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3134 Palabras
17 Esteban llegó a casa de Mónica sobre las siete y media de la noche. El estudio no se encontraba muy alejado, y gracias a que ya había escampado, el tráfico no había sido el desastre que generalmente era a esa hora. La empleada le abrió la puerta, y como siempre lo hacía, lo hizo seguir a la sala principal de la casa. Alcanzaban a llegar a sus oídos algunas voces que al parecer provenían de la cocina. Por la hora que era, pensó que toda la familia se encontraría cenando en el comedor auxiliar. Recordó que debido a su afán por llegar a ensayar con su novia, no se había detenido a comer en ninguno de los restaurantes de comida rápida que se encontraban por el camino. Siempre ponía todo lo relacionado con ella por delante de cualquier otra cosa. Se había convertido en lo más importante en su vida, y si lograba que estuvieran juntos en el grupo, su mundo sería casi que perfecto. Pensaba en las otras niñas del grupo, en Adriana, en Patricia, en Luisa, las más bonitas; o en Melissa y Silvia, un poco menos agraciadas físicamente, pero igualmente simpáticas y con un talento musical impresionante. Ninguna de ellas se podía comparar con su novia, ni en lo uno ni en lo otro. Estaba por encima de ellas en todo; en la forma como sentía la música, como la interpretaba, como la transmitía. Todo esto acompañado de su belleza física, sus lindos ojos azules, sus facciones tan perfectas, su boca, su pelo, su cuerpo. Pensaba que sería una gran injusticia si no llegase a ser aceptada en el grupo. Esa clase de talento, esa capacidad y esa belleza, no se podían desperdiciar, y Los Cuarenta iban a tener la oportunidad, en un par de días, de poder tenerla entre ellos. Se había perdido un gran cantante: Eduardo había sido de lo mejor del grupo, pero por fortuna, Mónica poseía todas las cualidades para reemplazarlo y superarlo, para llegar a ser uno de los miembros más destacados; de esa clase de personas que, sobre un escenario, llaman la atención de tal forma que el público se llega a olvidar de la existencia de cualquier otra persona u objeto que pueda encontrarse a su alrededor para enfocarse única y exclusivamente en ella. Nuevamente se vio sorprendido cuando volteó a mirar y la vio parada a un costado de la sala. Estaba tan linda como siempre, vestía su uniforme de colegio, y en las manos llevaba una bandeja con comida. –Hola, mi nene, me imaginé que no habías comido porque llegaste rapidísimo. Esteban se puso de pie y le dio un pico en los labios mientras tomaba la bandeja entre sus manos. – Hola mi Monina, mil gracias, estos son los detalles que enamoran. –Siéntate y come, y me cuentas todo –dijo Mónica mientras los dos se acomodaban en uno de los sofás. Esteban tomó un sorbo de jugo y probó la comida. – ¡Uy, amor!, esto está delicioso –dijo mientras saboreaba el pollo y las papas fritas que su novia le había traído. –Lo preparó Clarisa, ella es experta en la cocina. – ¿Ella es la gordita o la alta flaca? –La gordita, ella siempre está en la cocina. La flaca es Azucena, ella es la que aspira, tiende las camas, todo eso… –dijo Mónica mientras jugaba con las puntas de su pelo. –Ya, corazón, pues cocina muy bien, te cuento. –Sí, aquí a todos les fascina lo que prepara, empezando por mí. Pero cuéntame nene, ¿cómo te fue en el ensayo? Esteban tomó un sorbo de jugo. –El ensayo… bien; practicando algunas de las cosas que se van a tocar en Cali, te imaginarás, más que todo salsa. Pero antes de eso hablaron sobre lo de las audiciones. A Mónica le brillaron los ojos. – ¿Si? ¿Y qué dijeron, nene? –Monina, tienes que estar lista para el miércoles a las cuatro y media. –Perfecto nene, allá estaré muy puntual, yo le digo a Jaime, el conductor, que me lleve, para que no tengas que venir por mí. –Me parece bien, pero mira te cuento como va a ser la cosa. –Cuéntamelo todo –dijo Mónica mientras le robaba un sorbo de jugo. – Te toca tocar el piano en una pieza, el arpa en otra y cantar en otra. Total, tienes que tener tres piezas listas para ese día. – ¿Y me toca sola?, o sea, ¿o voy a