—[…] Entonces creen que la muerte de mamá y papá tiene algo de trasfondo.
Mordió su hamburguesa y gime mirando el cielo, definitivamente puede vivir a base de ellas. ¡Son deliciosas! Más las que tienen doble queso cheddar… Mmm…
La mesera juzgaba con la mirada a Saskia. ¿Es que acaso no había ido media hora antes con otro chico?
—m****a. —Suelta estupefacto Cole. —No tienes magia, pero si un poder.
—El problema es que verle los recuerdos a alguien no me tendrá a salvo. Tú tienes poderes, puedes protegerte, pero yo no. El rumor de que hay una bruja sin magia ya ha llegado a los cazadores y cuando se enteren que es un Hewitt vendrán a por mí sin dudarlo.
—Te protegeré. —Afirma sin dudarlo dos veces.
—Lo sé. —Sonríe. —Pero llegará el día que no pueda esconderme detrás de ti. No siempre estarás para salvarme.
—¿Y qué haremos? ¿Cómo desviamos a los cazadores?
—Necesitamos a Hunter. Intentaré mañana en el instituto hablar con él, sé que me ayudará, pero no sé si será suficiente. Creo que Hunter no es un muy buen cazador. En el recuerdo Hunter era distinto, no quería ser un cazador, estaba consternado. Pero ahora no sé si sigue pensando igual que antes. Si es un cazador fijo le creerán, pero si es un cazador con inseguridades sospecharan el doble.
—Si Hunter fracasa sabrán que eres tú la que no tiene magia.
—Si Hunter fracasa tendremos que escondernos en el instituto y llamar a Karteen, ella lo solucionará.
—¿En serio le pediremos un favor a Karteen Snow? —Cole hace una mueca, horrorizado. —Es como clavar nuestra propia tumba.
—Todos parecen deberle favores y no hay ninguno muerto. —Frunce sus cejas. —Aún.
—Lo peor que ni siquiera lo sabemos.
Bebe de su batido, concentrada.
—He intentado leer el Sabbat. —Confiesa Cole. —Pero no he tenido mucho éxito, solo puedo entender las partes de conjuros, pociones y magia.
—Básicamente todo. —Concluyó.
—No. No puedo entender la mitad del libro, es como si fuese otro idioma, pero sigue siendo latín nórdico. Es confuso. Quizá tú puedas entenderlo.
—Intente traducir la parte de conjuros, pero fue completamente un fracaso, aunque he notado ciertos patrones curiosos.
—Podemos ir a averiguarlo. —Se intenta poner de pie.
Saskia lo detiene.
—Debo ir al instituto, recuerda que debo llevar los libros e intentar mantener un vínculo con ellos.
—Claro, cierto. ¿Puedo estar contigo cuando lo hagas?
—Por supuesto. Termino la hamburguesa e iremos.
Quince minutos después volvieron al instituto, al entrar, algunos saludaron con la mano únicamente a Cole y eso hizo que Saskia los mire mal. ¿En serio se podrán todos así por no tener magia? Negó con la cabeza y se dirigió al ascensor donde presionaron el segundo piso y fueron al aula correspondiente de la profesora Warren.
—¿Profesora? —Pregunta, tras entrar al aula vacío.
Warren alza la cabeza y la mira, sonríe y termina de acomodar los libros que habían utilizado anteriormente en la clase.
—Chicos. Te he estado esperando, pasa.
—¿Está todo preparado? —Le preguntó Saskia, tras dejar los libros de sus padres en la mesa.
—Claro. Ven, siéntate. Cole, necesitaré que la sujetes de la mano. —Le pide. Ambos se sientan y Cole no tarda en sujetarla. —Les explicaré. Con su madre descubrimos que hay otras personas capaces de ver recuerdos, hay personas que lo hacen por una mirada o por un toque. Sin embargo, lo que diferencia su poder es que ustedes entran literalmente en el recuerdo y eso hace que agrieten la barrera que existe entre el pasado y el presente.
—¿Qué sucederá si rompe la barrera? —Cole pregunta.
—No lo sé. Anna lo descubrió, pero únicamente lo explicó en el Sabbat. Lo que quiero decir, es que por cada recuerdo al cual entres se agrieta más esa línea. No sé si eso será bueno o malo, realmente espero que sea bueno. Pero nunca se sabe, es por eso que debes saber muy bien qué hacer cuando estás dentro. Existe normas, evita tocarlos o intentar comunicarte, Anna descubrió que es más dañino para la barrera cuando lo haces.
