65 Para Esteban fue una enorme sorpresa el ver a Eduardo ingresando al hotel. Llevaba un poco más de una hora en el lobby esperando a que apareciera la que se suponía era su novia. Se había pasado el tiempo viendo entrar y salir a cantidades de turistas, familias enteras, parejas, hombres de negocios y trabajadores del sitio. Se levantó de su silla para irse a reunir con su antiguo compañero, quien lo saludaba desde la distancia. – ¡Esto sí es una sorpresa! –dijo el baterista a modo de saludo. – ¿Tú crees que me iba a perder la presentación de Los Cuarenta estando yo tan cerca? –dijo Eduardo mientras estrechaba la mano de su compañero y dejaba en el piso un pequeño morral que llevaba en la espalda. – ¿Cómo te ha ido por Barranquilla? –Perfecto, esa ciud

