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2686 Palabras

76 No hubiese podido estar más triste y aburrida. Al menos no estaba lloviendo, lo que hacía ver todo más lúgubre, aunque en este caso un poco de agua no habría sido una mala cosa. Afortunadamente, si es que a eso se le podía llamar fortuna, su esguince de tobillo solo había sido de grado uno, el más leve de todos. El médico de Cartagena, después de observar con detenimiento la radiografía que le habían tomado, no dudó en recomendarle quietud por un par de días y luego iniciar algunos ejercicios que la ayudarían a restablecer la movilidad. No sería necesario llegar a los extremos de una terapia formal si seguía al pie de la letra las instrucciones del galeno. Y tratando de seguirlas, se encontraba recostada en su cama, con la pierna apoyada en un par de almohadas, haciendo los movimientos

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