—Me limitaré a solo escucharlos y verlos.
—Utilizarás a Cole como ancla, él será lo que te traiga de vuelta al presente y es por eso que no deben soltarse en ningún momento. Las anclas suelen ser con personas al cuales tenemos un lazo importante, Anna utilizaba a Nathan, su padre.
Cole presionó con más fuerza su mano.
—Bien comencemos. Cierra tus ojos y obedece cada una de las instrucciones.
Warren acomoda en una fila los libros frente a la mesa donde Saskia y Cole estaban sentados. Ella obedece y cierra sus ojos, entrelazando su mano con la de Cole.
—Estira tus manos y toca los libros, siente su tacto, siente como tienes el poder de moverlos y colocarlos a tu antojo. Abre el libro y pasa página por página con lentitud, piensa e imagina que cada página es un valioso recuerdo y detente en la página que tu corazón te indique.
Siguió pasando página por página con los ojos cerrados, manteniendo la absoluta concentración en el susurro embriagador de Warren.
Pero no funcionaba.
No sentía nada especial, no sentía esa energía que suele sentir antes de cada visión, tampoco el ligero dolor de cabeza acompañados con manchas blancas en su vista.
No había nada.
—No veo nada. —Abrió los ojos
Al instante que lo hace ve la silueta de Blair apoyada en el marco de la puerta, mirándola con curiosidad. Saskia se mueve en su lugar, incomoda y vuelve a la vista a Warren.
—Vuelve a intentarlo —Ordenó Blair. —No te rindas.
Suspiró y volvió a cerrar los ojos.
Paso página por página, intentando entrar a los fríos recuerdos de aquel objeto. Comenzó a asumirse a una perfecta paz que los rodeó, casi embriagadora. Comenzó a dejar de sentir el agarre de Cole, ya ni siquiera sentía la gravedad sobre ella.
Abrió los ojos, viendo manchas blancas por todo su alrededor. Giró y notó que ya no estaba en el aula. Estaba en una habitación completamente blanca, tan blanca que ni siquiera sabía con certeza si había paredes o era un lugar sin fin.
—Pasa páginas, Saskia.
Escuchó la voz de Warren. Al instante su alrededor comenzó a teñirse de pequeños cuadros con recuerdos impropios.
Las paredes estaban llenas de ellos, y cada uno mostraba un recuerdo distinto que a se movían. Miró con concentración cada uno de ellos, en algunos eran recuerdos felices, y otros de tristeza y enfado.
Escuchó que Warren le decía algo, pero su voz se distorsionaba, casi no podía entenderle. Se alejó, y caminó hacia un recuerdo. Lo intentó tocar con su mano, pero todo su alrededor se desvaneció.
Parpadeó confusa cuando estaba dentro del recuerdo, miró a todos lados alerta y notó que estaban en la sala de estar de la casa de sus padres, es decir la casa de Paul.
—¡No seas terca, Anna, déjame curarte!
Nathan tiraban del brazo hacia la cocina, Saskia no se movió a pesar de estar parada justo en el umbral y ambas figuras al pasar la atravesaron y siguieron caminando como si nada. Saskia los siguió.
—Auch, me duele. —Se quejó.
Nathan sujetó de la cintura y la sentó en la encimera, notó que Anna tenía todo el brazo ensangrentado por un corte vertical.
—Malditos cazadores. —Gruñó, rencoroso comenzando a practicarle magia. —Los odio a todos.
Saskia sonríe por su malhumorado padre.
—Fue culpa mía, no debí salir a la cuidad. —Anna hacia una mueca mientras la magia de su esposo le curaba.
—¿Cuántos eran? ¡No es tu culpa!
—Cuatro, uno de ellos mencionó al Sabbat.
—No lo encontrarán. Y si lo encuentran da igual, es indestructible y solo puede leerlo un Hewitt.
—¿Qué sucederá cuando los niños no estén con nosotros? —Preguntó en un susurro suave. —No siempre estaremos para protegerlos.
—Lo sé. Siendo mellizos su magia se dividió en dos por ende los dos serán débiles. Pero mientras que se tengan el uno al otro la magia será muy poderosa. Estarán a salvo. Además, Austin siempre los mantendrá a salvo.
Saskia arrugó la nariz. ¿Austin? ¿Quién era?
