Él primero en llegar a la biblioteca fue Elliot, el cual seguía mirando con demasiado asombró aquella biblioteca, aquel joven seguía sin poder creer el gran poder que esa biblioteca podría tener, tal vez si pedía poder conocer el paradero de su madre, podría ser que lo descubriría en cuestión de segundos o tal vez tenerla a su lado de nuevo, eso sería grandioso, al menos eso pensaba Elliot, aquel joven pensaba que sería demasiado simple.
Unos minutos después, Elizabeth iba llegando, aquella joven miro por todos lados para poder ver si encontraba a su nuevo amigo, hasta que su mirada se detuvo en un punto, lo había encontrado.
Ambos se vieron con alegría y rápidamente corrieron el uno al otro.
— Su se cumplió — dijeron ambos chicos al mismo tiempo.
Ambos jóvenes soltaron una risa ante está coincidencia.
— ¿ Que deseaste ?— pregunto Elliot repentinamente, aquel joven tenía mucha curiosidad.
Elizabeth empezó a jugar un poco con su cabello, ella estaba nerviosa de confesarle lo que le pasaría si aquel deseo no se cumplía, así que se armó de valor y decidió decirle su secreto.
.— Verás, yo me iba a casar, pero con este deseo, ya no lo haré — dijo con emoción aquella joven.
— Wow ¿A tu edad?— pregunto Elliot un poco intrigado.
— Aunque no lo creas, hay chicas menores que yo que se han casado por los alrededores en donde vivo, así que he tenido suerte — dijo Elizabeth con una leve sonrisa.
— Realmente me alegra que tú deseo se haya cumplido, así no tendrás que casarte con alguien que no quieras — soltó de repente aquel joven.
— Tienes mucha razón, ¿Tú qué deseaste?— pregunto ahora Elizabeth mientras reflejaba curiosidad en su rostro.
Elliot empezó a jugar un poco con sus dedos — Que me dejaran de molestar por solo creer en la fantasía — soltó de repente aquel joven un poco avergonzado.
— ¿Que?, No puedo creer que solo por creer en cosas que los otros no creen, te traten mal, tu solo no debes hacerles caso, tu puedes creer en cualquier ser de fantasía que quieras creer, tú puedes usar tu imaginación — dijo aquella joven mientras le intentaba dar ánimos a Elliot.
— Algunas personas no piensan igual que tú, me agrada que nos hayamos conocido — soltó aquel joven repentinamente.
— A mi también — dijo Elizabeth con una gran sonrisa.
— ¿Leemos algo? — dijo con entusiasmo Elliot.
— Claro que sí — dijo Elizabeth muy emocionada.
Elliot empezó a buscar el libro de las estrellas fugacez, pero por más que lo buscaba, no lo podía encontrar, él estaba seguro que lo había puesto en el lugar en donde lo estaba buscando, pero era realmente extraño que no lo encontrará, Elliot solo quería respuestas sobre su madre.
Por otro lado, Elizabeth estaba sacando un libro de uno de los estantes.
— Esquitche — susurro en voz baja Elizabeth — ¿Que son eso?— se preguntaba a ella misma — suena interesante — concluyó aquella joven, para luego dirigirse rápidamente hacía dónde estaba Elliot.
— Mira — dijo con emoción Elizabeth mientras le mostraba el título a Elliot.
— ¿Esquitche?— pregunto aquel joven confundido
— Me da curiosidad, tal vez son criaturas buenas — dijo Elizabeth de repente.
— Suena que es un nombre muy interesante — dijo de repente Elliot mientras abría el libro.
— Los Esquitches, pequeñas criaturas que son muy traviesos, cuidado si te encuentras uno, ya que son demasiado veloces y para atrapar uno, puede ser un poco difícil — dijo Elizabeth mientras leía el libro.
— No te preocupes, tal vez no son tan traviesos como leíste o ¿Podría ser que si? — pregunto Elliot un poco asustado.
Elizabeth se alzó de hombros ya que no sabía que responder a lo que le había preguntado Elliot.
La persona que se escondía detrás de las sombras, poco a poco salió de dónde estaba escondido.
— ¡OH NO! Los liberaron—dijo la persona que siempre estuvo observando a ambos jovenes desde las sombras detrás de ellos, aquella persona era una jovencita que aparentaba unos 16 años y que media aproximadamente un metro con sesenta centímetros.
Ambos chicos de repente se asustaron cuando escucharon esas palabras a sus espaldas, ya que no conocían aquella voz y además de todo, solo sabían que ellos dos asistían a ese lugar.
— Nos iremos dando vuelta poco a poco, tal vez así no nos haga daño — dijo Elliot de repente mientras tragaba saliva y le decía entre susurros a Elizabeth, sin voltear a ver.
—Estoy de acuerdo— dijo Elizabeth también muy asustada con todo esto.
