El amanecer invernal encontró a Elara despierta, el cuerpo aún vibrando con el eco del juramento sellado en la piel. Observaba el perfil dormido de Kaelen junto a ella, esa paz robada a la violencia de sus pasados, cuando el primer rayo de sol se filtró por la ventana. En el momento en el se paraba de encima de las pieles sintió el abrazo tierno pero fuerte de Kaelen transmitiendole un sentimiento de paz y calor maravilloso. La transición entre la intimidad de la noche y la responsabilidad del día era tan abrupta como necesaria, juntos tomados de la mano se encaminaron a la casa principal. La puerta trasera de la cocina de Stormholt se abrió con suavidad, dejando entrar el aroma fresco de la mañana helada junto con Elara y Kaelen, cuyas ropas aún conservaban el leve aroma a leña de la cab