—¿A salvo? —Repitió, estupefacta. —Jamás estarán a salvo. Crecerán, tendrán su primer aquelarre, su magia, recibirán la magia ancestral, la marca…
—Cálmate Anna. —Susurró el hombre, acunó el rostro de su esposa con ambas manos. —Nada le sucederá.
—¿Y si sí?
—¿Y si no? —Contraataca. —Eres tan linda y paranoica, mi dulce amor.
—Y tú un idiota confianzudo. —Contraatacó.
—Pero, mi querida, juntos nos completamos. Tú alimentas mi paranoia y yo alimento tu paz. El balance perfecto.
—El día que muera no sé qué harás.
—El día que mueras yo moriré contigo. —Parpadeo muchas veces.
Anna sonríe y le golpea juguetonamente el hombro.
—Estas en la delgada línea de ser un romántico o un tonto… —se interrumpen a sí misma y mira hacia la dirección de Saskia, como si realmente pudiera verla.
Saskia retrocede, como si hubiese sido pillada, pero en cuanto Nathan nota que Anna se había quedado en blanco gira a ver en su dirección, pero por su mirada supo que no la podía ver.
—¿Qué ves? —Preguntó confuso.
Anna la miraba directamente a los ojos, muy pálida, mientras que Nathan parecía genuinamente perdido intentando entender que pasaba, sin ser capaz de poder verla.
—Mamá estoy bien. —Le dijo Saskia esperanzada de que pudiera escucharla. —Estamos bien. Cole y yo. Estamos bien.
Hubo un momento de silencio hasta que finalmente Anna parpadea y vuelve la vista a Nathan.
—Nada cariño. —Le respondió. —No veía nada. Me he quedado en blanco solo.
Se sonrieron y Nathan siguió curándola.
Saskia notó que las pizcas de blanco comenzaban a invadirle la vista. Asustada, negó eufóricamente con la cabeza. ¡Estaba a punto de comunicarse con su madre, no puede irse!
—¡No! ¡Mamá! —Gritó. —¡Mírame! ¡Mírame!
Anna ajena lo que sucedía seguía mirando enamorada a su esposo mientras curaba cada herida de su brazo.
—¡Mamá, ya casi me veías, mírame! ¡Mírame!
Se acerca a ella, la quiere sujetar del brazo, pero aunque lo intentara mil veces de todas formas no iba a poder, la traspasaba.
Y entonces despertó.
Abrió sus ojos y lo primero que vio a Blair y Warren inclinados mirándola con curiosidad y miedo, Saskia miró su mano y notó que presionaba tan fuerte a su hermano que le estaba haciendo daño.
Lo saltó al instante, asustado también y ella respiró entrecortadamente mientras volvía a recuperarse.
—¡No! Ella ya casi me ve. —Gritó. —Estaba tan cerca, se giró solo faltaba… Faltaba que me viera, pero me sintió.
—Saskia si ella te ve romperías la barrera. —Warren le sonríe. —No puedes hacer esto.
—¿Qué viste? —Preguntó Cole, mirándola preocupado.
—Habían herido a mamá y papá la curaba. —Sonrió. —Se amaban mucho. Eran juguetones, divertidos.
—Como nosotros. —Su rostro se iluminó de alegría.
—Habló sobre ser mellizos. —También añadió. —Nuestra magia se dividió, al parecer los mellizos o gemelos brujos tienen una magia al cual al compartir el tiempo de gestación nos dividieron los poderes. Nos completamos.
—Es por eso que no tienes magia.
—Es por eso que no tienes poderes.
Ambos se miraron, soltaron un suspiro ahogado acompañado de una sonrisa. Por fin lo entendían, por fin tenían respuesta a todo lo que pensaban. Ahora sabían que debían estar más juntos que nadie. Que debían de estar unidos y así ser como las personas solían esperar que sean; dignos Hewitt.
—Si puedes volver a relajarme puedo volver a meterme a algún recuerdo. —Pidió.
—Creo que es mucho por hoy.
—Pero no estoy agotada.
—Eres muy llamativa. —Le explicó Blair. —Necesitas entrenamiento para evitar que pudiera volver a verte tu madre
—Para mí lo hizo fantástico. —Frunció sus cejas Cole.
—Necesita entrenamiento. —Repitió, con su habitual noto de voz amargo y áspero. —Es todo por hoy.
