Capítulo 18

2116 Palabras
Aquellos jóvenes todavía estaban muy sorprendidos por lo que acababa de pasar, no sabían que un simple deseo podría tener tanto poder en sus vidas, ahora ningúno quería que alguno de esos deseos se hiciera realidad, ya que podría traer mucho desastre a su paso y eso no sería bueno para ninguno, ya que eso eso implicaría que sus familias se podrían destruir y era lo que ellos menos querían. — Eso fue horrible — dijo Elliot mientras miraba con lágrimas en sus ojos s Sabrina. — Lo que vi no me gustó para nada, mi familia, no quiero imaginarlo — dijo Elizabeth de repente mientras lloraba. — Créanme que yo no sabía que elegirían ese libro, pero el que eligieron es el libro de los deseos, el cual es capaz de revelarte el que pasaría si, tu deseo sucedía — dijo la fantasma mientras les explicaba. — Pues quiero que ese deseo ya no suceda por favor, aunque eso implique dejar mi felicidad de lado — dijo entre súplicas Elizabeth. — Yo amo a mi padre y si ese deseo sigue siendo realidad, todo se vendría abajo y yo no lo podría soportar, por favor, te pido que no siga siendo una realidad  — dijo con extrema tristeza Elliot. — Muy bien, aquellos deseos desaparecerán en este preciso momento — dijo Sabrina mientras tronaban los dedos. De repente una ráfaga de luz entro a la biblioteca e iluminó con mucha intensidad un libro, ambos jóvenes quedaban viendo con asombró, hasta que la ráfaga desapareció, muy rápidamente Elizabeth y Elliot fueron a ver de qué libro se trataba, Elliot lo tomo en sus manos. — Las estrellas fugacez — susurro Elliot asombrado. — ¿Que fue eso ?— pregunto Elizabeth sin poder creer lo que estaba pasando. — Bueno, verán, cuando salieran de este lugar, esos deseos aún seguirían siendo una realidad, en eso les mentí, pero las consecuencias que vieron, esas si eran reales y así que ese libro les fue de gran ayuda, ya que ustedes debían pedir renunciar a aquellos deseos para que desvanecieron, si no lo hacían, tendrían que atenerse a las consecuencias de un "inofensivo" deseo — concluyó la fantasma con una sonrisa mientras hacía enfados en inofensivo. Elliot y Elizabeth seguirían buscando su diario, que por alguna razón estaba en algún libro, Elliot ansiaba poder conocer la verdad sobre el paradero de su madre, él estaba que ella estuviera realmente bien, aunque eso tuviera que implicar poner su vida en riesgo, pero eso no le importaba realmente. —¿ Están listos para buscar el siguiente libro?— pregunto la joven fantasma de repente. Ambos jóvenes tragaron saliva, era obvio que seguían muy nerviosos por todas las cosas que estaban pasando en aquellos días, desde descubrir una biblioteca mágica, hasta que sus vidas dependieran de encontrar un diario, cada vez quedaba menos tiempo y ellos tenían que darse prisa  — Eso creo — dijo aún muy nerviosa Elizabeth. — Si— se limito a decir Elliot mientras asentía. — Muy bien, busquen y tomen el libro que gusten, yo estoy segura que en este estante está, yo lo vi, lo puedo asegurar es lo último que recuerdo — dijo la fantasma muy segura de si misma. Ambos jóvenes creían en la palabra de aquella chica, ya que lo decía con mucha seguridad, pero encontrar aquel libro que tanto deseaba la fantasma era muy difícil dado que llevaban muy pocos libros leídos de aquel estante y aún les faltaban muchos por leer y aventurarse en ellos y por si fuera poco, el tiempo lo tenían muy limitado, así que sin pensarlo más agarraron un libro de aquel estante ya que el tiempo era muy valioso en aquel lugar y mucho más para ellos que no podían desperdiciar ni un segundo. — El mundo de las ranas — Elliot se quedó extrañado ya que era un título un poco raro, pero chistoso a la vez. — ¿Todos los títulos de libros de este lugar, son graciosos ?