Eduardo estaba sentado en el estudio de su casa. Un vaso de licor era sostenido por su mano mientras observaba un cuadro. No sabía que tiempo tenia ahí, era fácil no darse cuenta del transcurrir de las horas porque su cabeza estaba en su propio mundo. Se había vuelto una rutina hacer ese tipo de cosas, su mente se quedaba en blanco o simplemente pensaba en una única persona o en los errores que había cometido. Desde que terminaba de trabajar volvía a su casa y se encerraba en su estudio. Si no era bebiendo hasta olvidarse de todo era fumando. Si dijera que se dio por vencido sería mentira, rendirse no lo veía como una opción. Pero desde el día que se encontró con Yamel en la casa de su abuela tenia un sentimiento de pérdida que no lograba desaparecer de él, se posicionaba en su pecho y

