Capítulo 41

2377 Palabras

CAPÍTULO CUARENTA Y UNO Ambos miramos la puerta cerrada unos instantes. ¿Qué está pasando? Rafael se giró hacia mí con la postura relajada subyacente a las olas furiosas que golpeaban mis sentidos. “No me pareces peligrosa”, repitió. Ignoré su comentario y solo lo miré. ¿Me consideraría peligrosa si le arrancaba la vida? ¿Podría hacerlo lo suficientemente rápido como para que no se diese cuenta del ataque? Sería interesante saber si podría succionar la vida de un enemigo sin que él se percatase de que era demasiado tarde. Igual que sus ojos, el pelo de Rafael era castaño, con un rostro delgado de bordes afilados, lo que le daba una apariencia prominente y peligrosa que hasta los humanos comunes serían capaces de sentir. “Supongo que es cierto el dicho de que las apariencias engañan”,

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