— pregunto Elizabeth de repente con una ligera risa. — Algunos — se limito a decir aquella fantasma con una ligera sonrisa. Elliot soltó un suspiro — Vamos, el tiempo en este lugar es valioso — dijo aquel joven de inmediato mientras interrumpía a aquellas jóvenes. — Tienes razón, lee por favor — pidió con amabilidad Elizabeth, a lo que Elliot asintió con decisión, ambos jóvenes estaban preparados para adentrarse en una nueva aventura. — El mundo de las ranas; Harry Benson, un joven de tan solo 17 años buscará la manera de salir del mundo de las ranas, ya que al intentar deshacerse de una, a viajado a otro mundo donde enfrentará el desprecio de aquellos a quienes a odiado— poco a poco Elliot iba leyendo aquella frase, la cuál les serviría de portal para viajar adentro del libro. De pronto poco a poco un gran rayo salió y absorbió a los jóvenes, llevándolos a adentrarse en nueva aventura dentro del libro. Elliot y Elizabeth cayeron en un gran charco lleno de agua, Elizabeth se notaba muy molesta. — ¡Mi vestido!, esto hará que pese mucho — dijo Elizabeth mientras se lamentaba. Después de unos segundos, Elliot volteó a su lado para poder ver a Elizabeth, pero lo que vio no era lo que esperaba ya que se empezó a reír. — ¿De que te ríes?— pregunto Elizabeth mientras miraba en dirección a Elliot — tu cara— dijo sorprendida. — ¿Esta verde?, Por qué la tuya si y además, eres una rana — dijo con sorpresa Elliot. — Tu también — soltó de repente Elizabeth. Una mosca iba pasando por enfrente de aquellos jóvenes, cuando Elizabeth estiró muy grande la lengua y logro atraparla para luego comérsela, Elliot soltó una pequeña risa por lo que acaba de hacer su compañera de aventuras. — Oh, ni una palabra — dijo Elizabeth un poco sonrojada. Elizabeth rápidamente se paró y empezó a caminar, pero de pronto se paró por unos segundos para poderse sacudir un poco para luego poco a poco y contrabajo salir fuera de aquel gran estanque, ya que se le dificultaba un poco caminar por el simple hecho de que tenía un gran vestido y con solo mojarselo se empapó demasiado hasta el punto de que pesaba más que ella. Rápidamente Elliot se paró y a toda prisa se dirigió a aquella joven. — Déjame te ayudo — dijo Elliot mientras tomaba del brazo a Elizabeth. — Muchas gracias — dijo aquella joven mientras ambos iban saliendo. — Ahora a encontrar a ese tal Harry, aunque será un poco difícil, no sabemos cómo es él — dijo Elliot mientras puso sus dedos en su quijada en sinónimo de estar pensando. Elizabeth quedó mirando hacia un lugar en específico — No será tan difícil — dijo aquella chica para luego con sus manos agarrar el rostro de Elliot y posicionarlo en la dirección a la cuál estaban viendo en esos momentos. Aquella escena de la historia era que aquellas ranas se ensañaron con un joven, al cual estaban golpeando, era obvio que aquel chico no podía defenderse ya que estaba siendo golpeado por otros 7 chicos ranas, la multitud le ganaba a aquel pobre joven, el cual lo único que pudo hacer fue hacerse bolita para intentar protegerse. Elliot y Elizabeth veían tal escena con horror. — Tenemos que ayudarlo — dijo de repente Elizabeth — Es más que obvio — dijo Elliot mientras agarraba unos palos que había encontrado a un lado y uno de ellos se lo daba a Elizabeth. Ambos jóvenes asintieron y salieron corriendo. — Dejenlo — dijo Elliot mientras iba corriendo. — No temeremos usar estos palos — soltó Elizabeth mientras intentaba seguir el ritmo de Elliot. — Vámonos — dijo con mucho miedo uno de aquellos chicos ranas. El joven al cual habían golpeado seguía estando en una rueda. — Por favor, no me hagan daño — dijo aquel joven mientras temblaba. — No tienes de que preocuparte, hemos venido a ayudarte — dijo de repente Elliot mientras se acercaba a aquel joven e intentaba darle confianza. — ¿Lo lo dicen en serio? — pregunto el chico mientras poco a poco se incorporaba para luego sentarse. — ¿ Por qué te golpearon?