¿Por qué lo estoy provocando? ¿Es así como comienza la locura lunar? ¿Con chistes malos y que me arranquen la cabeza con la trenza, desnuda excepto por un cárdigan prestado? No se ríe, pero tampoco me parte el cuello como si fuera una ramita. Él como que ladea la cabeza. —¿Por qué no te gusto?— —Bueno...— No sé por dónde empezar, pero sí sé que decir casi cualquier cosa honesta sería un gran error. —Quiero decir, por un lado, me estás tirando del pelo. Duele.— Me mira fijamente durante un largo segundo y luego alisa mi trenza para que cuelgue sobre mi hombro izquierdo. Tira del elástico y con una mano deshace las secciones, con cuidado de no tirar. Pasa sus dedos por los mechones sueltos. Despacio. Suavemente. Sus dedos miran los picos erguidos de mi pecho. Su tacto es demasiado ligero