tener algún acompañamiento? –Tú solita, solo de piano, después solo de arpa y finalmente te toca cantar acompañada de una pista. –Entiendo, nene. Pero toco lo que yo quiera, ¿verdad? –Lo que tú quieras, Monina, siempre será lo que tú quieras –Esteban se inclinó y la besó en los labios. Cuando se separaron, Mónica preguntó: –¿Y quién escoge el que queda? –Después de tus primeras tres canciones, todo el mundo vota; de ahí los dos que tengan más votación pasan a una segunda ronda, en la que tienes que tocar el instrumento que tú quieras y cantar al mismo tiempo… pero solo una canción. –Entiendo, mi nene –dijo Mónica sonriendo. –Y en esa segunda ronda, solo los del comité y Arturo, son los que votan para decidir quién queda. – ¿Y hay mucha gente más participando? ––preguntó Mónica mientras le recibía la bandeja y la ponía sobre la mesa de centro de la sala. –No muchos, amor –dijo Esteban mientras su novia se volvía a sentar al lado suyo–, en total son cinco, contándote a ti. –Menos mal, pensé que serían mínimo diez o algo así. Esteban le cogió la mano y dijo: –No, amor, generalmente no han sido más de cinco o seis los que se presentan. –Bueno, más posibilidades para mí ––dijo Mónica sonriendo. –Lo importante es que si te escogen, tienes que quedarte ese día para el ensayo con todos, y el jueves también hay ensayo, y además estar lista para viajar a Cali el viernes en la noche. –Claro, nene, no te preocupes, yo ya hablé eso con mis papás y dijeron que no hay problema. Mi papá molestó un poco, pero mi mamá lo convenció… Pues si quedo… Yo ya armando viaje cuando ni siquiera se sabe quién quede. –Yo no conozco a los demás, pero viendo como tocas tú, no creo que haya ningún problema. –El problema es que no me asuste, me den nervios y la embarre –dijo Mónica torciendo la boca. –Ese día te tomas una agüita de valeriana antes de la audición y quedas lista para tocar lo que sea –dijo Esteban riendo. –No te burles, nene, todavía hay muchas cosas que me dan nervios –dijo Mónica poniendo cara de niña consentida. Esteban la abrazó y la llenó de picos en los labios y las mejillas. –No me burlo, mi corazón, vas a ver que tú eres la mejor y que cuando empieces a tocar tu piano, no vas a saber lo que significa la palabra nervios. –Eso espero, nene, en serio que no quiero dañar esta oportunidad que tengo… Sería la segunda vez… –Te entiendo perfectamente, y sé que esta vez todo va a salir bien, vas a ver. –Tenerte a ti a mi lado va a ser clave –dijo Mónica. –Siempre vas a tenerme a tu lado… para lo que sea. –Gracias, mi nene –dijo Mónica abrazándolo. –Entonces, ¿qué te parece si nos ponemos a ensayar? Mónica se levantó del sofá y haló a su novio para ayudarlo a parar –vamos a la sala del piano, no hay tiempo que perder. Entraron a la sala del piano y se encontraron a Marcela que, cómodamente sentada en una poltrona, se encontraba hablando por teléfono. Al verlos, se despidió de la persona que estaba al otro lado de la línea y colgó. –Hola Esteban, ¿cómo vas? –saludó al novio de su hermana con una amplia sonrisa. –Bien, Marce, aquí listos para ayudarle a Moni con lo de la preparación para la audición. – ¡Genial!, sí me contó, ¿y cómo va eso? –Sigan hablando mientras yo voy y me cambio, que me va mejor si no estoy en uniforme de colegio –dijo Mónica y salió por la puerta que comunicaba al hall de las habitaciones. Esteban le hizo un guiño a su novia y volteó a mirar a Marcela. –Va muy bien; tu hermanita definitivamente es un genio para la música. –Ojalá yo hubiese sido así –dijo Marcela mientras se paraba de la poltrona y se sentaba en la butaca del piano–, pero me acuerdo que cuando me metieron de chiquita a clases de guitarra, me aburrí como a la tercera lección. Esteban se sentó en el sofá. –– ¿Y es que eras muy pequeña? –Yo creo que tenía como cinco o seis años, y pues claro, a esa edad se aburre uno muy rápido… pues a excepción de ustedes que empezaron a tocar instrumentos antes de gatear –dijo Marcela riendo. –Tienes razón, yo toda la vida he estado en este cuento, no me acuerdo de alguna época de mi vida en que no estuviera tocando