— pregunto Elliot mientras se sentaba al lado de aquel chico. — Es un poco vergonzoso, hace unas horas era un humano todavía, pero le tiré un poco de ácido por "diversión"— aquel joven hizo enfasis en diversión — a una rana y después de eso recuerdo beber un poco de agua y encontrarme en este lugar, donde solo he recibido maltrato por parte de sus habitantes, lo que se es que sigue viva, si no lo estuviera no se que pasaría conmigo— dijo muy triste. Elizabeth quería sentarse, pero sabía que si lo hacía, sería muy difícil pararse, así que decidió escuchar aquella plática parada. — Lastimar a un animalito indefenso y que no te ha hecho daño alguno, es más, ni te molesta, no es bueno, estás teniendo tu castigo, a veces si haces mal a alguien, te irá mal, deberías pedirle disculpas, aunque eso no remedie nada, pero tal vez, ellos quieran eso y prometas no volverlo a hacer — le aconsejaba Elliot  Aquel joven se quedó pensando por un breve momento y una pequeña lágrima recorrio por su mejilla. — Yo no sabía que aquellos animalitos pudieran sentir tanto dolor y todo por mi culpa— dijo aquel chico mientras se lamentaba. — Oye, todavía no es tarde de que te arrepientas y pidas perdón, yo sé que ellos serán comprensivos y prometerles que no lo harás de nuevo— dijo Elizabeth con una ligera sonrisa.. — Muchas gracias, se dónde están — dijo aquel joven mientras se ponia de pie, suspiraba hondo y empezaba a caminar. Elizabeth y Elliot se alzaron de hombros y de inmediato siguieron a aquel joven. A lo lejos se empezaba a apreciar que se veían unas diez ranas alrededor de alguien mientras intentaban curar sus heridas y lo alimentaban. Harry trago saliva — No puedo hacerlo, son muchos— dijo mientras se mordía el labio. Elliot lo detuvo y lo miro fijamente — Tienes que pedir perdón y espero lo hagas en verdad, de que si te arrepientas, ya que no es bueno hacerle daño a los demás — dijo Elliot mientras caminaba un poco con Harry. Harry suspiro y en cuestión de segundos se encontraba frente a aquellas ranas los cuales lo miraba con furia, aquel joven estaba esperando que no le hicieran daño. — Mucho daño haz hecho, tu castigo será pagarlo y sufrir en este lugar, mira, nuestro amigo está muy lastimado — dijo una de las ranas mientras se hacía a un lado y dejaba mostrar a aquella rana lastimada. Harry empezó a llorar — yo no sabía que podría hacer tanto daño, yo solo quería divertirme, en verdad lo lamento — dijo aquel joven muy arrepentido. Las ranas se quedaban viendo sorprendidas. — Dejenlo por favor, yo yo lo perdono — soltó la rana lastimada — acércate — soltó de repente. Aquel joven paso por en medio de aquellas ranas enfurecidas — Hacerle daño a los demás, solo demuestra lo mala persona que eres, por favor no lo vuelvas a hacer — dijo con una ligera sonrisa la rana lastimada. — Lo prometo, muchas gracias — dijo Harry mientras abrazaba a aquella rana. De pronto un brillo se empezó a hacer presente en ambos. La rana lastimada empezó a sanar, las heridas que tenía habían desaparecido inmediatamente. Todos estaban sorprendidos. — Creo que pedir perdón y perdonar, son el remedio — soltó aquella rana con una gran sonrisa mientras le daba otro gran abrazo a aquel chico. De repente otra brillo empezó a iluminar, los brazos de aquel joven empezaron a hacerse grandes, todos sabían que era lo que estaba pasando. — Nunca los olvidaré y cuídare de ustedes — dijo aquel joven mientras cada vez más y más, su cuerpo empezaba a tomar la forma de un humano, hasta que rápidamente, termino y ya era un humano de nuevo. — Los cuidare, es una promesa y gracias a ustedes por ayudarme — dijo aquel joven mientras corría a su casa de nuevo. — Nos tenemos que ir — dijo Elliot mientras agarraba de la mano a Elizabeth y salían corriendo, ya estando lejos de aquellas ranas y sin decirles nada, una ráfaga de luz volvió a aparecer, llevándolos a la biblioteca. Ambos jóvenes salieron del libro un poco agotados, aún sin poder encontrar el preciado libro de aquella joven fantasma.
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