Cole frunció sus cejas, disgustado. Saskia se puso de pie y quiso recoger las cosas, pero recibió un mareo que la hizo tambalearse. Cole lo noto ya que la sujetó del brazo, ella sonríe.
—Me he levantado muy rápido. —Se ruboriza por su torpeza.
—Toma. —Blair le extendió un libro al cual él recibió —Léelo, está en español. Te ayudará con el control de tus emociones. Lo escribió un viejo brujo Aymerick Selwin. Te gustará.
—Gracias. —Sujetó el libro y lo ojeó.
Cole puso los ojos en blanco. Primero Keith, luego Hunter y ahora Blair.
—Vamos a casa, hermanita. —Le susurró.
Iba a aceptar, pero de repente notan como Blair se encoge en su lugar. Lleva una mano a su pecho adolorido y se encoge en su lugar, notablemente afectado por algo. Frunce sus expresiones, y toca su corazón con la palma de su mano y gime.
—¿Líder?
Él se tambalea en su lugar y vuelve a gemir, recibe un mareo profundo haciendo que retroceda y se recarga en la pared de su espalda. Queda unos segundos allí, para luego levantar la cabeza y mirarlos.
—Alguien está rompiendo las salvaguardas. Están queriendo entrar al instituto.
Con sus pocas fuerzas, salió rápidamente del aula. Los mellizos rápidamente lo siguen, bajan las escaleras corriendo hasta llegar al primer piso donde vieron perfectamente tres figuras en la puerta. Al instante se diferenciaron, estaban rodeados de al menos diez brujos que tenían las manos entrelazadas uno con el otro, en forma de cadenas para evitar que ellos pudieran moverse.
Los tres hombres no parecían ser cazadores, de hecho, ni siquiera se les veía alguna arma. Uno de ellos tenía el cabello completamente grisáceo, tenía los ojos color ámbar y miraba a todos con un aspecto divertido y curioso. Extraño, ¿Quién estaría tan feliz siendo rodeado de brujos?
El otro, tenía un aspecto cansado. Tenía ojeras y una barba de al menos tres días, miraba a todos con un aspecto agotado, como si por dentro se debatiera que rayos hacia allí.
Y el ultimo… Bueno, ese ni siquiera tenía algún tipo de expresión. Tenía su cabello n***o y su piel pálida. El mentón en alto como si fuese el j****o rey del mundo.
Al llegar Cole, Saskia, Warren y Blair todos rompen un poco la ronda que rodeaban a los intrusos para dejarlos entrar.
—¿Cómo han roto las salvaguardas? —Preguntó Blair apenas llegó.
—Trucos que aprendimos con los años. —Le respondió el de aspecto cansado. Inclinando la cabeza hacia un costado. —Lindo recibimiento, por cierto.
—Tendrán que irse. No aceptamos a alguien que no sea brujo.
—Qué pena. Pero no nos iremos. ¿Acaso crees que un grupo de trece brujos va a detenernos? ¿Tienes una idea de con quien estás hablando?
—No. Nadie aquí los conoce.
—Que modales. —Suspiró—Olvidamos presentarnos.
El hombre llevó una mano a su pecho y muestra un tatuaje justo en su corazón. Una serpiente. El de cabello gris mostró que tenía la misma serpiente en su antebrazo y el inexpresivo tenía la serpiente tatuada en el cuello.
—Las serpientes alemanas[1]. —Susurró sorprendido Blair.
—Venimos en son de paz. —Aclaró él.
Blair los quedó mirando fijamente hasta que aceptó con la cabeza lentamente. Le hizo una seña a su aquelarre y todos dejaron de rodearlos, para retirarse. Cole y Saskia fueron los únicos que no se fueron. Blair sabia de las serpientes alemanas, una numerosa familia alemana que habita en Deeplake, un lugar no tan lejano de donde vivían.
Tenían una reputación de considerarse inofensivos. De hecho, eran conocidos por ser serpientes por la comparación. Solo atacan cuando se sienten amenazados o tienen hambre, tal como una serpiente.
—No han sido invitados. —Aclaró Blair, mirándolos severamente. —No se aceptan demonios.
Saskia se tensó ante aquello ¿Demonios? ¿Existen los demonios? ¡Ellos eran demonios!
Pero eran muy guapos como para saber como ser demonios. Bueno… No eran tan guapos… Okey sí, son muy guapos. Nadie puede negárselos.