algún instrumento. – ¿Y fuera de la batería tú que más tocas? –La guitarra, aunque en el grupo casi siempre estoy en la batería o en los coros, casi nunca me toca la guitarra. –Ya, ¡genial! ¿Y si crees que mi hermanita pueda entrar? –preguntó Marcela antes de morderse el labio inferior. –Estoy totalmente seguro… no conozco la competencia, pero Moni tiene todas las aptitudes para pertenecer a Los Cuarenta. –Ya… ojalá sea así, ella está muy ilusionada con ese cuento. –Yo también lo estoy, para mí sería lo máximo tenerla en el grupo, y que vaya con nosotros a Cali este fin de semana. –Es que mira, Esteban, yo todavía la veo muy nerviosa, como muy asustada por todo… y mi papá dice que hay que mandarla a Canadá… pues a menos que entre al grupo y pueda concentrarse en eso, y que pueda empezar a pensar en otras cosas. – ¿Entonces si no entra… tu papá la manda por fuera del país? –preguntó Esteban con una mueca en la cara. –Prácticamente… –Pero Marce, yo la he visto bien, cada día mejor. –Contigo siempre está bien, tú le has ayudado mucho… tu compañía ha sido clave. El problema es cuando tú no estás, ella se pone nerviosa, casi no quiere salir, todavía llora un poco… En ese momento entró Mónica a la sala; ya se había cambiado a un jean azul y un sweater color crema e iba descalza, como era su costumbre; tenía una inmensa sonrisa en la cara. –Lista, nene, ahora si empecemos que se nos hace tarde. Esteban la miró con una sonrisa, y pensó que no podría permitir que su novia se fuera del país por el hecho de no ingresar a Los Cuarenta. Para él sería casi que el fin del mundo. Era su obligación ayudarla al máximo, poner todo de su parte para que fuera aceptada en el grupo. –Yo los dejo para que puedan practicar tranquilos –dijo Marcela mientras se ponía de pie y salía de la sala–, me voy a llamar a Edgar desde el otro teléfono, es que me ha estado llamando toda la tarde. –Bueno, Monina linda, si quieres podemos ensayar lo de tú voz, y dejamos para mañana lo del arpa, o como tú prefieras. –Sí, nene, me parece bien, empecemos con algo que ya conozco, y después tú me dices con qué seguimos. Así como para ir calentando un poquito. Tal y como se lo había dicho Catalina, y como él se lo había sospechado, su novia tenía una voz demasiado buena. Podía subir la entonación como cualquier soprano, además de tener un dominio excelente de los tonos. Para entrar en calor, hizo una demostración de lo que mejor dominaba. Al igual que con el piano, lo clásico era lo que Mónica más había practicado en su vida. Desde los cinco años había tenido profesores particulares de piano y canto, y a los nueve su mamá la había inscrito en clases de arpa. Debido a la influencia de sus profesores, el estilo clásico era el que siempre había predominado. Nunca le había dedicado mucho tiempo a practicar otros tipos de música, no porque no le gustaran, sino porque la exigencia del género clásico era tan alta, que le impedía gastar cualquier cantidad de tiempo en otros estilos de música. Después de interpretar casi que a la perfección tres piezas clásicas, Esteban sugirió que debían continuar con algo un poco más contemporáneo. Mónica estuvo de acuerdo. –Nene, yo había pensado que para lo de la voz, lo mejor que tengo es algo de Gloria Gaynor –dijo Mónica mientras se sentaba en el sofá. –Me imagino que sería "I will survive". –Sí, esa es súper, o también puede ser "Never can say goodbye" que tiene un ritmo rapidito muy disco. –Pues miremos las dos, creo que es lo mejor. Mónica se puso de pie y se dirigió a la biblioteca, buscó entre unos libros y sacó un par de hojas que entregó a su novio. –Esas son las partituras, nene, para que me acompañes con la guitarra. Esteban las miró detenidamente durante unos minutos. –Perfecto, ¿con cuál de las dos quieres empezar? –Con “I will survive” que es más lentica. –Listo –dijo Esteban cogiendo la guitarra. Mónica se sentó en la butaca e inició con las primeras notas en el piano, las cuales fueron seguidas por las palabras "At first I was afraid", con una entonación casi perfecta, y con una voz bastante parecida a la de la mismísima