CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO Salimos a las diez y media después de permitir que Logan me besase. Era un beso de despedida que yo deseaba. Quería un cierre para no mirar atrás y preguntarme qué habría pasado si… No tenía mucho con qué compararlo, pero, aunque lo tuviese, estaba segura de que nunca lo olvidaría. Mi primer beso verdadero. Ahora me preguntaba si hubiese estado mejor sin saber que existía tal cosa. Fue un beso tan tierno, compasivo y dulce… No hubo carga s****l en la mezcla ni trató de tocarme. Con una mano ahuecó la base de mi cabeza y la otra apoyada ligeramente en mi cintura. Y todo terminó. Estábamos en camino. Nuestros últimos minutos juntos antes del adiós final. Lo miré por el rabillo del ojo y vi cómo agarraba el volante. Los nudillos blancos, la mandíbula apretada.

