cubano animaba el ambiente. En una esquina, Melissa charlaba animadamente con Ismael y Juan Carlos, mientras Andrés y Patricia compartían una pequeña mesa en la que había una botella de aguardiente. El sitio estaba decorado con fotos de reconocidos músicos caribeños, mesas rústicas con su respectivo candelabro, y lámparas de fique de diferentes colores. Andrés, que ya se había tomado un par de tragos, intentó agarrar la mano de Patricia. Ella, abriendo los ojos, la retiró y dijo: –Oiga, no se me ponga romántico solo porque sus amigos dicen que cantó bien ésta noche. – ¿Y a ti no te parece que canté bien? –preguntó Andrés. –Pues has mejorado, pero te falta un poquito. – ¿Entonces cuando ya no falte ese poquito si me vas a aceptar una salida? –Mmmm, está complicado, porque llegar a ser un cantante decente toma su tiempo, y yo no quiero llegar a solterona –dijo la rubia antes de reír. Andrés se atacó de la risa. – Una mujer tan divina como tú, ¿solterona? Nunca jamás. –Pilas, que me haces poner roja. –Tú de cualquier color eres preciosa. –Sí, sobre todo verde, al estilo "Hulk" –dijo Patricia arqueando las cejas––, y ya estoy empezando a decir bobadas, como que me está empezando a afectar el producto. –Oye, en serio, mira…, salgamos mañana a almorzar, hay unas hamburguesas buenísimas frente a Unicentro –dijo Andrés. –Ay, no sé, es que Francisco quiere que lo acompañe al autódromo. –Pero que, si tú ya no tienes nada que ver con él. –Pues yo sé, pero es que mis papás lo adoran. – ¿Y es que tus papás se van a cuadrar con él o qué? Patricia se sirvió una copa de aguardiente y se la tomó de un sorbo, hizo cara de que le había sabido fuerte y después puso una sonrisa de oreja a oreja mostrando su espectacular dentadura. –Más bien toca más invitacioncitas como ésta, me cae mejor el aguardiente que las hamburguesas. –Pues de una, no se diga más. El próximo viernes podemos ir a un barcito por la quince que vale la pena, solo ponen rock y algo de disco. – ¿Y si nos dejan entrar? Aquí porque es el bar del tío de Arturito, pero un par de sardinos de quince y dieciséis no creo que los dejen pasar de la puerta, y menos en un bar de la quince. – ¿Tú ya tienes quince? –Preguntó Andrés. –Pues claro. –Y no invitaste a la fiesta. –No hubo fiesta. – ¿Y eso? –No ves que mi papá está sin trabajo y a mi mamá le toca poner todo, y ella no gana mucho en donde está. –Oye, qué pena, no sabía… –Ya, fresco, más bien tomémonos el otro –Patricia le sirvió a Andrés y llenó su propia copa–. Salud, porque tomes harto aguardiente a ver si se te mejora la voz. –Salud, por la niña más linda de todos Los Cuarenta –dijo Andrés. –De Los Cuarenta no, solo hay veintiún mujeres, y Adriana es más linda que yo, y hasta de pronto Luisa. –Para nada, tú eres la más completa. –Pero la más vaciada también. –No todo es plata… –Seguro, ve a decirle eso al señor que pasa cada mes a cobrar el arriendo. –Yo sé –dijo Andrés–, pero es que hay gente, como tu ex, que solo se la pasan faroleando, viven de apariencias. –Dejemos a Pachito por fuera de esto. –Ahora es Pachito… –Pues claro, siempre lo ha sido. Pero oye, hablando de plata, la vieja ésta que andaba con Esteban… como que tiene mucha, ¿verdad? –Eso parece… –dijo Andrés, sintiéndose incómodo. – ¿Y todavía andan ese par?, hace rato no los veo juntos, o por lo menos la vieja no ha vuelto a pasar a mirar los ensayos. – ¿Hace rato? –Si, como un mes. –Ellos siguen, lo que pasa es que ella está… creo que por Europa. –No le digo, unos que les falta… y otros que les sobra. – ¿Oye, pero están muy mal en tu casa? –preguntó Andrés sirviendo más aguardiente en las dos copas. Patricia agarró la suya y los dos las desocuparon de un solo sorbo. –Nooo, tampoco, estamos bien, es que a veces se me sale lo socialista, sobre todo en esta clase de ambiente como bohemio con son cubano y mochila. –Ah bueno…, pero sí, tienes razón, hay gente con mucha plata en este país –dijo Andrés. –Sí, es que volviendo al tema, las dos o tres veces que Esteban trajo a su noviecita a mirar los ensayos siempre llegaban en severos carros con chofer y todo. –Sí… me acuerdo, es que el papá de Mónica es arquitecto y como que ha hecho mucho billete construyendo casas. – ¿Mónica se llama la niña? –Sí, ya llevan más de dos meses saliendo, la vieja es re buena gente. –Dos meses de mentira, porque si anda por Europa… –Pues sí, supongo que ese tiempo no vale mucho. En ese momento llegó Esteban a la mesa. Llevaba una cerveza en la mano. – ¡Mis queridos compañeros! –Siéntate, Esteban, ¿ya te emborrachaste o qué? –preguntó Patricia. –Nooo, para nada, estaba hablando con el tipo que pone los discos. El disc jockey, como lo llaman ahora. Se nota que sabe resto de son cubano. –Pues ni modos que no supiera… trabajando aquí –dijo Andrés. Patricia le acercó una silla a Esteban. –Pero ven te sientas al lado mío que te quiero preguntar algo. Esteban se sentó y Patricia movió su silla para quedar aún más cerca de él. Andrés no pudo evitar que su boca mostrara una mueca. –Estábamos diciendo aquí, con tu amiguito Andrés, que tú llevas más de dos meses con tu noviecita, pero pues en realidad como la niña se la pasa de viaje, pues entonces a la hora de la verdad no son dos meses… digo yo… – ¿De viaje? –preguntó Esteban, su frente arrugada mientras miraba a Andrés. –Sí, es que yo le estaba contando a Pati que Mónica está ahorita de viaje por Europa –dijo Andrés, al tiempo que le daba un suave puntapié a la pierna de su amigo. Esteban cogió la botella de aguardiente y dijo: –Oigan, regálenme un traguito de esto. –Todo tuyo –dijo Patricia mientras le servía una copa–, pero no me cambies de tema. Esteban se tomó el aguardiente. –Esta mezcla me va a matar, ya llevo dos cervezas y ahora con este aguardiente… –Mmmm, pero como que no quieres hablar de la muchachita –dijo Patricia. – ¿Pero qué tanto interés en ella? –dijo Andrés. –Pues nada, es que como estábamos hablando de la gente de plata –dijo Patricia. –Monita linda, parece que ya te están cogiendo los tragos –dijo Andrés. – ¡Ay mira!, no empieces con eso, estamos celebrando y podemos hablar de lo que sea. Entonces, Esteban, ¿tu niña anda de viaje o no?, ¿o es que terminaron y Andrés se está inventando cosas? –No, mona, no hemos terminado, es que con la emoción de la noche se me había olvidado lo del viaje –dijo Esteban. –Si claro, seguro… –Patricia cogió la botella y sirvió las tres copas–. Salud por la novia de Esteban, para que regrese pronto de Europa antes de que este niño tan lindo caiga en las garras de otra. Esteban y Andrés se miraron, los dos con los ojos más abiertos de lo normal, y brindaron con su compañera.
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