Gloria Gaynor. Esteban acompañaba con la guitarra mientras miraba a su novia y le sonreía en señal de aprobación. Se dio cuenta que su novia tenía tanto talento para la música disco, como lo tenía para la clásica. Su pronunciación del inglés no dejaba percibir ninguna clase de acento y la coordinación entre voz e instrumento era impecable. Repitieron la misma pieza cuatro veces hasta que quedaron satisfechos y convencidos de tenerla lista para la audición. Tomaron un pequeño descanso antes de seguir con la segunda opción. –Perfecto, Monina, me parece que vas muy bien. Ahora sigamos con la otra que quieres tener lista para el miércoles. –Bueno, nene, esta es más rapidita, alista tu partitura y arrancamos. Al igual que en la anterior pieza, la interpretación de Mónica de "Never can say goodbye" fue bastante aproximada a la versión original. Utilizando un tempo más rápido, se tuvo que exigir un poco más, tanto en el piano como en la parte vocal. Había momentos en que Esteban dejaba de tocar la guitarra para concentrarse, y seguir más de cerca, la forma en que su novia se estaba desempeñando. Parecía que Mónica llevara toda la vida practicando este tipo de música, pero lo que más le llamaba la atención, era la forma como cantaba y tocaba el piano; se notaba como se estaba divirtiendo, como gozaba con este ritmo, como la alegría le salía hasta por los poros, como sentía la música. Era evidente la diferencia entre la forma como interpretaba la música clásica y la música disco. Era excelente en los dos géneros, pero los ritmos más modernos la mostraban con mucha más vida, mucha más energía, muchas más ganas de mirar hacia el futuro y de olvidar el pasado. –Parece que hubieras nacido cantando a Gloria Gaynor, mi Monina, ¡qué impresión! –dijo Esteban mientras ponía la guitarra contra la biblioteca. Mónica rió suavemente y se levantó de la butaca estirando los brazos hacia arriba, tratando de relajarse un poco. Su novio se acercó y la abrazó fuertemente, le dio un pico en cada mejilla y después otro en los labios. –Cualquiera de las dos te sirven perfecto para la audición, ya toca que tú decidas con cual te sientes mejor. –¡Ay!, no sé, las dos me gustan mucho, de pronto usar una para la primera ronda y si paso a la final… puedo usar la otra. Esteban se quedó pensativo y dijo: –Yo creo que si pasas a la segunda ronda, y estoy seguro de que vas a pasar, sería mejor cantar algo de alguien más, como para que los del comité y Arturo vean que eres más polifacética. Mónica lo cogió de la mano y lo llevó hacia el sofá. Cuando estaban sentados le dijo: –Tienes razón, mi nene, la cosa es que no se me ocurre que otra podría ser. –No sé… –dijo Esteban pensativo–, de pronto algo en español… se me ocurre. – ¿De salsa o tropical, dices tú? –Podría ser, el grupo toca mucho ese género. –Lo único que se me ocurre en ese estilo es Celia Cruz, pero esa voz a mi si me queda imposible –dijo Mónica haciendo una mueca–, pues como para hacer un buen cover… creo. –Oye, Monina, ¿y si cantas la versión en español de "Chiquitita" de Abba? Mónica se recostó y miró hacía el techo como evaluando la sugerencia de su novio. –Podría ser… ¿y qué tal algo de una artista latinoamericana? –También; lo que pasa es que el grupo todavía no se ha metido por ese lado, pero igual es solo para que ellos vean que puedes manejar varios estilos. –Pero pensándolo bien, por ese lado la mayoría es música protesta bastante lenta, y yo quiero algo rápido –dijo Mónica mientras seguía mirando hacia el techo. –Pues hagamos una cosa, Monina, como ahorita ya está tarde, más bien mañana nos vemos por ahí a las cuatro y media. Apenas salga del colegio me vengo para acá, ensayamos la parte del arpa y miramos lo de la otra canción. –Listo, mi nene, me parece bien, y mientras tanto vamos pensando cual puede ser la canción ganadora –dijo Mónica con una leve sonrisa. Se despidieron en la puerta de la casa con un largo abrazo y un tierno beso y Esteban partió a buscar una buseta que lo llevara a su casa en medio de la fría noche bogotana.
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