Justo al otro lado de la calle Eduardo estaba parado con una expresión aterradora. Había mirado por casualidad en esa dirección. Para su sorpresa distinguió la figura de Yamel. A su lado estaba ese hombre, sosteniendo su mano. El asistente que estaba al lado de Eduardo se quedó en silencio. Había estado escuchando lo que debía hace para comenzar el divorcio entre el y su nueva esposa cuando de repente todo a su alrededor se enfrió. No sabía si preguntar. Irse o esperar a que le dijeran algo. El asistente miró su libreta de apuntes y esperó. Después de todo, le pagaban por presenciar momentos incómodos. — Te puedes retirar. Procura que todo los documentos estén correctos y procede con la demanda. Eduardo se subió a su auto después de decir esto. Ya no podía pensar en nada más que la i