Ante ese pensamiento el inexpresivo giró su cabeza y miró a Saskia. ¿Había pensado en voz alta? No lo creo…
—No solemos pedir invitación a cada lugar que vamos. —El de cabello grisáceo aclaró. —Somos más bien… improvisados. Imagina que ni siquiera tengo casa.
Saskia parpadeó confusa.
—¿Qué es lo que buscan?
—Los grandes brujos Hewitts. —Explicó, mirando su alrededor, ajeno al pensamiento que quizá sean los dos adolescentes que tenían delante. —Oímos que la última generación, y la más poderosa, se ha unido a este aquelarre.
—¿Qué quieren con ellos?
El de cabello grisáceo sonrió al estilo “este es mi momento” hizo dos pasos adelante y llevo ambas manos a su cintura.
—La bestia, Azazel, el ángel caído líder de los doscientos brujos que Dios desterró del cielo quiere matarnos por interponernos en un plan. Tiene secuestrada a nuestra amiga para chantajearnos. La queremos proteger, pero para eso necesitamos leer lo que dice el Sabbat sobre él. Buscar la forma de devolverlo al infierno... ¿Tendrían agua para invitarme? El viaje me dejó sequísimo.
Los tres quedaron en silencio, mirando estupefactos al de cabello gris, el de su lado, Derek, se llevó una mano a su frente masajeando su sien e implorando profundamente paciencia.
—No podemos darles el Sabbat. —Dijo Cole.
—Blair, hazme el sabor de callar a tus alumnos. Odio los adolescentes.
—En realidad… —Saskia llamó su atención. —Somos los Hewitt de esta generación.
Silencio. La mandíbula casi se le cae al suelo.
—Oh… Creímos que eran más… Maduros. Bueno, mucho gusto soy Kilian, él de a mi lado es Dereksito y en callado amargado es Muller, es sordo mudo, pero no lo digan cuando su novia esté porque se pone muy intensa negándolo.
—No podemos darles el Sabbat. —Repitió, ignorando su presentación.
—Cómo sabrás tenemos una popularidad por ser inofensivos, no le haremos nada a vuestro libro. Mi hermano, Muller, necesita leer una página en específico.
—¿Cómo saben que las respuestas que buscan estarán allí? —El destierro de un demonio al infierno sonaba extraño.
Derek se gira y mira a Muller, esperando que él responda. Éste inhaló profundamente, hizo un paso adelante. Cerró sus ojos y aspiró, exhaló y abrió su boca.
—Conocí a sus padres. —Pausó, con un gesto adolorido, como si le costara hablar. —Sé que desconfías, pero puedes verlo. Tócame. —Le extendió su mano.
Saskia entrecerró sus ojos.
—¿Cómo sabes de mi poder?
Muller hace una mueca por lo cual Derek contesta por él.
—Lee mentes.
Wow
Saskia lo miró, curiosa. Y luego miró a su hermano.
—No puedes tocarlo, ya te has esforzado mucho por hoy. No lo soportarás. —Le susurra Blair.
—Parecen confiables.
—¿Confiables? —Alzó ambas cejas, Blair. —No, no parecen confiables.
—Compáralos con Karteen. —Cole le dio una severa mirada. —¿Lo ves? Ahora parecen confiables.
Asintió con la cabeza estando de acuerdo. Sí, todo el mundo parece confiable a diferencia.
—Hermana. —Cole le habla. —Me dan una buena sensación. Parecen buenos.
Asintió estando de acuerdo. Se los veía peligrosos, pero por una extraña razón no sentía que sean peligrosos para ellos.
—Solo podrá leerlo uno, y una página únicamente. —Negocio.
—Hecho.
Intercambiaron miradas entre ellos, Blair armó un portal y los apuntó.
Todos se agarraron de las manos antes de lanzarse por el portal, en un pestañeo de ojos ya se encontraban en la casa de Saskia.
—¿Quién lo leerá?
Todos le hacen una seña a Muller y él sube las escaleras junto a ella. Ambos van solos hacia la biblioteca, se acercan en silencio al apoya libros que tenía el Sabbat.
Se quedó a su lado mientras Muller examinaba el Sabbat con una sonrisa nostálgica. Lo abre y nota que las páginas están en blanco. El Sabbat únicamente podrá ser leído por Hewitt. Saskia se acerca y toca el libro con las yemas de sus manos y éste comienza a mostrar su contenido.
Muller le hizo una seña, esperando a su lado, mientras que Saskia pasaba hoja por hoja.
