CAPÍTULO TREINTA Y UNO Estuvo un buen rato en el cuarto de baño. Para cuando decidió hacer acto de presencia, yo ya me había recuperado y estaba lista para actuar. Hacía algún tiempo que había oscurecido. Tendríamos que haber estado comprobando esas direcciones. Pero, no, pensé con sarcasmo, Logan tenía que enfurruñarse e irse un tiempo. Como si fuese yo la que abusó de él. Me estremecí y envié el recuerdo a un rincón oscuro. Seguro que no volvería a bajar la guardia, ni permitiría que el miedo me congelase. Si intentaba algo, estaría preparada. Por si acaso decidía que quería seguir solo, husmeé en su portátil que seguía encendido. La mayoría de los archivos estaban protegidos, pero el que tenía mi nombre estaba abierto. Memoricé las direcciones y me fijé en otro archivo titulado ‘Fosch

