CAPÍTULO QUINCE Condujimos en silencio después de eso. No había nada que ver más que cactus y el desierto sin fin. Combinado con el ronroneo del motor y el zumbido del aire acondicionado que me arrullaba hasta que me quedaba dormida, solo para despertarme cada vez que pasaba otro vehículo. Todavía tenía dolor, tenía hambre y necesitaba orinar. Para colmo de males, las únicas prendas de ropa que tenía estaban manchadas y arrugadas. Me prometí vestirme decentemente cuando fuera a ver a mi madre. ¿Cómo reaccionaría cuando me viese? ¿Cómo había estado ella todos estos años? ¿Seguía siendo investigadora de laboratorio? ¿Seguía viviendo en la misma casa o en el mismo barrio? Cuando consulté hacía más de un año, esa dirección pertenecía a otra persona. ¿Se había ido porque mi ausencia le había