La joven que estaba detrás de ellos, solo los podía ver con detenimiento y extrañeza, para ella, esto que hacían Elizabeth y Elliot era raro, ya que ella no planeaba hacerles daño a ninguno de los dos, aunque aquellos chicos, pensaran lo contrario de todo eso.
— Vamos— dijo rápidamente Elliot entre susurros a su amiga.
Ambos chicos empezaron a dar vuelta poco a poco, hasta quedar frente a frente con aquella joven.
— Hola — dijo aquella chica que se podía ver un poco transparente, con una gran sonrisa.
— Tu tú tú tú tú — Elizabeth no podía articular muy bien la frase que quería decir, ya que estaba un poco asustada por la chica a la que acababan de conocer, más bien por como se veía ya que su cuerpo se veía transparente, era realmente un fantasma.
— Tú ¿Quien eres?— alcanzó a decir Elliot con un poco más de valor.
— La guardiana de este lugar, mi apareción iba a ser después, ya que necesito su ayuda, pero dado que hicieron que esas cosas escaparan, cometieron un error al liberarlas, así que quieran o no, tendrán que ayudarme a atraparlas — dijo la fantasma con una gran sonrisa.
— ¿Por qué son tan preocupantes?— preguntó Elliot con confusión.
— Por... — aquella fantasma iba a decir una frase, la cuál no pudo terminar de decir, ya que fue interrumpida por uno de los dos chicos.
— Agh, mi cabello ¿Quien fue? — grito enojada Elizabeth mientras se tallaba la cabeza y no fue capaz de poder ver al responsable de eso, Elizabeth empezó a mirar a todos lados intentando ver quién se encontraba cerca como para poder jalarle el cabello, pero le fue imposible, ya que ahí solo había una fantasma y Elliot, el cual sabía que sería incapaz de hacerle algo así.
— Aquellas criaturas son muy traviesas y lo acaban de descubrir, durante tiempo he cuidado de está biblioteca y ustedes los acaban de liberar, así que es necesario que ustedes me ayuden a atraparlos, yo no puedo tocarlos— dijo alzándose de hombros aquella fantasma — solo miren, soy una fantasma y no puedo agarrar a ninguna de las criaturas que salgan de los libros — dijo la fantasma mientras se miraba de pies a cabeza.
—Aceptamos nuestro error y aceptamos ayudarte — dijo de repente Elliot.
—Estoy de acuerdo con él — dijo Elizabeth mientras señalaba a su amigo.
— ¿Cómo podemos ayudarte a atraparlos?— pregunto de repente Elliot.
— A ellos les gusta el dulce, si logran conseguir algo de eso, podrían atraparlos, solo me falta advertirles que tendrán menos de tres segundos para poder atrapar a esos pequeños animalitos, ya que son muy veloces y escurridizos — concluyó la fantasma.
— ¿De dónde sacaremos algo dulce?— pregunto confundida Elizabeth.
— Ese ya no es mi problema, si no él de ustedes — dijo la fantasma mientras regresaba a la oscuridad en donde se escondía.
— Vaya, conseguir algo dulce será un verdadero problema y ella ni nos ayuda — dijo Elizabeth mientras se cruzaba de brazos.
Elliot empezó a pensar un poco y rápidamente agarro su mochila y la abrió, sacando libro tras libro y todo lo que tenía en el interior de la maleta.
— Lotería — dijo Elliot mientras sacaba rápidamente un gran chocolate, que aparentemente medía unos 50 cm y lo alzaba, como si de un trofeo se tratara — me lo iba a comer hace días, pero se me había olvidado — dijo aquel joven mientras se rascaba la cabeza.
— Que bueno que no lo hiciste, este chocolate nos servirá de mucho — dijo de repente Elizabeth.
— Ahora a armar alguna trampa — dijo Elliot rápidamente.
Ambos jóvenes se pusieron en acción, así que Elizabeth y Elliot se separaron para poder encontrar algo en aquella biblioteca que les pudiera servir de ayuda.
Elizabeth encontró una soga y rápidamente la tomo — Esto puede ser de ayuda — dijo aquella joven con una gran sonrisa.
Elliot estaba al otro lado de la biblioteca también buscando, encontró una caja que se veía muy pesada, donde algunos libros estaban guardados — Esto puede servir, lo devolveré después — dijo Elliot de repente mientras sacaba los libros, aquel joven agarro la caja, pero la tuvo que llevar arrastrando por lo pesada que estaba.
Ambos jóvenes se vieron dónde estaban con anterioridad y mostraron lo que tenían.
— Muy bien, solo nos hace falta un palo para ponerlo en medio, pero ¿Dónde lo conseguimos ?— pregunto Elliot con confusión.
Elizabeth empezó a merodear hasta que por un estante, vio un libro delgado, tanto que parecía un palo, así que de inmediato lo tomo y lo llevo hacía dónde estaba su compañero.
