CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE Si Remo Drammen me había asustado hasta hacerme sentir como un flan cuando lo conocí en Las Vegas, ahora, en esta tierra de muerte, en este otro mundo, me petrificó. Un miedo irracional, un instinto nacido en la época en la que la gente vivía en cuevas transmitiendo historias a sus hijos sobre las que ahora leemos en libros religiosos. Un sentimiento intenso en lo más profundo de mi alma, un lugar que nunca había sido tocado. Digo irracional pues, el tipo estaba allí de pie sin hacer nada amenazador y para más inri, vestido con un ridículo traje azul eléctrico y gafas redondas con montura de plástico. Parecía un friki urbano sobre el que todo el mundo tenía algo que opinar. Solamente un introvertido tipo inofensivo. No. Inofensivo no era. Era uno de los seres m