—¿Quieres salvar a tu amiga? —Preguntó, intentando alivianar el silencio entre ellos.
Él no se inmutó.
Que amable.
Muller la detuvo, sujetándole del brazo, en una página y comenzó a leerla con suma concentración. Leyó el contenido y luego sacó su teléfono tomándole una fotografía.
Miró a Saskia, no supo que decirle, pero no quería quedarse callado. Le hizo una falsa reverencia hasta que se giró y salió de la biblioteca para reunirse con sus hermanos. Todo en absoluto silencio.
Al volver hacia ellos, escuchan claramente como los individuos parecen integrarse con facilidad.
—¡No, Kool, debes calentarle la mamadera en el microondas y luego verificarle que esté lo suficientemente caliente! —Chillaba con cansancio Derek, hablando por teléfono. —¡Ya lo sé! ¿Puedes…? Por Dios, mejor apártate de ella, ni te acerques, pásame con Edwin. Eres un inútil.
—[…] Entonces, como te decía, en las motos deportivas siempre se echa a perder el alternador y la centralita. Seguro es eso, ¿ya le has revisado las bujías? —Kilian llevó una mano a su mejilla, mirando a Cole. En una charla de motoquero a motoquero.
Blair estaba de brazos cruzados, mirando con desconfianza a los dos individuos.
—¡Kool ni se te ocurra darle la mamadera fría a mi hija! —Volvió a chillar.
—Ya está. —Cantó Saskia, intentando atraer su atención. —Se pueden ir.
—¿Becker?—Seguía discutiendo Derek. —¡No, te he dicho que me pases con Edwin, no con Becker! ¡Pásame con Edwin, j***r!
—Chicos… —Repitió Saskia.
—¡Kool te juro que con que la escuche llorar a Crystal, iré a casa y te romperé los huesos! ¡Pásame con Edwin!
Muller puso los ojos en blanco, miró a Saskia en forma de disculpas.
—¡Pero no, hombre! —Exclamó, Kilian. —¡El alternador así no se arregla!
—¡HEY!—Gritó.
Y entonces todos giran a ver a Saskia. Ella arregla su cabello, acomodándoselo para atrás y sonríe, muy digna.
—Ya se pueden ir. —Añadió, con un tono más bajo de voz.
Muller les señaló la puerta, Kilian se pone de pie y Derek amenaza una última vez antes de colgar.
—Gracias por la colaboración, Hewitt. Las serpientes alemanas les debemos un favor. —Derek juró. Se giró y caminó hacia la salida del lugar.
Kilian y Muller lo siguen.
Saskia, Blair y Cole miran como las serpientes alemanas se retiran de la casa tan repentina y extrañamente como apareció.
Pero a ninguno le importó, después de todo los tres tenían la sensación amarga que no sería la última vez que los verían.
—Sí Karteen se entera que las serpientes alemanas les deben un favor a ustedes y no a ella se pondrá como loca. —Murmuró Blair.
Saskia y Cole asintieron al mismo tiempo con la cabeza mirando aún la puerta. No había dudas.
Y como si el destino se les riera en la cara, el teléfono de Saskia sonó.
Lo observó y leyó uno de los mensajes. Era Karteen.
«Mañana es mi cumpleaños. Lo festejaré a lo grande en mi casa. Te enviaré la dirección, tú, tu mellizo sexy y tu brujito líder están invitados. Advierto que no hay nada mejor que las fiestas de Karteen Snow. Te veo mañana, cariño.»
Saskia leyó el mensaje para ambos y luego los miró, incrédula.
—¿Una fiesta un martes?
—Las fiestas de Karteen suelen tener mucha popularidad. Son las más esperadas, definitivamente. Allí no se permiten humanos, sólo seres mitológicos —Explicó Blair. —Es por eso que siempre aparece con cosas extraordinarias y sorprendentes. En esa fiesta todo es peligro mezclado con sexo, drogas y diversión.
—Peligro, sexo, drogas y diversión. —Saskia repitió. —Quiero ir.
—Yo igual. —Cole aceptó con la cabeza.
Blair hizo una mueca.
—Okey, alguien debe cuidarlos así que yo también. —Cedió, rendido.
Por supuesto que las cosas saldrían mal. Pero, ¿Qué tan mal pueden salir? Después de todo, solo es una fiesta de cumpleaños ¿No?
[1] Las Serpientes Alemanas son un grupo de hermanos del libro “Maldición Alemana”. Creando un crossover.