74 –Afortunadamente, hermano, lo de Adriana fue solo un esguince ahí chimbo y lo de Sandra un rasponcito todavía más chimbo –le dijo Esteban a Edgar. Se encontraban sentados en unos pequeños troncos en el jardín de la casa de Esteban disfrutando de una soleada tarde de martes. –Pero Adriana se iba portando como severa arpía… –comentó Edgar. –Yo no sé…, esa pobre la verdad no sé cómo es que aguanta tanto, yo no podría vivir así… –Yo sí que menos, pero también muy mamón para usted tener a esa vieja ahí molestando día y noche y usted bien con Mónica –dijo Edgar. –A veces me da lástima porque ella, a la hora de la verdad, es muy querida… –Entonces bote a Mónica y se cuadra con ella –dijo Edgar en tono de burla. –Usted está loco, a mi Monina no la c