— Mira, lo encontré— dijo con emoción aquella joven.
— Perfecto, es hora de armar la trampa — dijo Elliot mientras agarraba todo lo que habían encontrado y empezaba a armar la trampa para aquellas criaturas.
— ¿Va todo bien? — pregunto Elizabeth repentinamente.
—Espera — dijo Elliot mientras estaba terminando de armarlo ya que tenía que encontrar el equilibrio de los objetos, después de unos segundos, Elliot había terminado — listo, ten— dijo con emoción aquel joven mientras le entregaba la soga a Elizabeth, el cual tendrían que jalar cuando todos estuvieran adentro de la caja.
— Ahora falta que caigan en la trampa — dijo Elizabeth con una gran sonrisa.
A lo lejos, un Esquitche, una criatura de aproximadamente treinta centímetros, peludo y que a simple vista se ve tierno, pero cuando está haciendo travesuras, que es la mayoría de veces, su apariencia es un poco más escalofriante, al menos para aquel que lo alcance a ver, ya que es rara la persona que ve a uno cuando está en su estado terrorífico y se detiene por un momento, aquella pequeña criatura estaba escuchando a lo lejos con mucha atención lo que aquellos jóvenes decían, a lo cual solo hizo una gran sonrisa, él no pensaba caer en su trampa.
Elliot puso el chocolate dentro de la trampa, esperando que las criaturas mordieran el anzuelo.
— Listo — dijo aquel chico con una gran sonrisa triunfadora, Elliot esperaba que su pequeña trampa, fuera eficaz y certera.
—Escondamonos — dijo Elizabeth de repente.
Elliot asintió con la cabeza a lo que decía Elizabeth, así que rápidamente ambos jóvenes se escondieron detrás de un estante.
Ambos jóvenes esperaron por un par de minutos, pero ninguna criatura llegaba.
— ¿Funcionara?— pregunto un poco dudosa Elizabeth.
Elliot ya se estaba durmiendo, pero al escuchar a Elizabeth, eso hizo que se levantara rápidamente.
— Si, si, estoy seguro que funcionara, tiene que funcionar — dijo Elliot poniendo su mirada en aquella trampa.
— Mira — dijo en un susurro Elizabeth, ella estaba emocionada — se ve tan tierno — dijo de repente.
— Oh vaya, con que eso es un Esquitche — dijo asombrado Elliot.
Aquella pequeña criatura estaba entrando a la caja, pero de pronto, su forma cambio a ser de una criatura escalofriante, haciendo una risa que daba miedo y poco a poco se acercaba más, ambos chicos se asustaron con esa transformación repentina.
El pequeño Esquitche se estaba metiendo a la trampa, cuando de pronto, más Esquitche se aparecieron y se metieron a la trampa.
Ninguna criatura más entro y tenían que hacerlo rápido, antes de que aquellas criaturas escaparan.
— Tira de la soga— dijo en un susurro Elliot.
Elizabeth obedeció de inmediato.
De repente se escuchó la gran caja caer, Elliot corrió muy rápidamente y se sentó en la caja, haciendo que aquellas criaturas no pudieran salir, aunque los Esquitche tampoco se rendían, ya que empezaban a golpear la caja, pero sus esfuerzos eran en vanos, la caja parecía estar más pesada de lo que parecía.
—¡Fantasma, los tenemos!— dijo Elizabeth en un pequeño grito.
La fantasma poco a poco fue saliendo de dónde se encontraba.
— Muy bien— dijo con una gran sonrisa mientras llegaba con el libro de los Esquitche y se dirigía hacía dónde estaba la caja con aquellas criaturas.
Aquella joven movió un poco las manos y un gran brillo salió de repentinamente de ellas.
Elizabeth y Elliot estaban realmente sorprendidos.
— Levanta la caja — le dijo la fantasma de inmediato a Elliot.
Aquel joven lo hizo sin replicar.
La fantasma trono los dedos y poco a poco y uno por uno, los Esquitche iban desapareciendo, para poder entrar en el libro.
— Lo hicieron muy bien — dijo la fantasma con cara de aprobación.
— Me alegra haberte ayudado, ahora sí, necesito ir a mi época, fue un gusto conocerte — dijo Elizabeth mientras se dirigía a la puerta.
— Yo también tengo que irme — dijo Elliot mientras también se dirigía a la puerta principal.
— ¡ALTO!— dijo la fantasma de repente, esto hizo que ambos jóvenes se exaltaran, ninguno sabía que estaba pasando.
— ¿Por qué?— pregunto confundida Elizabeth.
— Hay algo que tengo que decirles — dijo aquella fantasma con una leve sonrisa.
Ambos jóvenes se miraban con confusión, ninguno sabía lo que estaba pasando o que les diría aquella fantasma, no sabían realmente que era lo que le pasaba a aquella joven.