100 Siendo las cuatro de la tarde, Los Cuarenta tomaron turnos para montarse en los ascensores que los llevaron al piso ciento siete de la torre número dos del World Trade Center, lugar en donde se encontraba la plataforma de observación bautizada Top of the World por los constructores de los dos enormes edificios. Al llamativo paisaje, que Esteban y sus compañeros estaban disfrutando a través de los grandes ventanales, se sumaban los colores del atardecer, los cuales empezaban a asomar en un cielo que durante el primer día de la década no había sido visitado por una sola nube. Al joven baterista le llamó la atención la forma cómo, paulatinamente, se empezaban a encender las luces de los edificios a su alrededor. Los más llamativos eran el de la Chrysler, el Empire State y el de Pan Amer

