PHOEBE La mano libre de Omar se perdió entre mis piernas y mi pantalón. Sus dedos iban estimulando suavemente todo mi cuerpo. —Quiero que grites mi nombre mientras te sumerges en el más absoluto y divino placer, que no te contengas hasta llegues al límite. —Sus palabras no hacían más que estremecer mi cuerpo encendiendo ese fuego abrumador que solo él podía controlar. —¿Podrías esperar a llegar al departamento? —Eso hice, cariño. —dijo y abrí mis ojos dándome cuenta de que ya habíamos entrado al estacionamiento del edificio. Acomodé mi pantalón, mientras Omar se bajaba y venía a mi puerta para ayudarme a bajar. Tomó mi mano y casi corrimos dentro del edificio. Nos dedicamos miradas y sonrisas, mientras esperábamos al ascensor. No fue hasta que este llegó y entramos en el que comenzó e

