Todo el tema de administración, documentación, entre otros, lo llevaban los empleados de la discográfica de mi padre. Él los contrató expresamente para ello. Al igual que nuestro abogado. - Solo tienes que decir la verdad – dijo Jin mientras ponía sus manos sobre mis hombros. - Lo sé – dije volviendo a morder mis uñas. Este, con la mano, apartó mis dedos entrelazándolos con los suyos y, sin más, me besó. - Si quieres morder algo para relajarte, te presto mis labios. Lo mato....lo mato....ese tonto había hecho que mi cara se pusiera colorada. Ya no sé si estaba más nerviosa por tener que hablar frente a un juez o por las palabras que acaba de soltar. - ¡Jin! – dije mientras le daba un pequeño golpe causando su risa. - Solo bromeaba – hizo una pausa – en parte. Me encanta besarse. E

